Orígenes populares del “superhombre”.

Cada vez que uno se encuentra con algún admirador de Nietzche es oportuno preguntarse e investigar si sus concepciones “súper-humanas”, contra la moral convencional, etc., son puramente de origen nietzchiano, es decir, son producto de la elaboración de un pensamiento en la esfera de la “alta cultura”, o bien si ellas tienen orígenes mucho más modestos y si están, por ejemplo, vinculadas con la novela de folletín. (Y el mismo Nietzche ¿no habrá estado influido en algo por las novelas de folletín francesas? Es necesario recordar que tal literatura, hoy reducida a los corredores y covachas, se difundió mucho entre los intelectuales, por lo menos hasta 1870, tal como hoy están difundidas las llamadas novelas “de la serie negra”.) De todos modos me parece que se puede afirmar que una gran parte de la sedicente “súper-humanidad” nietzchiana tiene como único origen y modelo doctrinal no a Zaratustra sino a El Conde de Montecristo de A. Dumas. El tipo más acabado, que está representado por Dumas en Montecristo encuentra numerosas réplicas en otras novelas del mismo autor, hay que identificarlo, por ejemplo, en Athos de Los Tres Mosqueteros, en José Bálsamo y quizás también en otros personajes. Así, cuando se lee que alguien es admirador de Balzac es necesario ponerse en guardia: también en Balzac hay mucho de novela de folletín. Vautrin es igualmente a su modo un súper-hombre, y el discurso que le dirige a Rastignac en Papá Goriot tiene mucho de... nietzchiano en el sentido vulgar de la palabra; lo mismo debe decirse de Rastignac y de Rubempré.*

*Vincenzo Morello se ha transformado en “Rastignac” por una tal filiación... y ha protegido a Corrado Brando.

El éxito de Nietzche ha sido muy compuesto: sus obras completas son editadas por Monanni y son conocidos los orígenes culturales e ideológicos de Monanni y de su más apasionada clientela.

Vautrin y el “amigo de Vautrin” han dejado una larga huella en la literatura de Paolo Valera y en su “Folla” [multitud] (recordar el turinés “amigo de Vautrin” de la “Folla”). La ideología del “mosquetero”, tomada de la novela de Dumas ha tenido un eco muy amplio en el pueblo.

Se entiende con facilidad que se tenga un cierto pudor en justificar mentalmente las propias concepciones con las novelas de Dumas y de Balzac. Por eso se las justifica con Nietzche y se admira a Balzac como escritor de arte y no como creador de figuras novelescas del tipo de folletín. Pero el nexo real parece verdadero desde el punto de vista de la cultura. El tipo del “superhombre” es Montecristo, liberado de este halo particular de “fatalismo” que es propio del bajo romanticismo y que está aún más calcado en Athos y en José Bálsamo. Montecristo llevado a la política es, por cierto, extremadamente pintoresco (la lucha contra los “enemigos personales” de Montecristo, etc.). Se puede observar hasta qué punto ciertos países han permanecido, también en esta esfera., provincianos y atrasados con relación a los demás; mientras que Sherlock Holmes se ha hecho anacrónico en gran parte de Europa, en algunos países se está todavía en Montecristo y en Fenimore Cooper (cfr. “los salvajes”, “pera de hierro”,* etc.).

*Personajes de las novelas de Fenimore Cooper (N. del T.).

Confrontar con el libro de Mario Praz: La carne, la morte e il diavolo nella letteratura romantica (edición de la “Cultura”). Al lado do la investigación de Praz habría que hacer la siguiente: del “superhombre” en la literatura popular y de sus influencias en la vida real y en las costumbres (la pequeña burguesía y los pequeños intelectuales son particularmente influidos por tales imágenes novelescas, que son como su “opio”, su “paraíso artificial” en oposición con la mezquindad de su vida real inmediata. De ahí el éxito de algunos slogans como: “es mejor vivir un día como un león que cien años como una oveja”, * éxito particularmente grande en quien es, propia e irremediablemente, una oveja. Cuantas de estas “ovejas” dicen: “¡Oh! ¡Si tuviese yo también el poder por un día sólo!”, etc.; ser “justicieros” implacables es la aspiración de quienes sienten la influencia de Montecristo.

Recordar que éste era uno de los innumerables slogans que utilizó Mussolini para domesticar ideológicamente a las masas populares italianas (N. del T.).

Adolfo Omodeo ha observado que existe una especie de “manomorta” * cultural constituida por la literatura religiosa, de la que nadie parece querer ocuparse como si no tuviese ninguna importancia y no cumpliese ninguna función en la vida nacional y popular. Dejando a un lado el epigrama de la “manomorta” y la satisfacción del clero de que su literatura especial no sea sometida a un examen crítico, existe otro sector de la vida cultural nacional y popular del que ninguno se ocupa y preocupa de manera crítica; es la literatura de folletín propiamente dicha y también en sentido amplio (en este sentido entraría Víctor Hugo y asimismo Balzac).

• “Manomorta” o bienes de “manomorta”: complejo de bienes, frecuentemente eclesiásticos, inmunes a la intervención estatal tanto por el impuesto como por el ejercicio de la justicia, y además inalienables (N. del T.).

En Montecristo hay dos capítulos donde, en forma explícita, se diserta sobre el “superhombre” de folletín. El titulado Ideología, cuando Montecristo se encuentra con el procurador de Villefort; y el que describe la comida con el vizconde de Morcerf en el primer viaje de Montecristo a París. Ver si en otras novelas de Dumas existen elementos “ideológicos” del género. En Los Tres Mosqueteros, Athos tiene mucho del tipo general de hombre fatal del bajo romanticismo; en esta novela los hombres individualistas de la gente del pueblo son estimulados sobretodo por la actividad aventurera y extralegal de los mosqueteros como tales. En José Bálsamo, la potencia del individuo está ligada a fuerzas oscuras de magia y al apoyo de la masonería europea, por consiguiente, el ejemplo es menos sugestivo para el lector común. En Balzac, las personas tienen un carácter artístico más completo aún, pero forman parte sin embargo de la atmósfera del romanticismo popular. Rastignac y Vautrin no son confundibles, por cierto, con los personajes de Dumas y justamente por ello su influencia es más “confesable no sólo por parte de hombres como Paolo Valera y sus colaboradores de la “Folla”, sino también por mediocres intelectuales como Vincenzo Morello que sin embargo se consideran (o son considerados por muchos) como pertenecientes a la “alta cultura”. Próximo a Balzac está Stendhal con la figura de Julian Sorel y otras de su repertorio novelesco.

Para el “superhombre” de Nietzche, además de la influencia romántica francesa (y en general del culto de Napoleón) es necesario ver las tendencias racistas que han culminado en Gobineau, en Chamberlain y en el pangermanismo (Treitschke, la teoría de la potencia, etc.). Pero quizá hay que considerar al “superhombre” popular de Dumas como una reacción “democrática” contra la concepción de origen feudal del racismo, que es necesario ligar a la exaltación del “galicismo” hecha en las novelas de Eugenio Sue. Como reacción a esta tendencia de la novela popular francesa hay que recordar a Dostoievsky: Raskolnikov es Montecristo “criticado” por un paneslavista cristiano. Para estudiar la influencia ejercida sobre Dostoievsky por la novela de folletín francesa, confrontar el número único de “Cultura” dedicado a él.

El carácter popular del “superhombre” contiene muchos elementos teatrales, exteriores, de “primadonna” más que de superhombre; mucho formalismo “subjetivo y objetivo”, ambiciones infantiles de ser el “primero de la clase”, pero especialmente de ser considerado y proclamado como tal. Sobre las relaciones entre el bajo romanticismo y algunos aspectos de la vida moderna (atmósfera digna de El Conde de Montecristo), leer un artículo de Louis Gillet en la “Revue des Deux Mondes” del 15 de diciembre de 1932. Este tipo de “superhombre” encuentra su expresión en el teatro (sobre todo en el teatro francés, que bajo tantos aspectos continúa la literatura de folletín del 1848): ver el repertorio “clásico” de Ruggero Ruggeri como Il Marchese de Priola, L’artiglio, etc., y muchas piezas de Henri Bernstein.

www.gramsci.org.ar