Gino Saviotti.

Sobre el carácter antipopular o al menos no popular-nacional de la literatura italiana han escrito y continúan escribiendo muchos literatos. Pero en estos escritos el tema no es colocado en los reales términos y las conclusiones concretas son, por lo común, sorprendentes. Por ejemplo, de Gino Saviotti, que voluntariamente escribe contra la literatura de los literatos, se encuentra citado en la “Italia Letteraria”, del 24 de agosto de 1930, este fragmento extraído de un artículo publicado en el “Ambrosiano” del 15 de agosto: “Buen Parini, se entiende por qué has levantado la poesía italiana en tu época. Le has dado la seriedad que le faltaba; has transfundido en sus áridas venas tu sangre buena de hombre de pueblo. ¡Os vuelvo a dar las gracias también en este día, luego de ciento treinta y un años de tu muerte. Hoy, necesitamos otro hombre como tú en nuestra llamada poesía!”

En 1934 ha sido otorgado a Saviotti un premio literario (una parte del premio Viareggio) por una novela en la que se representaba el esfuerzo de un hombre de pueblo por transformarse en “artista” (es decir, por transformarse en “artista profesional”, por no ser más “hombre de pueblo” y elevarse al rango de los intelectuales de profesión); tema esencialmente “antipopular” y de exaltación de casta, es decir de todo lo más viejo y rancio que puede encontrarse en la tradición italiana, como modelo de vida “superior”.

 

El “descubrimiento” de Italo Svevo.

Italo Svevo fue revelado al público de literatos italianos por James Joyce, que lo había conocido personalmente en Trieste (sin embargo hay que recordar que Italo Svevo había escrito algunas veces en la “Critica Sociale” alrededor del 1900).

Conmemorando a Svevo, la “Fiera Letteraria” sostiene que antes de esta revelación hubo el “descubrimiento” italiano: “En estos días, parte de la prensa italiana ha repetido el error del “descubrimiento francés” [es decir, debido a Crémieux al cual, sin embargo, Joyce le había hablado de Svevo. Por consiguiente la “Fiera Letteraria” juega al equívoco]; aún los periódicos más grandes parecen ignorar lo que sin embargo ha sido dicho a su debido tiempo. Es necesario, por consiguiente, escribir una vez más que los italianos cultos fueron los primeros informados de la obra de Svevo; y que por mérito de Eugenio Montale, el cual escribe sobre él en las revistas “Esame” y “Quindicinale”, el escritor triestino tuvo en Italia el primer y legítimo reconocimiento. Con esto no se quiere quitar a los extranjeros nada de cuanto les corresponda; solamente es justo que ninguna sombra ofusque la sinceridad y, digamos también, la vehemencia (!!) de nuestro homenaje al amigo desaparecido?”*

*”Fiera Letteraria” del 23 de setiembre de 1928 --Svevo había muerto el 13 de setiembre—en un editorial introductivo a un artículo de Montale, Ultimo addio, y a uno de Giovanni Comiso, Colloguio.

Pero esta vulgaridad untuosa y jesuítica está en contradicción con lo que afirma Carlo Linati en la “Nuova Antología” del 1 de febrero de 1928 (Italo Svevo, romanziere): “Hace dos años, encontrándome en una velada de un club intelectual milanés, recuerdo que en cierto momento entró un joven escritor recién llegado de París el cual, luego de haber discutido largamente con nosotros sobre una comida del Pen Club ofrecida por los literatos parisinos a Pirandello, agregó que a su término el célebre novelista irlandés James Joyce hablando con él de la literatura italiana moderna, le había dicho: --Pero Uds. los italianos tienen un gran prosista y quizá ni siquiera lo conocen. --¿Cuál?-- Italo Svevo, triestino”. Linati dice que ninguno conocía aquel nombre, como no lo conocía el joven literato que había hablado con Joyce. Montale logró finalmente “descubrir” una copia de Senilidad y escribe sobre ella en “Esame “.

He aquí cómo los literatos italianos han “descubierto”’ a Svevo “fieramente”. ¿Se trata de pura casualidad? No parece. Referente a la “Fiera Letteraria” recordar al menos otros dos “casos”, el de Los Indiferentes de Moravia y el de Malagigi de Nino Savarese, del que habló luego de ser mencionado en un concurso para un premio literario. En realidad esta gente se mofa de la literatura y de la poesía, de la cultura y del arte; ejerce la profesión de sacristán literario y nada más.

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