“Popularidad” de Tolstoi y de Manzoni.

En el “Marzocco” del 11 de noviembre de 1928 es publicado un artículo de Adolfo Faggi, Fede e dramma, en el cual están contenidos algunos elementos para instituir una comparación entre la concepción del mundo de Tolstoi y la de Manzoni, si bien Faggi afirma arbitrariamente que “Los Novios corresponden perfectamente a su (de Tolstoi) concepto del arte religioso”, expuesto en el estudio crítico sobre Shakespeare: “El arte en general y en particular: el arte dramático siempre fue religioso, es decir, siempre tuvo por fin esclarecer a los hombres sus relaciones con Dios, según la comprensión que de estas relaciones se habían hecho en cada edad los hombres más eminentes y destinados por ello, a guiar a los demás...”. “Ocurrió luego una desviación en el arte, la cual lo sometió al pasatiempo y al desenfado, desviación que también ha tenido lugar en el arte cristiano.” “Anota Faggi que en La Guerra y la Paz los dos personajes que tienen la mayor importancia religiosa son Platon Karataiev y Pierre Bezuchov. El primero es hombre del pueblo y su pensamiento ingenuo e instintivo tiene mucha eficacia sobre la concepción de la vida de Pierre Bezuchov.

En Tolstoi es característico, justamente, que la sabiduría ingenua e instintiva del pueblo, aún enunciada con una palabra casual, ilumine y determine una crisis en el hombre culto. Este es el elemento más importante de la religión de Tolstoi, quien entiende el evangelio “democráticamente”, es decir, según su espíritu originario y original. Manzoni, en cambio, ha sufrido la Contrarreforma, su cristianismo oscila entre un aristrocratismo jansenista y un paternalismo populachero, jesuítico. La observación de Faggi de que en Los Novios “son los espíritu superiores, como el padre Cristóbal y el cardenal Borromeo, quienes influencian a los inferiores y saben encontrar siempre la palabra que ilumina y guía”, no tiene una conexión sustancial con la formulación de lo que es arte religioso para Tolstoi, que se refiere a la concepción general y no a los modos particulares de expresarse. Las concepciones del mundo no pueden dejar de ser elaboradas por espíritus eminentes, pero la “realidad” es expresada por los humildes, por los simples de espíritu.

Por otro lado, es necesario hacer notar que en Los Novios no hay un sólo hombre de pueblo que no sea “tomado a risa” y mofa: desde don Abbondio a fray Galdino, al sastre, Gervasio, Agnese, Perpetua., Renzo, hasta la misma Lucía. Son representados como gente mezquina, estrecha, sin vida interior. Vida interior tienen sólo los señores: fray Cristóbal, Borromeo, el Anónimo, el mismo don Rodrigo. Perpetua, según don Abbondio, había dicho más o menos lo que luego dijera Borromeo, pero sólo se trata de cuestiones prácticas y, luego es notable cómo este hecho es objeto de comicidad. Lo mismo el hecho de que el parecer de Renzo sobre el valor del voto de virginidad de Lucía coincida exteriormente con la opinión del padre Cristóbal. La importancia que tiene la frase de Lucía para turbar la conciencia del Anónimo y ayudar su crisis moral no es de carácter luminosa y fulgurante como el aporte del pueblo, fuente de vida moral y religiosa, en Tolstoi, sino mecánica y de carácter “silogístico”.

En realidad, también en Manzoni se pueden encontrar notables rasgos de brescianismo*.

*Es de hacer notar que antes que Parini, fueron los jesuitas quienes “valorizaron” en forma “paternalista” al pueblo. Cfr. La giovinezza del Parini, Verri e Beccaria, de C. A. Vianello (Milán, 1933) donde se menciona al padre jesuita Pozzi, “que mucho antes que Parini surge para defender y exaltar, ante el consenso del mejor patriciado milanés, “al plebeyo” o proletario como ahora se diría” (ver “Civiltà Cattolica” del 4 de agosto de 1934, p. 272).

En un artículo precedente publicado en el “Marzocco” del 9 de setiembre de 1928, Faggi (Tolstoi e Shakespeare) examina el opúsculo de Tolstoi sobre Shakespeare: L. Tolstoi, Shakespeare, eine kritische Studie, Hannover, 1906. El pequeño volumen contiene también un artículo de Ernest Crosby sobre La actitud de Shakespeare ante las clases trabajadoras y una breve carta de Bernard Shaw sobre la filosofía de Shakespeare. Tolstoi quiere demoler a Shakespeare partiendo del punto de vista de la propia ideología cristiana; su crítica no es artística, sino moral y religiosa. El artículo de Crosby, del cual parte, muestra, contrariamente a la opinión de muchos ingleses ilustres, que en toda la obra de Shakespeare no hay casi ninguna palabra de simpatía por el pueblo y las masas trabajadoras. Shakespeare, conforme a las tendencias de su tiempo, toma partido manifiestamente por las clases elevadas de la sociedad: su drama es en esencia aristocrático. Casi todas las veces que introduce en la escena a burgueses u hombres del pueblo, los presenta de manera despreciativa o repugnante, y los convierte en materia o tema de risa. En Manzoni la tendencia es análoga, si bien sus manifestaciones son más atenuadas.

La carta de Shaw está dirigida contra Shakespeare “pensador”, no contra Shakespeare “artista”. Según Shaw, en la literatura se debe dar el primer puesto a aquellos autores que han superado la moral de su tiempo y entrevisto las nuevas exigencias del porvenir; Shakespeare no fue “moralmente” superior a su tiempo, etc.*

*En estas notas es necesario evitar toda tendenciosidad moralista tipo Tolstoi y también toda tendenciosidad de “juicio del porvenir” tipo Shaw. Se trata de una investigación de historia de la cultura, no de crítica artística en sentido estricto. Se quiere demostrar que son los autores examinados quienes introducen un contenido moral extrínseco, es decir, hacen propaganda y no arte; y que la concepción del mundo implícita en sus obras es estrecha y mezquina, no nacional-popular sino de casta cerrada. La investigación sobre la belleza de una obra esta subordinada a la investigación de por qué es “leída”, es “popular”, es “buscada” o al revés del por qué no llega al pueblo y no le interesa, poniendo en evidencia la ausencia de unidad en la vida cultural nacional.

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