Verne y la novela geográfica-científica.

En los libros de Verne nunca hay nada completamente imposible. Las “posibilidades” de que disponen los héroes de Verne son superiores a las realmente existentes en su tiempo, pero no demasiado superiores y, en especial, no “fuera” de la línea de desarrollo de las conquistas científicas realizadas. La imaginación no es del todo “arbitraria” y por ello posee la facultad de excitar la fantasía del lector ya conquistado por la ideología del desarrollo fatal del progreso científico que controla las fuerzas naturales.

Diferente es el caso de Wells y de Poe, en quienes domina precisamente en gran parte lo “arbitrario”, aunque el punto de partida pueda ser lógico y derivarse de una realidad científica concreta. En Verne es la alianza del intelecto humano y de las fuerzas materiales; en Wells y en Poe es el intelecto humano el que predomina y por ello Verne ha sido más popular, porque fue más comprensible.
Sin embargo, este equilibrio en las construcciones novelescas de Verne se ha transformado hasta cierto punto en un límite, en el tiempo, a su popularidad (aparte del valor artístico escaso): la ciencia ha superado a Verne y sus libros no son más “excitantes psíquicos”.
Se puede decir algo similar de las aventuras policiales, por ej. de Conan Doyle. En su tiempo eran excitantes, hoy casi no lo son y esto por diversas razones: porque el mundo de las luchas policiales es hoy mucho más conocido, mientras Conan Doyle en gran parte lo revelaba, al menos a un gran número de pacíficos lectores. Pero especialmente porque en Sherlock Holmes hay un equilibrio racional (demasiado) entre la inteligencia y la ciencia. Hoy interesa más el aporte individual del héroe, la técnica “psíquica” en sí, y por ello Poe y Chesterton son más interesantes, etc.

En el “Marzocco” del 19 de febrero de 1928, Adolfo Faggi (Impressioni da Giulio Verne) escribe que el carácter anti-inglés de muchas novelas de Verne hay que referirlo a aquel período de rivalidad entre Francia e Inglaterra que culminó en el episodio de Fashoda [1898, alto Nilo]. La afirmación es errada y anacrónica. El sentimiento anti-inglés era (y quizás lo sigue siendo) un elemento fundamental de la psicología popular francesa. El anti germanismo es relativamente reciente, y está menos radicado que el anti britanicismo, no existía antes de la Revolución Francesa y se ha gangrenado luego de 1870, luego de la derrota y la dolorosa impresión que Francia no era la más fuerte nación militar y política de Europa Occidental, porque Alemania sóla, no en coalición, la había vencido. El sentimiento anti-inglés asciende a la formación de la Francia moderna, como Estado unitario y moderno, es decir, a la guerra de los Cien Años y a los reflejos en la imaginación popular de la epopeya de Juana de Arco; ha sido reforzado modernamente por las guerras por la hegemonía en el continente (y en el mundo) que culminaron con la Revolución Francesa y Napoleón. El episodio de Fashoda, con toda su gravedad no puede ser comparada a esta imponente tradición que está testimoniada por toda la literatura popular francesa.

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