Tommaso Gallarati-Scotti.

En su colección de cuentos Storie dell’amor sacro e dell’amor profano hay que recordar la narración donde se habla del cuerpo de una prostituta sarracena, llevado a la Italia meridional por un barón cruzado y que la población adora como la reliquia de una santa: son asombrosas las consideraciones de Gallarati-Scotti, que ha sido, sin embargo, un “modernista” antijesuita. Todo esto luego del cuento boccaccesco del fraile Cipolla y la novela del portugués Eça de Queiroz, La reliquia, traducida por L. Siciliani (ed. Rocco Carabba, Lanciano), y que es una derivación del Cipolla boccaccesco. Los Bollandistas son respetables, porque han contribuído al menos a extirpar cualquier raíz de superstición (si bien sus investigaciones permanecen encerradas en un círculo muy restringido y sirven más que todo para hacer creer a los intelectuales que la Iglesia combate las falsificaciones históricas); el esteticismo jesuítico folclorístico de Gallarati-Scotti es sublevante.

Recordar el diálogo referido en las Memorias de Wickham Steed entre un joven protestante y un cardenal, a propósito de San Gennaro; y la notita de Benedetto Croce a una carta de Giorgio Sorel a propósito de una conversación suya con un cura napolitano sobre la sangre de San Gennaro. (En Nápoles existen, según parece, otras tres o cuatro sangres, que hierven “milagrosamente”, pero que no son “explotadas” para no desacreditar a la popularísima sangre de San Gennaro.)

La figura literaria de Gallarati-Scotti es una de las peores entre los sobrinitos del padre Bresciani.

Cardarelli y la “Ronda”.

Nota de Luigi Russo sobre Cardarelli en la “Nuova Italia” de octubre de 1930. Russo encuentra justamente en Cardarelli el tipo (moderno-fósil) de lo que fue el abate Vito Fornari en Nápoles en comparación con De Sanctis: Diccionario de la Crusca, Contrarreforma, Academia, reacción, etc. Sobre la “Ronda” y sobre las menciones a la vida práctica del 1910-1920-1921, comparar Lorenzo Montano, Il Perdigiorno, Edición de “Il Italiano”, Bologna, 1928 (en el pequeño volumen son recogidas las notas de actualidades de Montano publicadas por la “Ronda”).

Valentino Piccoli.

De Piccoli será útil recordar la nota Un libro per gli immemori (en los “Libros del Día” de octubre de 1928), en donde comenta el libro de Mario Giampaoli, 1919.*

Piccoli aplica a Giampaoli los mismos adjetivos que aplica al Dante, Leopardi o cualquier otro gran escritor, ante quienes pasa el tiempo cubriéndolos de sus babas. Recurre frecuentemente al adjetivo “austero”, “páginas de antología”, etc.

• Roma, Milán, Librería del Littorio, en 16° pp. 335, con 40 ilustraciones fuera del texto.

 

Intelectuales sicilianos.

Es interesante el grupo del “Cíclope” de Palermo: Mignosi, Pignato, Sciortino, etc. Relaciones de este grupo con Piero Gobetti.

Los pobres animales.

Según Luigi Tonelli (“L’Italia che scrive”, marzo de 1932 Pietro Mignosi), en el volumen Epica e santità de Mignosi (Palermo, Priulla, 1925) estaría contenido un “bellísimo” “canto, un poco a lo Rimbaud, con loas a los pobres animales”, y cita: “gusanos y ratas, moscas, piojos, y poetas, que todas las armas de la tierra no logran exterminar”.

Retrato del campesino italiano.

Analizar en las Fiabe e leggende popolari de Pitré (p. 247), un pequeño cuento popular siciliano, al cual (según Domenico Buferetti en la “Fiera Letteraria” del 28 de enero de 1928) corresponde una xilografía de viejas estampas venecianas, en donde se ve a Dios impartir estas órdenes desde el cielo: al Papa, “tú ruega”; al emperador, “tú protege”; al campesino, “tú fatígate”.

El espíritu de los cuentos populares nos da la concepción que sobre sí mismo y sobre su posición en el mundo el campesino se ha resignado a absorber de la religión.

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