Giulio Bertoni y la lingüística.

Sería necesario escribir una crítica de Bertoni como lingüista, por las actitudes asumidas últimamente con su escrito en el Manualetto di lingüística y en el pequeño volumen de Petrini.

Me parece que se puede demostrar que Bertoni no ha logrado dar una teoría general de las innovaciones aportadas por Bartoli en la lingüística, ni ha logrado entender en qué consisten tales innovaciones y cuál es su importancia, práctica y teórica.

Por otro lado, en el artículo publicado hace algunos años en el “Leonardo” sobre los estudios lingüísticos en Italia, Bertoni no distingue para nada a Bartoli del resto de la corriente, y en cambio, por el juego del claroscuro lo pone en segunda línea, a diferencia de Casella que en un reciente artículo en “Marzocco” * a propósito de la Miscellanea Ascoli, pone de relieve la originalidad de Bartoli. En el artículo bertoniano del “Leonardo” hay que poner de relieve como Campus aparece directamente superior a Bartoli, cuando sus estudios sobre las incógnitas ario-europeas no son otra cosa que pequeños ensayos en donde se aplica, pura y simplemente, el método general de Bartoli y fueron debidos a las sugerencias del mismo Bartoli. Es Bartoli quien desinteresadamente ha valorado a Campus y ha tratado siempre de ponerlo en primera línea. Bertoni, quizás no sin académica malicia, en un artículo como el del “Leonardo” en donde era necesario casi contar las palabras dedicadas a cada estudioso para dar una justa perspectiva, ha combinado las cosas de tal modo que Bartoli es colocado en un rincón. Error de Bartoli en haber colaborado con Bertoni en la compilación del Manualetto, y digo error y responsabilidad científica. Barton es apreciado por sus trabajos concretos, dejando escribir a Bertoni la parte teórica induce al error a los estudiantes y los empuja sobre un camino falso. En este caso, la modestia y el desinterés se convierten en una culpa.

• Cfr. Mario Casella, L’eredità Ascoli e l’odierna glottologia, italiana en el “Marzocco” de julio de 1930 (N. del E.).

Por otra parte, si Bertoni no ha entendido a Bartoli, no ha entendido tampoco la estética de Croce en el sentido que no ha sabido derivar de ella cánones de investigación y de construcción de la ciencia del lenguaje; no ha hecho más que parafrasear, exaltar, hacer líricas las impresiones: se trata de un positivista sustancial que se derrite frente al idealismo porque está más de moda y permite hacer retórica. Sorprende que Croce haya alabado el Manualetto sin ver y hacer notar las incongruencias de Bertoni. Me parece que Croce sobre todo ha querido anotar benévolamente que en esta rama de los estudios, donde triunfa el positivismo, se busca iniciar un camino nuevo en sentido idealista. A mí me parece que entre el método de Bartoli y el de Croce no existe ninguna relación de dependencia inmediata. La relación es con el historicismo en general, no con una forma particular de historicismo. La innovación de Bartoli es ésta, precisamente: que ha hecho de la lingüística, concebida groseramente como ciencia natural, una ciencia histórica cuyas raíces deben buscarse “en el espacio y en el tiempo” y no en el aparato vocal entendido fisiológicamente.

Sería necesario criticar a Bertoni no sólo en este campo. Su figura de estudioso siempre me ha resultado repugnante intelectualmente: hay en él algo de falso, de no sincero en el sentido literal de la palabra, además de la nimiedad y de la ausencia de “perspectiva” en los valores históricos y literarios. En la “lingüística” Vossler es crociano; pero qué relación existe entre Bartoli y Vossler, y entre Vossler y lo que comúnmente se llama “lingüística”? Recordar a este respecto el artículo de Croce, Questa tavola rotonda è quadrata (en los Problemi di estetica), de cuya crítica es necesario partir para establecer los conceptos exactos en esta cuestión.

Es estupefaciente la crítica benévola que sobre Linguaggio e poesia (Biblioteca Editrice, Rieti, 1930), ha publicado Natalio Sapegno en el “Pégaso” de setiembre de 1930. Sapegno no se da cuenta que la teoría de Bertoni—ser “la nueva lingüística un sutil análisis discriminativo de las voces poéticas de aquellas instrumentales”—es todo lo contrario de una novedad, ya que se trata de un retorno a una viejísima concepción retórica y pedante por la cual se dividen las palabras en “feas” y “bellas”, en poéticas y no-poéticas o antipoéticas, etc., así como se habían dividido igualmente las lenguas en bellas y feas, civilizadas o bárbaras, poéticas y prosaicas, etc.

Bertoni no agrega nada a la lingüística, salvo algunos viejos prejuicios; y es maravilloso que estas insensateces hayan pasado por buenas ante Croce y sus alumnos. ¿Qué son las palabras separadas y abstraídas de la obra literaria? No más elemento estético, sino elemento de historia de la cultura, y como tales las estudia el lingüista. ¿Qué significa la justificación que hace Bertoni del “examen naturalista de las lenguas, como hecho físico y como hecho social”? ¿ Como hecho físico? ¿qué significa esto? ¿Que también el hombre además de elemento de la historia política debe ser estudiado como hecho biológico? ¿Que de una pintura se debe hacer también el análisis químico, etc.? ¿Qué sería útil examinar, cuánto esfuerzo mecánico costó a Miguel Angel esculpir el Moisés? Que los crocianos no adviertan todo esto es sorprendente y sirve para indicar las confusiones que Bertoni ha contribuido a difundir en este campo.

Sapegno escribe directamente que esta investigación de Bertoni (sobre la belleza de las palabras abstractas individuales, como si el vocablo más “usado y mecanizado” no readquiriese en la obra de arte concreta toda su frescura e ingenuidad primitiva) “es difícil y delicada, más no por ello menos necesaria: para ella la glotología, mejor que ciencia del lenguaje dirigida a descubrir leyes más o menos fijas y seguras, tenderá a convertirse en historia de la lengua, atenta a los hechos particulares y a su significado espiritual”. Y también: “El núcleo de este razonamiento [de Bertoni] es, como puede ver cada uno, un concepto todavía vivo y fecundo de la estética crociana. Pero la originalidad de Bertoni consiste en haberlo desarrollado y enriquecido por una vía concreta, solamente señalada, o mejor iniciada por Croce pero jamás llevada hasta el final y con intención”. Si Bertoni “revive el pensamiento crociano” y aún más lo enriquece, y Croce se reconoce en Bertoni, es necesario decir que el mismo Croce debe ser revisado y corregido; pero a mí me parece que Croce ha sido muy indulgente con Bertoni por no haber profundizado la cuestión y por razones “didácticas”.

Las investigaciones de Bertoni son en parte y bajo cierto aspecto un retorno a viejos sistemas etimológicos: sol quia solus est; cuán bello es que el “sol” contenga en sí implícita la imagen de la “soledad” y en el inmenso cielo de mano en mano; “cuán bello es que en Puglia la libélula con sus alas en forma de cruz sea llamada la muerte”, y así de seguido. Recordar en un escrito de Carlo Dossi la historieta del profesor que explica la formación de las palabras: “Al comienzo cae un fruto, haciendo pum! y he aquí el pomo, * etc.”. “¿ Y si hubiese caído una pera?”, pregunta el jovencito Dossi.

• Mantenemos la palahra italiana pomo (manzana) para que sea comprendido el texto que utiliza la rima entre esta palabra y pum (N. del T.).

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