Actitud del escritor hacia el ambiente.

Ausencia de un carácter nacional-popular en la literatura italiana. De un artículo de Paolo Milano en la “Italia Letteraria” del 27 de diciembre de 1931: “Nunca es demasiado el valor que se da al contenido de una obra de arte”, ha escrito Goethe. Un aforismo similar puede acudir a la mente de quien reflexione sobre el esfuerzo desde tantas generaciones (?) encaminado (sic) y que todavía se está cumpliendo, por crear una tradición de la moderna novela italiana. ¿ Qué sociedad, o mejor, qué grupo pintar? ¿Las tentativas más recientes no consisten quizás en el deseo de salir de los personajes populares que dominan la escena en la obra de Manzoni y de Verga? ¿Y los mediocres resultados logrados no pueden referirse a las dificultades y a la incertidumbre en fijar un ambiente (entre la alta burguesía ociosa y la plebe y la bohême marginal)?”

El fragmento es sorp rendente por el modo mecánico y exterior de plantear la cuestión. En efecto, ¿ocurre que “generaciones” de escritores intenten fríamente fijar el ambiente a describir sin con ello mismo mostrar su carácter “ahistórico” y su pobreza moral y sentimental? Por otro lado, por “contenido” no basta entender la elección de un ambiente dado. Lo esencial para el contenido es la actitud del escritor y de una generación hacia este ambiente. Sólo la actitud determina el mundo cultural de una generación y de una época y, por consiguiente, su estilo. También en Manzoni y en Verga, no son los determinantes los “personajes populares”, sino la actitud de los dos escritores hacia ellos, y esta actitud es antitética en los dos. En Manzoni es un paternalismo católico, una ironía sobrentendida, indicio de ausencia de un profundo amor instintivo hacia aquellos personajes, es una actitud dictada por un sentimiento exterior de deber abstracto dictado por la moral católica, corregido precisamente y vivificado por la difundida ironía. En Verga hay una actitud de fría impasibilidad científica y fotográfica dictada por los cánones del verismo, aplicados más racionalmente que Zola.

La actitud de Manzoni es la más difundida en la literatura que representa “personajes populares”, y basta recordar a Renato Fucini. Tal actitud es todavía de carácter superior, pero se mueve sobre el filo de la navaja y en efecto, en los escritores subalternos, degenera en la actitud “brescianesca”, estúpida y jesuíticamente sarcástica.

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