Sobre la novela policial.

La novela policial ha nacido al margen de la literatura sobre las “causas célebres”. A ésta se liga, por otro lado, la novela del tipo de El Conde de Montecristo; ¿no se trata también aquí de “causas célebres” noveladas, coloreadas con la ideología popular en torno a la administración de la justicia, especialmente si se entrelaza con ella la pasión política? ¿Rodin en El Judío errante no es un tipo de organizador de “intrigas malvadas” que no se detiene ante cualquier delito o asesinato y por el contrario, el príncipe Rodolfo no es el “amigo del pueblo” que descubre las intrigas y los delitos? El pasaje de este tipo de novela a las novelas de pura aventura está señalado por un proceso de esquematización de la intriga pura, depurada de todo elemento de ideología democrática y pequeño-burguesa. Ya no más la lucha entre el pueblo bueno, simple y generoso y las fuerzas oscuras de la tiranía (jesuitas, policía secreta ligada a la razón de Estado o a la ambición de cada uno de los príncipes, etc.), sino únicamente la lucha entre la delincuencia profesional o especializada y las fuerzas del orden legal, privadas o públicas, sobre la base de la ley escrita.

La biblioteca de las “causas célebres” en la afamada colección francesa, ha tenido su equivalente en los otros países: fue traducida al italiano, al menos en parte, en los casos de procesos de fama europea, como el de Fualdès [1817, fiscal imperial degollado], por el asesinato del correo de Lyon [1796, se ejecutó a inocente], etc.

La actividad “judicial” ha interesado siempre y continúa interesando. La actitud del sentimiento público hacia el aparato de la justicia (siempre desacreditado y de allí, por consiguiente, el éxito del policía privado o diletante) y hacia el delincuente ha cambiado frecuentemente, o al menos ha adquirido diferentes matices. El gran delincuente ha sido representado con frecuencia como superior al aparato judicial, directamente como el representante de la “verdadera” justicia: influencia del Romanticismo, Los Bandidos de Schiller; los cuentos de Hoffman, Ana Radcliffe, el Vautrin de Balzac.

El tipo de Javert de Los Miserables es interesante desde el punto de vista de la psicología popular: Javert es injusto desde el punto de vista de la “verdadera justicia”, pero Hugo lo representa de manera simpática, como “hombre de carácter”, vasallo del deber “abstracto”, etc. De Javert nace quizá una tradición según la cual el policía también puede ser “respetable”.

Rocambole de Ponson du Terrail. Gaboriau continúa la rehabilitación del policía con el “señor Lecocq”, que abre el camino a Sherlock Holmes. No es verdad que en la novela “judicial” los ingleses representan la “defensa de la ley”, mientras los franceses representan la exaltación del delincuente. Se trata de un pasaje “cultural” debido a que esta literatura se difunde también en ciertos estratos cultos. Recordar que Sue, muy leído por los democráticos de las clases medias, ha escogido todo un sistema de represión de la delincuencia profesional.

En esta literatura policial han existido siempre dos corrientes: una mecánica, de intriga, la otra artística. Chesterton es hoy el mayor representante del aspecto “artístico”, como lo fue en su tiempo Poe. Balzac con Vautrin, se ocupa del delincuente pero no es, “técnicamente”, un escritor de novelas policiales.

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