Focos de irradiación de innovaciones lingüísticas en la tradición y de un conformismo nacional lingüístico en las grandes masas nacionales.

1) La escuela; 2) los periódicos; 3) los escritores de arte y los populares; 4) el teatro y el cinematógrafo sonoro; 5) la radio; 6) las reuniones públicas de distintos géneros, comprendidas las religiosas; 7) las relaciones de “conversaciones” entre los distintos estratos de la población más cultos y menos cultos; * 8) los dialectos locales entendidos en diversos sentidos (desde los dialectos más localizados a los que abrazan complejos regionales más o menos vastos: así, el napolitano para Italia meridional, el palermitano y el catanés para Sicilia, etc.).

• Una cuestión a la cual quizás no se le da toda la importancia que merece está constituida por aquella parte de “palabras” versificadas que son aprendidas de memoria bajo la forma de canciones, trozos de ópera, etc. Es de hacer notar cómo el pueblo no se cuida de aprender bien de memoria estas palabras, que frecuentemente son estrambóticas, anticuadas, barrocas, y por el contrario las reduce a una especie de retahilas útiles solamente para recordar el motivo musical.

Ya que el proceso de formación, difusión y desarrollo de una lengua nacional unitaria adviene a través de todo un complejo do procesos moleculares, es útil tener conciencia de todo el proceso en su complejo, para estar en condiciones de intervenir activamente sobre él con el máximo de resultados. Esta intervención no debe ser considerada como “decisiva” e imaginar que los fines propuestos serán todos logrados en sus pormenores, es decir, que se obtendrá una determinada lengua unitaria: se obtendrá una lengua unitaria si ella es una necesidad y la intervención organizada acelera el tiempo del proceso ya existente. Cual será el tiempo necesario para formar esa lengua no se puede prever y establecer, pero de todas maneras si la intervención es “racional” esta ligada orgánicamente a la tradición, lo cual no deja de tener importancia en la economía de la cultura.

Manzonianos y “clasicistas” tenían un tipo de lengua para imponer. No es justo decir que estas discusiones hayan sido inútiles y no hayan dejado rastros en la cultura moderna, aunque no sean muy grandes. En realidad, en este último siglo la cultura unitaria se ha extendido y por consiguiente se ha extendido también una lengua unitaria común. Pero toda la formación histórica de la nación italiana se ha producido con un ritmo demasiado lento. Toda vez que de una manera u otra aflora la cuestión de la lengua, significa que se están imponiendo una serie de otros problemas: la formación y la ampliación de la clase dirigente, la necesidad de establecer relaciones más íntimas y seguras entre los grupos dirigentes y la masa popular-nacional, es decir, de reorganizar la hegemonía cultural. Hoy se han verificado diversos fenómenos que indican un renacimiento de tales cuestiones: publicaciones de Panzini, Travalza, Alladoli, Monelli, secciones en los periódicos, intervenciones de las direcciones sindicales, etc.

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