Prehistoria contemporánea.

Raffaele Corso designa como “prehistoria contemporánea” al complejo de los hechos folclóricos: lo cual es sólo un juego de palabras para definir un fenómeno complejo que no se deja definir brevemente. Se puede recordar al respecto la relación entre las llamadas “artes menores” y las “artes mayores”, es decir entre la actividad de los creadores de arte y la de los artesanos (de los objetos de lujo o, por lo menos, no utilitarios en lo inmediato). Las artes menores han estado siempre ligadas a las artes mayores y de ellas han dependido. Así, el folclore ha estado ligado siempre a la cultura de la clase dominante y, a su modo, ha extraído de ella motivos que entraron en combinación con las tradiciones precedentes. Por otro lado, no hay nada más fragmentario y contradictorio que el folclore. De cualquier manera se trata de una “prehistoria” muy relativa y discutible, y nada sería más disparatado que querer encontrar en una misma área folclórica las diversas estratificaciones. Pero aún la comparación entre áreas diversas si bien es la única dirección metódica racional, no puede permitir conclusiones taxativas sino únicamente conjeturas probables ya que es difícil hacer la historia de las influencias que cada área ha acogido y frecuentemente se parangonan entidades heterogéneas. El folclore, al menos en parte, es mucho más móvil y fluctuante que la lengua y los dialectos; lo mismo se puede decir, por otro lado, de la relación entre cultura de la clase culta y lengua literaria: la lengua se modifica en su parte sensible mucho menos que en el contenido cultural y sólo en la semántica se puede, naturalmente, registrar una adhesión entre forma sensible y contenido intelectual.

Los cantos populares.

Una división y distinción de los cantos populares formulada por Ermolao Rubieri: 1) los cantos compuestos por el pueblo y para el pueblo; 2) los compuestos para el pueblo pero no por el pueblo; 3) aquellos no escritos ni por el pueblo ni para el pueblo, pero adoptados por éste, por estar de acuerdo a su manera de pensar y de sentir.

Me parece que todos los cantos populares se pueden y deben reducir a esta tercera categoría ya que lo que distingue al canto popular en el cuadro de una nación y de su cultura, no es el hecho artístico, ni el origen histórico, sino su modo de concebir el mundo y la vida, en contraste con la sociedad oficial. En esto, y sólo en esto, hay que buscar la “colectividad” del canto popular y del pueblo mismo. De lo anterior se derivan otros criterios de investigación del folclore: que el pueblo mismo no es una colectividad homogénea de cultura, y que presenta numerosas estratificaciones culturales, variadamente combinadas, que en su pureza no siempre pueden ser identificadas con determinadas colectividades populares históricas; siendo verdad, sin embargo, que el mayor o menor grado de “aislamiento” histórico de estas colectividades da la posibilidad de una cierta identificación.

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