El racionalismo en la arquitectura.

Cuestiones de nombres. Es evidente que en arquitectura, “racionalismo” significa simplemente “moderno”; y es también evidente que ‘racional” no es más que una manera de expresar lo bello según el gusto de un tiempo dado. Es comprensible que esto haya ocurrido en la arquitectura antes que en las otras artes, ya que la arquitectura es “colectiva”, no sólo como “empleo”, sino como “juicio”. Se podría decir que el “racionalismo” ha existido siempre, o sea, que siempre se ha tratado de alcanzar un cierto fin partiendo de un gusto determinado y según el conocimiento técnico de la resistencia y de la adaptabilidad del “material”.

En qué medida y cómo podrá el “racionalismo” de la arquitectura difundirse entre las demás artes, es una cuestión difícil que será resuelta por la “crítica de los hechos” (lo cual no significa que sea inútil la crítica intelectual y estética que prepara la de los hechos). Cierto es que la arquitectura parece, de por sí, la más reformable y “discutible” de las artes. Un cuadro, un libro o una estatuilla pueden poseerse en forma “personal” para satisfacción personal; no así una construcción arquitectónica. Indirectamente (por lo que vale en este caso) es necesario recordar la observación de Tilgher de que la obra de arquitectura no puede ser comparada con las otras obras de arte por el “costo”, los escombros, etc. Destruir una obra de construcción, o sea, hacer y rehacer, probando y volviendo a probar, no se adapta mucho a la arquitectura.

Es correcto que el estudio de la función no es suficiente, aún siendo necesario, para crear la belleza; mientras tanto, sobre la misma “función” nacen discordias, es decir, que también la idea y el hecho de función son individuales o dan lugar a interpretaciones individuales. Por otra parte, no he dicho que la “decoración” no sea “funcional”, entendiendo por “decoración” en sentido amplio todo aquello que no sea estrictamente “funcional” como la matemática. Entre tanto la “racionalidad” conduce a la “simplificación”, lo cual ya es mucho (lucha contra el “secentismo” estético, que se caracteriza en especial por la supremacía del elemento externamente decorativo sobre el elemento “funcional”, aunque sea en sentido amplio, es decir, de funciones en las cuales esté comprendida la “función estética”). Es mucho que se haya llegado a admitir que la “arquitectura es la interpretación de lo que es práctico”. Tal vez podría decirse lo mismo de las otras artes, dado que a la expresión “práctico” se le quita todo significado peyorativo,

“judaico” (o chatamente burgués: es observable que en muchos lenguajes, “burgués” sólo significa “chato, mediocre, interesado”, es decir, ha asumido el significado que alguna vez tenía la expresión “judaico”; sin embargo, estos problemas del lenguaje tienen importancia ya que el lenguaje es pensamiento: modo de hablar indica no sólo modo de pensar y de sentir, sino también, de expresarse, o sea de hacerse entender y de sentir). Es cierto que para las otras artes las cuestiones del “racionalismo” se plantean en forma diferente que para la arquitectura; sin embargo, el “modelo” de la arquitectura es útil dado que a priori se debe admitir que lo bello es siempre tal y presenta los mismos problemas, cualquiera sea su particular expresión formal. Se podría decir que se trata de “técnica”, pero técnica no es más que una expresión, y el problema volvería a su círculo inicial con otras palabras.

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