Del carácter no popular-nacional de la literatura italiana.

Actitud hacia el pueblo en el Promessi Sposi. El carácter “aristocrático” del catolicismo manzoniano aparece en la burlona “compasión” hacia la figura de los hombres del pueblo (cosa que no ocurre en Tolstoi): como fray Galdino (en comparación con el Padre Cristóbal), el sastre Renzo, Agnese, Perpetua, la misma Lucía, etc.

Sobre el libro de Zottoli, ver: Filippo Crispolti, Nuove indagini sul Manzoni, en el “Pegaso” de agosto de 1931. Este artículo de Crispolti es interesante por sí mismo para comprender la actitud del cristianismo jesuítico hacia los “humildes”. Pero en realidad, me parece que Crispolti tiene razón frente a Zottoli, aunque razona “jesuíticamente”. Crispolti dice de Manzoni: “Todo su corazón está con el pueblo, pero no se inclina jamás a adularlo; por el contrario lo ve con el mismo ojo severo con que observa a la mayor parte de aquellos que no son pueblo.”

Mas no se trata de desear que Manzoni “adule al pueblo”; se trata de su actitud psicológica hacia cada uno de los personajes que son “hombres de pueblo”. Esta actitud, aunque bajo una forma religiosa católica, es netamente de casta. Para Manzoni los hombres de pueblo no tienen “vida interior”, no tienen una profunda personalidad moral, son “animales” y su “benevolencia” hacia ellos es la benevolencia propia de una sociedad católica protectora de animales. En cierto sentido Manzoni nos hace recordar un epigrama sobre Paul Bourget donde se decía que para este último era necesario que una mujer poseyese 100.000 francos de renta para tener una psicología. Desde este punto de vista, Manzoni (y Bourget) son sinceramente católicos; no hay en ellos nada del espíritu “popular” de Tolstoi, es decir, del espíritu evangélico del cristianismo primitivo. La actitud de Manzoni hacia los hombres de pueblo es la actitud de la iglesia católica hacia el pueblo: de condescendente benevolencia y no de identidad humana. El mismo Crispolti, en la frase citada, confiesa inconscientemente esta “parcialidad” (“o partidismo”) de Manzoni: éste ve con “ojo severo” a todo el pueblo, mientras observa con ojo severo “a la mayor parte de aquellos que no son pueblo”; encuentra “magnanimidad”, “elevados pensamientos”, “grandes sentimientos” sólo en algunos de la clase alta, en ninguno del pueblo que, en su totalidad, es bajamente animalesco.

Es justo decir como Crispolti que no tiene un gran significado el hecho de que los “humildes” jueguen un papel de primer orden en la novela manzoniana. Manzoni en su novela incorpora al “pueblo” no sólo a través de sus personajes principales (Renzo, Lucía, Perpetua, fray Galdino, etc) sino también como masa (tumultos de Milán, hombres del campo, el sastre, etc.), pero precisamente su actitud hacia el pueblo no es “popular-nacional” sino aristocrática.

Estudiando el libro de Zottoli es necesario recordar este artículo de Crispolti. Se puede demostrar que el “catolicismo”, aún en hombres superiores y no “jesuitas” como Manzoni (quien tenía verdaderamente una vena jansenista y antijesuita), no contribuyó a crear en Italia el “pueblo-nación” ni siquiera durante el Romanticismo, sino que por el contrario fue un elemento antinacional-popular y solamente áulico. Crispolti menciona apenas el hecho de que Manzoni hubiera acogido, por un cierto tiempo, la concepción de Thierry (para Francia) de la lucha de razas en el seno del pueblo (longobardos y romanos, como en Francia galos y francos) como lucha entre humildes y poderosos.

Zottoli trata de responder a Crispolti en el “Pegaso” de setiembre de 1931.

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