Diversos tipos de novelas populares:

Existe una gran variedad de tipos de novela popular y es de observar que, si bien todos los tipos gozan simultáneamente de alguna difusión y fortuna, preva-lece, sin embargo, uno de ellos sobre los demás y en gran proporción. De este prevalecer se puede inferir un cambio de los gustos fundamentales, así como de la simultaneidad de la fortuna de los diversos tipos se puede recabar la prueba de que existen en el pueblo distintos estratos culturales, diversas “masas de sentimientos” que prevalecen en uno u otro estrato, diversos “modelos de héroe” populares. Fijar un catálogo de estos tipos y establecer históricamente su mayor o menor éxito relativo tiene, por lo tanto, importancia para los fines del presente ensayo: 1) tipo Victor Hugo, Eugenio Sue (Los miserables, Los misterios de París) tiene evidentemente un carácter ideológico-político, de tendencia democrática ligada a las ideologías del 1848; 2) tipo sentimental, no político en sentido estricto, pero en el cual se expresa lo que se podría definir “una democracia sentimental” (Richebourg, Decourcelle, etc.); 3) tipo que se presenta como de intriga pura, pero que tiene un contenido ideológico conservador-reaccionario (Montépin); 4) la novela histórica de A. Dumas y de Ponson du Terrail que, además, de su carácter histórico, tiene un carácter ideológico-político, pero menos evidente. Ponson du Terrail, sin embargo, es conservador-reaccionario y la exaltación de los aristócratas y de sus fieles servidores tiene un carácter muy diferente de las representaciones históricas de Alejandro Dumas, que si bien carece de una tendencia democrática-política expresa, está impregnado sobre todo de sentimentos democráticos genéricos y “pasivos” y se aproxima frecuentemente al tipo “sentimental”; 5) la novela policial en su doble aspecto (Lecocq, Rocambole, Sherlock Holmes, Arsenio Lupin); 6) la novela tenebrosa (fantasmas, castillos misteriosos, etc.: Ana Radcliffe, etc.); 7) la novela científica de aventuras, geográfica, que puede ser tendenciosa o simplemente de intriga (J. Verne, Boussenard).

Cada uno de estos tipos tiene luego diversos aspectos nacionales (en América, la novela de aventuras es la epopeya de los pioneros, etc.). Se puede observar cómo en la producción de conjunto de cada país está implícito un sentimento nacionalista, no expresado retóricamente, pero hábilmente insinuado en la narración. En Verne y en los franceses, el sentimento anti-inglés, ligado a la pérdida de las colonias y a la irritación causada por las derrotas marítimas; es vivísimo. En la novela geográfica de aventuras, los franceses no chocan con los alemanes, sino con los ingleses. Pero el sentimiento anti-inglés es vivo también en la novela histórica y hasta en la sentimental (por ej. George Sand; reacción debida a la guerra de los Cien Años y al asesinato de Juana de Arco y por el final de Napoleón).

En Italia, ninguno de estos tipos ha tenido escritores (numerosos) de cierto relieve (no relieve literario, sino valor “comercial”, de invención, de construcción ingeniosa de intrigas, complicadas si, pero elaboradas con relativa racionalidad). Ni siquiera la novela policial, de tanto éxito internacional (y financiero para los autores y editores) ha tenido escritores en Italia; y, sin embargo, muchas novelas, especialmente históricas, han tomado como argumento a Italia y las vicisitudes históricas de sus ciudades, regiones, instituciones, hombres. Así la historia veneciana, con sus organizaciones políticas, judiciales, policiales, ha dado y sigue dando argumento a los novelistas populares de todos los países, excepto de Italia. La literatura popular sobre la vida de los bandidos, ha tenido en Italia un cierto éxito pero es una producción de un valor muy bajo.

El último y más reciente tipo de libro popular es la vida novelada que, de todos modos, representa una tentativa inconsciente por satisfacer las exigencias culturales de algunos estratos populares más despiertos culturalmente, que no se conforman con la historia del tipo Dumas. Esta literatura tampoco tiene en Italia muchos representantes (Mazzucchelli, Cesare Giardini, etc.). No sólo los escritores italianos no son parangonables en número, fecundidad y dotes de amenidad literaria con los franceses, alemanes e ingleses, sino, y lo que es más significativo, escogen sus argumentos fuera de Italia (Mazzucchelli y Giardini en Francia, Eucardio Momigliano en Inglaterra), para adaptarse al gusto popular italiano que se ha formado en las novelas históricas especialmente francesas. El literato italiano no escribiría una biografía novelada de Masaniello, de Michele di Lando, de Cola di Rienzo sin creerse en el deber de llenarla de fastidiosos “piezas de apoyo” retóricas, para que no se crea..., no se piense..., etc. Es verdad que el éxito de las vidas noveladas ha inducido a muchos editores a iniciar la publicación de colecciones biográficas, pero se trata de libros que están en relación con la vida novelada como la Monaca di Monza con El Conde de Montecristo; se trata por lo común del esquema biográfico, con frecuencia filológicamente correcto, que puede encontrar algún millar de lectores, pero no convertirse en popular.

Debemos observar que algunos de los tipos de novela popular arriba enumeradas tienen una correspondencia en el teatro y actualmente en el cinematógrafo. En el teatro el éxito considerable de Darío Niccodemi se debe a que ha sabido dramatizar elementos y motivos ligados, principalmente, a la ideología popular; así en Scampolo, en L’Aigrette, La Volata, etc. También en Gioachino Forzano existe algo de este género, pero siguiendo el modelo de Ponson du Terrail, con tendencias conservadoras. El trabajo teatral que mayor éxito popular ha tenido en Italia es La morte civile de Giacometti, de carácter italiano; no ha tenido imitadores de valor (siempre en un sentido no literario). En el dominio del teatro toda una serie de dramaturgos de gran valor literario pueden todavía agradar muchísimo al público de la gente común: Casa de Muñecas de Ibsen es muy estimada por el público de la ciudad, en cuanto los sentimientos representados y la tendencia moral del autor encuentran una profunda resonancia en la psicología popular. Y luego ¿qué debería ser el llamado teatro de ideas sino la representación de las pasiones ligadas a las costumbres con soluciones dramáticas representando una catarsis “progresiva”, el drama de la parte más avanzada intelectual y moralmente de una sociedad, y expresando el desarrollo inmanente de las mismas costumbres tal cual ellas son? Estas pasiones y este drama deben, sin embargo, ser representados y no desarrollados como una tesis, como un discurso de propaganda, es decir, el autor debe vivirlos en el mundo real con todas sus exigencias contradictorias, y no expresar los sentimientos absorbidos sólo de los libros.

www.gramsci.org.ar