Vincenzo Morello, Dante, Farinata e Cavalcante

En la ficha bibliográfica del editor se dice: “Las interpretaciones de Morello darán ocasión a discusiones entre los estudiosos, porque se diferencian completamente, de las tradicionales y arriban a conclusiones nuevas y diversas.” ¿Pero Morello tenía alguna preparación para este trabajo y para esta investigación? El primer escrito comienza así: “La crítica del último treinteno ha explorado tan profundamente las fuentes (!) de la obra dantesca, que ya los sentidos más oscuros, las referencias más difíciles, las alusiones más abstractas y hasta las particularidades más íntimas de los personajes de las tres cantigas, se puede decir que han sido penetrados y clarificados.” ¡Quien se conforma goza! Y es muy cómodo partir de una premisa tal; exime de hacer un trabajo propio y muy fatigoso de selección y profundización de los resultados logrados por la crítica histórica y estética. Y continúa: “Es así que, luego de la debida preparación, hoy podemos leer y entender la Divina Comedia sin extraviarnos más en los laberintos de las viejas conjeturas, que la incompleta información histórica y la deficiente disciplina intelectual rivalizaban en construir y volver inextricables.” Por consiguiente, Morello habría alcanzado la debida preparación y estaría en posesión de una perfecta disciplina intelectual. No será difícil mostrar que ha leído superficialmete el mismo canto décimo y que no ha comprendido ni sus partes más evidentes.

*En 8va., p. 80, ed. Mondadori, 1927. Contiene dos escritos: 1) Dante e Farinata. Il canto decimo dell’Inferno, leído en la “Casa di Dante” en Roma el XXV de abril de MCMXXV; 2) Cavalcante e il suo disdegno.

Según Morello, el canto décimo es “por excelencia político” y “la política, para Dante, es cosa un tanto sagrada como la religión”; por consiguiente, es necesario una “disciplina todavía más rígida” en la interpretación del canto décimo para no sustituir con las tendencias y pasiones propias a las ajenas y para no abandonarse a las más extrañas aberraciones. Morello afirma que el canto décimo es político por excelencia, pero no lo demuestra y no lo puede demostrar porque no es verdad. El canto décimo es político como es política toda la Divina Comedia, pero no es político por excelencia. A Morello esta afirmación le resulta cómoda para no fatigar sus meninges; ya que se reputa como gran político y gran teórico de la política, le será fácil dar una interpretación política del canto décimo, luego de haber hojeado el canto en la primera edición caída en sus manos, sirviéndose de las ideas generales que circulan sobre la política en Dante, de las que todo buen periodista de cartel como Morello, debe tener algún conocimiento superficial así como un cierto número de fichas de erudición.

Que Morello ha leído superficialmente el canto décimo se ve en las páginas donde trata las relaciones entre Farinata y Guido Cavalcanti (p.35). Morello quiere explicar la impasibilidad de Farinata durante el desarrollo del episodio de Cavalcante. Recuerda la opinión de Fóscolo, para el cual esta indiferencia demuestra el fuerte temple del hombre que “no permite a los afectos familiares distraerle de pensar en las nuevas calamidades de la patria”; y la opinión de De Sanctis, para quien Farinata permanece indiferente porque “las palabras de Cavalcante llegan a su oído sin alcanzar su alma, porque su alma está toda ella en un pensamiento único... el arte mal aprendido”. Para Morello hay “tal vez una explicación más convincente”. Y es ésta: “Si Farinata no cambia de aspecto, no dobla la cerviz y se muestra insensible, como quiere el poeta, es tal vez no por ser insensible y desatento al dolor ajeno, sino porque ignora la persona de Guido, como ignoraba la del Dante y porque ignora que Guido ha contraído matrimonio con su hija. Él ha muerto en 1264, tres años antes del retorno de los Cavalcanti a Florencia, cuando Guido tenía siete años; y se comprometió con Bice a la edad de nueve años (1269), cinco años después de la muerte de Farinata. Si es verdad que los muertos no pueden conocer por si mismos los hechos de los vivos, sino solamente por medio de las almas que se les aproximan, o de los ángeles o demonios, Farinata puede desconocer su parentesco con Guido y permanecer indiferente a su suerte, si ninguna alma, ángel o demonio le ha llevado la noticia. Esto parece no haber ocurrido. El fragmento es asombroso desde muchos puntos de vista y muestra cuán deficiente es la disciplina intelectual de Morello. 1) El mismo Farinata dice abierta y claramente que los heresiarcas de su grupo ignoran los hechos “quando s’approssiman e son” * y no siempre, y en esto consiste su específico castigo, además del arca incandescente, “per aver voluto vedere nel futuro” ** y solamente en este caso, “s’altri non ci adduce” ***, ellos ignoran. Por consiguiente, Morello no ha leído bien el texto; 2) es propio de diletante buscar, en las obras de arte, intenciones más allá de las aportadas por la expresión literal del escrito. Fóscolo y De Sanctis (especialmente este último) no se apartan de la seriedad crítica; Morello en cambio, piensa realmente en la vida concreta de Farinata en el “Infierno” más que en el canto de Dante, y hasta piensa como poco probable que los demonios y los ángeles hayan podido, en sus ratos perdidos, informar a Farinata de aquello que ignoraba. Es la mentalidad del hombre de pueblo que habiendo leído una novela, quiere saber qué han hecho ulteriormente todos los personajes (de aquí el éxito de las aventuras en cadena). Es la mentalidad de Rosini, que escribe la Monaca di Monza, o de todos los escritorzuelos que escriben las continuaciones de las obras ilustres y desarrollan y amplían sus episodios parciales.

*“Cuando se acercan y existen.”

** Por haber querido ver en el futuro.

*** “Si otro no lo evidencia.”

Que existe una íntima relación entre Cavalcante y Farinata resulta, en la poesía de Dante, de la letra del canto y de su estructura. Cavalcante y Farinata son vecinos (algún ilustrador imagina, directamente, que están en la misma arca), sus dos dramas se entrelazan estrechamente y Farinata es reducido a la función estructural de explicator para hacer penetrar al lector en el drama de Cavalcante. Explícitamente luego del “tuvo”, Dante contrapone Farinata a Cavalcante en el aspecto físico-estatuario que expresa sus posiciones morales; Cavalcante cae, se enerva, no aparece más, Farinata, “analíticamente”, no cambia de aspecto, no dobla la cerviz ni se muestra sensible.

Pero la incomprensión de la letra del canto por parte de Morello se revela también donde habla de Cavalcante, pp. 31 y siguientes: “En este canto está representado también el drama de la familia a través del desgarramiento de las guerras civiles; no el drama de Dante o Farinata, pero sí el de Cavalcante”. ¿Por qué “a través del desgarramiento de las guerras civiles”? Este es un agregado extravagante de Morello. El doble elemento familia-política existe en Farinata y, en efecto, la política lo mantiene de pie frente al desastre familiar, de la hija. Pero en Cavalcante el único motivo dramático es el amor filial y por eso se derrumba apenas conoce que su hijo ha muerto. Según Morello, Cavalcante “pregunta a Dante llorando: --¿Por qué mi hijo no se encuentra a tu lado? Llorando. Verdaderamente se puede decir que el de Cavalcante es el llanto de la guerra civil”. Estupidez derivada de la afirmación de que el canto décimo es “por excelencia político”. Y más allá: “Guido estaba vivo en la época del místico viaje; pero había muerto cuando Dante escribía. Por ello, Dante realmente escribía de un muerto, no obstante, por la cronología del viaje, debía, finalmente informar al padre lo contrario”, etc.; párrafo que demuestra cómo Morello ha rozado apenas el contenido dramático y poético del canto y, literalmente, ha girado alrededor de las palabras textuales.

Superficialidad llena de contradicciones ya que posteriormente Morello se detiene en la predicción de Farinata sin pensar que, si esos heresiarcas pueden saber el futuro, deben saber el pasado, dado que el futuro se transforma siempre en pasado; esto no lo lleva a releer el texto y verificar el significado.

Pero también es muy superficial la llamada interpretación política que hace Morello del décimo canto. No es más que el replanteo de la vieja cuestión de si el Dante fue güelfo o gibelino. Para Morello, Dante fue sustancialmente gibelino [pro Imperio Alemán, contra los güelfos papistas] y Farinata es “su héroe”, sólo que Dante fue gibelino como Farinata, es decir, “hombre político” más que “hombre de partido”. En este tema se puede decir todo lo que se quiera. En realidad Dante, como él mismo lo dice, “es del partido de sí mismo”; esencialmente era un “intelectual”, y su sectarismo y partidismo eran de orden intelectual más que político en sentido inmediato. Por otro lado la posición política de Dante podría ser fijada solamente con un análisis, muy minucioso, no sólo de todos los escritos del mismo Dante, sino también de las divisiones políticas de su tiempo que eran muy diferentes de las que había cincuenta años antes.

Morello está demasiado encerrado en la retórica literaria como para estar en situación de concebir en forma realista las posiciones políticas de los hombres del Medioevo hacia el Imperio, el papado y su república comunal.

Lo que hace sonreír en Morello es su “desdén” por los comentadores, que aflora aquí y allá, como en la p. 52, en el escrito Cavalcante e il suo disdegno donde dice que “la prosa de los comentadores frecuentemente altera el sentido de los versos”. ¡Pero miren quién lo dice! Este escrito de Morello pertenece precisamente a aquella literatura de folletín alrededor de la Divina Comedia, inútil y obstruyente, con sus conjeturas, sutilezas y ocurrencias agudas de gente que por tener la pluma en la mano, se cree con derecho a escribir de cualquier cosa, desovillando las extravagancias de su pobre talento.

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