Literatura “funcional”.

¿Qué corresponde en literatura al “racionalismo” arquitectónico? Sin duda la literatura según un plan, es decir, la literatura “funcional”, según una dirección social preestablecida. Es extraño que el racionalismo sea aclamado y justificado en la arquitectura y no en las otras artes. Aquí debe haber un equívoco. ¿Tal vez la arquitectura tenga sólo fines prácticos? Cierto, aparentemente así parece ya que la arquitectura construye las viviendas; pero no se trata de esto, se trata de “necesidad”. Se dirá que las casas son más necesarias que las otras artes y con esto solamente se quiere decir que las casas son necesarias para todos, mientras las otras artes sólo son necesarias para los intelectuales, para los hombres de cultura. Se debería concluir que son precisamente los “prácticos” quienes se proponen convertir a las artes en necesarias para todos los hombres, hacer de todos “artistas”.

Todavía. ¡La coerción social! ¡Cuánto se charla contra esta coerción! ¿No se piensa que no es más que una palabra? La coerción, la dirección, el plan son simplemente un terreno de selección de los artistas, nada más. Y de selección para fines prácticos, es decir, en un campo en el que la voluntad y la coerción están plenamente justificadas. ¡Habría que analizar si la coerción no ha existido siempre! ¿Tal vez no sea coerción porque es ejercida por el ambiente y por cada uno en particular, y no por una fuerza centralizada? En el fondo se trata siempre de “racionalismo” contra arbitrio individual. La cuestión no versa entonces sobre la coerción, sino sobre el hecho de si se trata de racionalismo auténtico, de real funcionalidad, o de acto arbitrario, he aquí todo. La coerción es tal sólo para quien no la acepta, no para quien la acepta: si la coerción se desarrolla según el desarrollo de las fuerzas sociales no es coerción, sino “revelación” de verdad cultural, obtenida con un método acelerado. De la coerción se puede decir aquello que los religiosos dicen de la determinación divina: para los “que quieren” no hay tal determinación sino libre voluntad. En realidad, la coerción es combatida porque se trata de la lucha contra los intelectuales y contra ciertos intelectuales, los tradicionales y tradicionalistas; quienes, a lo sumo, sólo admiten que las novedades se abran camino poco a poco, gradualmente.

Es curioso que en arquitectura se contraponga el racionalismo al “decorativismo”, que es llamado “arte industrial”. Es curioso, pero justo. En efecto, debería llamarse siempre industrial cualquier manifestación artística dirigida a satisfacer los gustos de cada uno de los compradores ricos, a “embellecer” su vida, como se dice. Cuando el arte, especialmente en sus formas colectivas, está dirigido a crear un gusto de masa, a elevar este gusto, no es “industrial”, sino desinteresado, es decir, arte. Me parece que el concepto de racionalismo en arquitectura, o sea de “funcionalismo”, es muy fecundo en consecuencias, en principios de política cultural. No es casual que haya surgido precisamente en estos tiempos de “socializaciones” (en sentido amplio) y de intervención de fuerzas centrales para organizar las grandes masas contra los residuos de individualismo y de estética del individualismo en la política cultural.

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