La “dialéctica” en Pirandello.

Sobre Pirandello será necesario escribir un ensayo especial utilizando todas las notas escritas por mí durante la guerra, cuando Pirandello era combatido por una crítica incapaz hasta de resumir sus dramas (recordar las crónicas sobre L’innesto [injerto] en los periódicos turineses luego de la primera representación y las ofertas de asociación hechas por Nino Berrini) y suscitaba las furias de una parte del público. Recordar que Liolà fue sacada del repertorio por Pirandello debido a las demostraciones hostiles de los jóvenes católicos turineses en la segunda representación.*

* Cfr. el artículo de la “Civiltà Cattólica” del 5 de abril de 1930: “Lazzaro” ossia un mito di Luigi Pirandello.

La importancia de Pirandello, antes que artística, me parece de carácter intelectual y moral, es decir, cultural. Ha tratado de introducir en la cultura popular la “dialéctica” de la filosofía moderna, en oposición al modo aristotélico-católico de concebir la “objetividad de lo real”. Lo hizo como puede hacerse en el teatro y como puede hacerlo el propio Pirandello; esta concepción dialéctica de la objetividad se presenta al público como aceptable ya que está personificada por caracteres excepcionales y, por consiguiente, con un ropaje romántico, en lucha paradojal contra el sentido común y el buen sentido. Mas, ¿podría ser de otra forma? Sólo así los dramas de Pirandello muestran menos el carácter de “diálogos filosóficos”, que lo tienen bastante, sin embargo, ya que los protagonistas deben demasiado frecuentemente “explicar y justificar” el nuevo modo de concebir lo real. Por otro lado, el mismo Pirandello no siempre escapa de un verdadero solipsismo, pues en él la “dialéctica” es más sofística que dialéctica.

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