El Cinquecento.

El modo de juzgar la literatura del Cinquecento según determinados cánones estereotipados, ha dado lugar en Italia a juicios curiosos y a limitaciones en la actividad crítica, que son significativos para juzgar el carácter abstracto de la realidad nacional-popular de nuestros intelectuales. En la actualidad están cambiando algo las cosas pero ¡lo viejo reacciona! En 1928 Emilio Lovarini ha impreso una comedia en cinco actos, La venexiana, commedia di ignoto cinquecentista *, que ha sido considerada como una bellísima obra de arte **. Ireneo Sanesi (autor del volumen La commedia en la colección de los “Generi Letterari” de Vallardi) en un artículo La venexiana, en la “Nuova Antologia” del 1° de octubre de 1929, formula así lo que para él es el problema crítico planteado por la comedia: el ignorado autor de La Venexiana es un retardatario, reaccionario, conservador, porque representa la comedia nacida de la novelística medieval, la comedia realista, vivaz, (aunque escrita en latín) que toma los argumentos de la realidad de la vida burguesa común o ciudadana, cuyos personajes son reproducidos de esta misma realidad, cuyas acciones son simples, claras, lineales y cuyo interés mayor reposa justamente en su sobriedad y en su lucidez. Mientras—según Sanesi—son revolucionarios los escritores del teatro erudito y clasicista, que volvían a traer a la escena los antiquísimos tipos y motivos caros a Plauto y Terencio. Para Sanesi, los escritores de la nueva clase histórica son reaccionarios, y son revolucionarios los escritores cortesanos; es sorprendente. Es interesante lo que ha ocurrido con La Venexiana a poca distancia de lo que había sucedido con la comedia de Ruzzante, traducida al francés arcaizante del dialecto paduano del 1500 por Alfredo Mortier. Ruzzante había sido descubierto por Maurice Sand, hijo de George Sand, que lo proclamó superior no sólo a Ariosto (en la comedia) y a Bibbiena, sino también al mismo Maquiavelo, precursor de Molière y del naturalismo francés moderno. También de La Venexiana, escribe Adolfo Orvieto *** que parece “el producto de una fantasía dramática de nuestros tiempos” y recordó a Becque. Es interesante observar este doble filón en el 1500; uno, verdaderamente nacional-popular (en dialectos, pero también en latín) ligado a la novelística precedente, expresión de la burguesía; el otro, áulico, cortesano, anacional, que, sin embargo, es llevado sobre los escudos de los retóricos.

 

*Zanicelli, 1928, n. 1 de la Nuova scelta di curiosità letterarie inedite o rare.

** Cfr. B. Croce, en la “Crítica” de 1930.

*** “Marzocco “, 30 de septiembre de 1928.

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