Escritores populares.

En el “Marzocco” del 13 de setiembre de 1931, Aldo Sorani (que frecuentemente se ha ocupado en diversas revistas y periódicos de la literatura popular) ha publicado un artículo: Romanzieri popolari contemporanei en el que comenta la serie de bocetos sobre los Illustri ‘ignoti de Charensol en las “Nouvelles Litteraires” (sobre quien hay una nota más adelante). “Se trata de escritores muy populares de novelas de aventuras y folletines, desconocidos o casi desconocidos por el público literario, pero idolatrados y seguidos ciegamente por aquel público de lectores más grosero que decreta las tiradas mastodónticas y que casi no entiende de literatura pero desea ser interesado y apasionado por intrigas sensacionales de vicisitudes criminales y amorosas. Para el público esos son los verdaderos escritores, y siente por ellos una admiración y una gratitud que estos novelistas mantienen despierta suministrando a los editores y lectores una mole de trabajo tan continua e imponente que parece increíble que puedan ser sostenidos por fuerzas, no digo ya intelectuales, sino hasta físicas.” Sorani observa que estos escritores “se han sometido a una tarea extenuante y cumplen un servicio público real, si infinitas filas de lectores y lectoras no pueden pasarse sin ellos y si los editores consiguen espléndidos beneficios de su inagotable actividad”. Sorani emplea la expresión de “servicio público real” pero da de ella una definición mezquina que no corresponde a la dada en estas notas.

Sorani observa que estos escritores, como se desprende de los artículos de Charensol, “han vuelto más severas sus costumbres y más morigeradas en general sus vidas, desde los tiempos, hoy ya remotos, en que Ponson du Terrail o Xavier de Montépin exigían una notoriedad mundana y hacían de todo para acaparársela... pretendiendo que, al fin de cuentas, ellos se distinguían de sus más académicos colegas sólo por una diversidad de estilo. ¡Ellos escribían como se hablaba, mientras los otros escribían como no se hablaba! “. Sin embargo, los “illustri ignoti” también forman parte, en Francia, de las asociaciones de literatos, como el caso de Montépin. Recordar también el encono de Balzac contra Sue por sus éxitos mundanos y financieros.

Sorani escribe también: “Un lado no descuidable de la persistencia de esta literatura popular... es ofrecido por la pasión del público. Especialmente el gran público francés, ese público que alguno cree el más despabilado, crítico y blasé [saciado] del mundo, ha permanecido fiel a la novela de aventuras y al folletín. El periodismo francés de información y de gran tirada es el que hasta ahora no ha sabido o podido renunciar a las novelas de folletín. El proletariado y la burguesía existen aún en grandes masas tan ingenuas (!) como para tener necesidad de las interminables narraciones emocionantes y sentimentales, horripilantes o larmoyants [lacrimógeno] como alimento cotidiano de su curiosidad y de su sentimentalidad, tienen aún necesidad de ser partidarios de los héroes de la delincuencia y los héroes de la justicia y de la venganza.” “A diferencia del francés, el público inglés o americano se ha inclinado por la novela de aventuras históricas [¿y los franceses no?] o por las de aventuras policiales, etc. [lugar común sobre caracteres nacionales].”

“En cuanto a Italia creo que se podría preguntar por qué la literatura popular no es popular en dicho país.” No está dicho con exactitud; no existen en Italia escritores, pero los lectores son una multitud. “Luego de Mastriani e Invernizio me parece que han faltado entre nosotros los novelistas capaces de conquistar a la multitud, haciendo horrorizar y lagrimear a un público de lectores ingenuos, fieles e insaciables. ¿Por qué este género de novelistas no ha continuado (?) arraigándose entre nosotros’? ¿Nuestra literatura ha sido también en sus bajos fondos demasiado académica y literaria’? ¿Nuestros editores no han sabido cultivar una planta considerada demasiado despreciable’? ¿Nuestros escritores no tienen una fantasía capaz de animar los folletines y distribuirlos’? ¿O nosotros, en este campo nos hemos conformado y nos conformamos con importar cuanto producen los otros mercados’? En verdad no abundamos como en Francia de “ilustres desconocidos” y debe existir alguna razón de esta deficiencia que quizás valdría la pena investigar”.

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