Secentismo de la actual poesía.

Que una parte de la actual poesía es “puro secentismo”, aparece por confesión espontánea de algunos de sus críticos ortodoxos. Por ejemplo, Aldo Capaso en su ensayo sobre Ungaretti (fragmento citado en “Leonardo” de marzo de 1934) escribe: “La aura attonita no podría formarse, si el poeta fuese menos lacónico.” La aura attonita reclama la famosa definición que “del poeta el fin es la maravilla”. Se puede anotar, sin embargo, que el secentismo clásico, desdichadamente, ha sido popular y continúa siéndolo hasta ahora (es notable como agradan al hombre de pueblo las acrobacias de imágenes en poesía) mientras el secentismo actual es popular entre los intelectuales puros.

Ungaretti ha escrito que sus poesías agradan a su compañeros de trinchera “del pueblo”, y puede ser verdad: placer de carácter particular ligado al sentimiento que la poesía “difícil” (incomprensible) debe ser bella y el autor un gran hombre justamente porque está separada del pueblo y es incomprensible. Esto ocurre también con el futurismo y es un aspecto del culto popular por los intelectuales (que, en verdad, son admirados y despreciados al mismo tiempo).

Literatos puros.

El pueblo (¡qué asco!), el público (¡qué asco!). Los políticos aventureros preguntan con el ceño de quien lo sabe todo: “¡El pueblo! Pero ¿qué es el pueblo? ¿ Quién lo conoce? ¿Quién lo ha definido alguna vez?” y entretanto no hacen más que elegir trucos y más trucos para lograr las mayorías electorales (del 1924 al 1929 ¿ cuántos comunicados se han dado en Italia para anunciar nuevos retoques a la ley electoral? El catálogo sería interesante por sí mismo). Lo mismo dicen los literatos puros: “Un vicio acarreado por las ideas románticas es el de reclamar el juicio del público, ¿Quién es el público? ¿Quién lo constituye? Este testarudo omnisciente, este gusto exquisito, esta absoluta probidad, esta perla ¿dónde está?” (G. Ungaretti, “Resto del Carlino”, 23 de octubre de 1929). Pero mientras tanto exigen que sea instaurada una protección contra las traducciones de lenguas extranjeras y cuando venden mil ejemplares de un libro hacen sonar las campanas de su región.

(El “pueblo”, sin embargo, ha dado el título a muchos periódicos importantes pertenecientes a aquellos que hoy preguntan “¿qué es este pueblo?” en los periódicos dedicados al pueblo.)

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