II. CARÁCTER NO NACIONAL-POPULAR DE LA LITERATURA ITALIANA

Nexo de problemas.

Polémicas surgidas en el período de formación de la nación italiana y de la lucha por la unidad política y territorial y que han continuado y continúan obsesionando por lo menos a una parte de los intelectuales italianos. Algunos de tales problemas, muy antiguos (como el de la lengua), resurgen en los primeros tiempos de la formación de una unidad cultural italiana. Han nacido de la comparación entre las condiciones generales de Italia y la de los demás países, especialmente de Francia, o por el reflejo de condiciones italianas peculiares, como el hecho de que la península fue la sede del imperio romano y se transformó en la sede del mayor centro de la religión cristiana. El conjunto de estos problemas es el reflejo de la fatigosa elaboración de una nación italiana de tipo moderno, obstaculizada por condiciones de equilibrio de fuerzas internas y externas.

Jamás ha existido conciencia entre las clases intelectuales y dirigentes de que existe un nexo entre estos problemas, un nexo de coordinación y de subordinación. Nunca nadie ha presentado estos problemas como un conjunto ligado y coherente, pero cada uno de ellos tomado en particular se ha replanteado periódicamente según intereses polémicos inmediatos, no siempre expresados claramente, sin deseos de profundización. Por ello, la consideración de tales problemas ha sido hecha en forma abstractamente cultural, intelectualista, sin una exacta perspectiva histórica y por lo tanto sin que de ella derivase una solución política-social concreta y coherente.

Cuando se dice que jamás ha existido una conciencia de la unidad orgánica de tales problemas, es necesario entenderse. Tal vez sea verdad que no se ha tenido el coraje de plantear en forma exhaustiva la cuestión porque de una tal formulación, rigurosamente crítica y consecuente, se temía derivasen inmediatamente peligros vitales para la vida nacional unitaria. Esta timidez de muchos intelectuales italianos debe ser a su vez explicada y es característica de nuestra vida nacional. Por otro lado parece irrefutable que ninguno de tales problemas pueda ser resuelto aisladamente (en cuanto son todavía presentes y vitales). Por lo tanto, una consideración crítica y desapasionada, de todas estas cuestiones que aun obsesionan a los intelectuales y que hoy se las presenta en camino de lograr una solución orgánica (unidad de la lengua, relación entre arte y vida, cuestión de la novela y de la novela popular, cuestión de una reforma intelectual y moral, es decir, de una revolución popular que cumpla la misma función que la Reforma protestante en los países germánicos y que la Revolución francesa, cuestión de la “popularidad” del Risorgimento, que habría sido alcanzada con la guerra de 1915-18 y con los trastornos sucesivos, de donde el empleo inflacionista de los términos de revolución y revolucionario) puede dar pista más útil para reconstruir los caracteres fundamentales de la vida cultural italiana y las exigencias que de ellos derivan para la solución.

He aquí el “catálogo” de las más significativas cuestiones a Confrontar y analizar: 1) “¿por qué la literatura italiana no es popular en Italia?” (para usar la expresión de Ruggero Bonghi); 2) ¿existe un teatro italiano? Polémica planteada por Ferdinando Martini y que está ligada con otra sobre la mayor o menor vitalidad del teatro dialectal y del que se expresa en el idioma; 3) cuestión de la lengua nacional, tal como fue planteada por Alessandro Manzoni; 4) si ha existido un romanticismo italiano; 5) ¿es necesario provocar en Italia una reforma religiosa como la protestante? Es decir, la ausencia de luchas religiosas vastas y profundas, determinada por haber sido Italia la sede del papado cuando fermentaron las innovaciones políticas que están en la base de los Estados modernos, ¿fue origen de progreso o retroceso?; 6) ¿el Humanismo y el Renacimiento han sido progresivos o regresivos?; 7) impopularidad del Risorgimento, o sea indiferencia popular en el período de las luchas por la independencia y la unidad nacional; 8) apoliticismo del pueblo italiano, que es expresado con las frases de “insurreccionarismo”, “subversionismo”, “antiestatalismo” primitivo y elemental; 9) no existencia de una literatura popular en sentido estricto (novelas de folletín, aventuras científicas, policiales, etc.) y “popularidad” persistente de este tipo de novelas traducida de lenguas extranjeras, especialmente del francés; no existencia de una literatura para la infancia. En Italia la novela popular de producción nacional es de tipo anticlerical o bien biografías de bandidos. Sin embargo, hay una primacía italiana en el melodrama, que en cierto sentido es la novela popular puesta en música.

Una de las razones por la cual tales problemas no han sido tratados explícita y críticamente hay que buscarla en el retórico prejuicio (de origen literario) de que la nación italiana ha existido siempre desde Roma antigua hasta hoy y sobre algunos otros ídolos y vanidades intelectuales que, si fueron “útiles” políticamente en el período de la lucha nacional, como motivo para entusiasmar y concentrar las fuerzas, son ineptos críticamente y, en última instancia, se convierten en un elemento de debilidad porque no permiten apreciar en forma justa el esfuerzo cumplido por las generaciones que lucharon realmente para constituir la Italia moderna y porque inducen a una especie de fatalismo y expectativa pasiva de un porvenir que estaría completamente determinado en el pasado. Otras veces, estos problemas son planteados mal por la influencia de conceptos estéticos de origen crociano, especialmente los concernientes al llamado “moralismo” en el arte, al “contenido” extrínseco al arte, la no-confusión de la historia de la cultura por la historia del arte, etc. No se logra entender concretamente que el arte está siempre ligado a una determinada cultura o civilización y que, luchando por reformar la cultura, se llega a modificar el “contenido” del arte, se trabaja para crear un nuevo arte, no desde el exterior (pretendiendo un arte didascálico, de tesis, moralista), sino desde el interior, porque se modifica todo el hombre en cuanto se modifican sus sentimientos, sus concepciones y las relaciones de las que el hombre es la expresión necesaria.

Conexión del “futurismo” con el hecho de que algunas de tales cuestiones han sido mal presentadas y no resueltas. Especialmente el futurismo en su forma más inteligente, proveniente de los grupos florentinos de “Lacerba” y de la “Voce”, con su “romanticismo” o Sturm und Drang* populachero. Ultima manifestación: Strapaese. Pero tanto el futurismo de Marinetti, como el de Papini y Strapaese han chocado, entre otras cosas, con este obstáculo: la ausencia de carácter y firmeza de sus representantes y la tendencia carnavalesca y payasesca de los pequeños burgueses intelectuales, áridos y escépticos.

• Tormenta y tensión, obra teatral de Friedrich von Klinger (1752-1831) que dio nombre al movimiento literario alemán anti Ilustración al que adhirió Goethe.

La literatura regional ha sido también esencialmente folklorista y pintoresca. El pueblo “regional” era visto en forma “paternalista”, desde el exterior; con espíritu desencantado, cosmopolita, de turistas en busca de sensaciones fuertes y originales por su crudeza. A los escritores italianos los ha dañado particularmente su íntimo “apoliticismo”, barnizado de verbosa retórica nacional. Desde este punto de vista han sido mucho más simpáticos Enrico Corradini y Pascoli, con su confesado nacionalismo militante, en cuanto trataron de resolver el dualismo literario tradicional entre pueblo y nación, si bien cayeron en otras formas de retórica y oratoria.

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