La arquitectura nueva.

Carácter objetivo especial de la arquitectura. Realmente la “obra de arte” es el “proyecto” (el conjunto de los dibujos, planos y cálculos con los cuales personas diferentes del arquitecto “artista-proyectista” pueden ejecutar el proyecto, etc.): un arquitecto puede ser considerado como un gran artista por sus planos, sin haber construido nada materialmente. El proyecto es al edificio material como el manuscrito al libro impreso. El edificio es la extrinsecación social del arte, su “difusión”, la posibilidad dada al público de participar de la belleza (cuando la tiene), al igual que el libro impreso.

Se derrumba la objeción de Tilgher* a Croce a propósito de la “memoria” como causa de la explicitación artística: el arquitecto no tiene necesidad del edificio, sino del proyecto para “recordar”. Esto sea dicho aunque se considere la “memoria” crociana sólo como una aproximación relativa a la solución del problema de por qué el pintor pinta, el escritor escribe, etc. y no se limitan a construir fantasmas para su sólo uso y consumo; y teniendo en cuenta también que cada proyecto arquitectónico tiene un carácter “aproximativo” mayor que el manuscrito, la pintura, etc. El escritor también introduce innovaciones en cada edición del libro (o corrige las pruebas modificando, etc; cfr. Manzoni). En la arquitectura la cuestión es más compleja ya que el edificio jamás es completo en sí mismo y debe sufrir adaptaciones, aún con relación al “panorama” en el que debe ser insertado, etc. (y de él no se pueden hacer tan fácilmente, como de un libro, segundas ediciones).

 

* Dice Tilgher que, según Croce, “la extrinsecación física del fantasma artístico tiene un fin esencialmente mnemónico”, etc. Es necesario revisar este argumento. ¿Qué significa para Croce, en este caso, “memoria’”? ¿Tiene un valor puramente personal, individual o también de grupo? ¿El escritor se preocupa solamente de si es llevado históricamente a pensar también en los demás? ¿Por qué el artista escribe, o pinta, o esculpe, etc? En la “Italia che scrive” de febrero de 1929. Artículo típico de la incongruencia lógica y de la ligereza moral de Tilgher, el cual, luego de haber “forzado” banalmente la teoría de Croce al respecto, al finalizar el artículo la representa como suya, en forma extravagante y figurada.

Pero el punto más importante que hoy es preciso respetar es el siguiente: en una civilización de rápido desarrollo, en la cual el “panorama” urbano debe ser muy “elástico”, no puede nacer un gran arte arquitectónico, porque es muy difícil concebir edificios hechos para la “eternidad”. En América se calcula que un rascacielos no debe durar más de veinticinco años, porque se supone que en tal período la ciudad entera “puede” mudar su fisonomía, etc. Según mi opinión, un gran arte arquitectónico puede nacer solamente después de una etapa transitoria de carácter “práctico”, en la cual se busque sólo alcanzar la máxima satisfacción de las necesidades populares elementales con el máximo de conveniencia, entendido esto en sentido amplio, es decir, no solamente en lo que respecta al edificio aislado, la casa aislada o el particular lugar de reunión para las grandes masas, sino en lo que respecta a un conjunto arquitectónico con calles, plazas, jardines, parques, etc.

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