Derecho natural y folclore.

Se está planteando en la actualidad una cierta crítica, por lo demás de carácter periodístico y superficial, no muy brillante contra el denominado derecho natural (analizar algunas elucubraciones de Maurizio Maraviglia y los sarcasmos y befas más o menos convencionales y añejas de los periódicos y revistas). ¿Cuál es el significado real de estos planteos?

Para comprenderlos me parece necesario distinguir algunas de las expresiones que ha asumido tradicionalmente el “derecho natural”: 1) La expresión católica, contra la cual los actuales polemistas no tienen el coraje de adoptar una posición neta, si bien el concepto de “derecho natural” es esencial e integrante de la doctrina social y política católica. Sería interesante recordar la relación estrecha que existe entre la religión católica, tal como ha sido entendida siempre por las grandes masas, y los “principios inmortales” del 1789. Los mismos católicos de la jerarquía admiten esta relación cuando afirman que la Revolución Francesa ha sido una “herejía” o que de ella se ha derivado una nueva herejía, es decir, reconocen que en ese entonces ocurrió una escisión en la misma mentalidad fundamental, en la concepción del hombre y de la vida. Por otro lado, sólo así se puede explicar la historia religiosa de la Revolución Francesa, ya que de otra manera sería inexplicable la adhesión en masa a las nuevas ideas y a la política revolucionaria de los jacobinos contra el clero, de una población que era todavía, por cierto, profundamente religiosa y católica. Por ello se puede decir que desde el punto de vista conceptual los principios de la Revolución Francesa no superan a la religión, ya que pertenecen a su misma esfera mental, la superan sí aquellos principios que son históricamente superiores (en cuanto expresan exigencias nuevas y superiores) a los de la Revolución Francesa, es decir aquellos que se basan en la realidad efectiva de las fuerzas y de la lucha. 2) La expresión de diversos grupos intelectuales, de diversas tendencias político-jurídicas, sobre la cual se ha desarrollado hasta ahora la polémica científica sobre el “derecho natural”. A este respecto, la cuestión ha sido resuelta fundamentalmente por Croce, con el reconocimiento de que se ha tratado de corrientes políticas y publicistas que tenían’ un significado y una importancia en cuanto expresaban exigencias reales en la forma dogmática y sistemática de la llamada ciencia del derecho (analizar el estudio hecho por Croce). Contra esta tendencia se dirige la polémica “aparente” de los que ejercen en la actualidad la ciencia del derecho, que no distinguiendo entre el contenido real del “derecho natural” (reivindicaciones concretas de carácter político-económico-social), la forma de las teorizaciones y las justificaciones mentales que da el derecho natural del contenido real, son en los hechos más acríticos y antihistóricos que los teóricos del derecho natural, es decir, son mulas vendadas del más grosero conservadorismo (que se refiere también a las cosas pasadas y superadas “históricamente” y por lo tanto barridas). 3) La polémica, en realidad, está dirigida a frenar la influencia que podrían tener, especialmente sobre los intelectuales jóvenes, las corrientes populares del “derecho natural”, o sea aquel conjunto de opiniones y creencias sobre los derechos “propios”, que circulan en forma ininterrumpida en las masas populares, que se renuevan de continuo bajo el empuje de las condiciones reales de vida y por la espontánea comparación entre el modo de ser de los diversos estratos.

La religión tiene mucha influencia sobre estas corrientes. La religión en todos los sentidos, desde aquella sentida y vivida realmente hasta la organizada y sistematizada por la jerarquía, no puede renunciar al concepto de derecho popular. Pero sobre estas corrientes influyen, a través de meatos intelectuales incontrolables y capilares, una serie de conceptos difundidos por las corrientes laicas del derecho natural y se convierten también en “derecho natural”, a través de contaminaciones de lo más variadas y caprichosas, ciertos programas y proposiciones afirmadas por el “historicismo”. Existe por consiguiente una masa de opiniones “jurídicas” populares, que asumen la forma del “derecho natural” y son el “folclore” jurídico.

La importancia no pequeña de tales corrientes ha sido demostrada por la organización de las “Cortes de Apelaciones” y de toda una serie de magistraturas arbitrales o de conciliación, en todos los campos de las relaciones individuales o de grupo, que sería necesario juzgar teniendo en cuenta el “derecho” tal cual es entendido por el pueblo, controlado por el derecho positivo u oficial.

No se puede pensar que la importancia de esta cuestión haya desaparecido con la abolición de los jurados populares, ya que ningún magistrado puede prescindir en alguna medida de la opinión pública: es probable quizás que la cuestión se replantee de otra manera y en medida mucho más extensa que en el pasado, lo que no dejará de suscitar peligros y de plantear una nueva serie de problemas a resolver.

www.gramsci.org.ar