Sinceridad (o espontaneidad) y disciplina.

¿Es siempre la sinceridad (o espontaneidad) un mérito y un valor? Lo es en cuanto está disciplinada. Sinceridad (o espontaneidad) significa máximo de individualismo, también en el sentido de idiosincrasia (originalidad, en este caso, es igual a idiotismo). El individuo es original históricamente cuando da el máximo de relieve y de vida a la “sociabilidad”, sin la cual sería un “idiota” (en el sentido etimológico, que sin embargo no se aleja del sentido vulgar y común). Hay un significado romántico de la originalidad, la personalidad, la sinceridad, que se justifica históricamente en cuanto nace en oposición a un cierto conformismo “jesuítico” en esencia: es decir, un conformismo artificial, ficticio, creado superficialmente para servir los intereses de un pequeño grupo o facción y no de una vanguardia.

Hay un conformismo “racional”, es decir, correspondiente a la necesidad, al mínimo esfuerzo para obtener un resultado útil, y la disciplina de tal conformismo debe ser exaltada y promovida, debe convertirse en “espontaneidad” o “sinceridad”. Luego, conformismo no significa otra cosa que “sociabilidad”, pero es agradable justamente emplear la palabra “conformismo” para molestar a los imbéciles. Esto no quita la posibilidad de formarse una personalidad y ser original, pero torna más difícil la empresa. Es demasiado fácil ser original haciendo lo contrario de aquello que todos hacen; es una tarea mecánica. Es demasiado fácil hablar de diferente manera que los demás, ser neolálico; lo difícil es distinguirse de los otros sin hacer estas acrobacias. Justamente ocurre hoy que se busca una originalidad y personalidad a bajo precio. Las cárceles y manicomios están llenos de hombres originales y de fuertes personalidades. Poner el acento sobre la disciplina, la sociabilidad y, sin embargo, pretender sinceridad, espontaneidad, originalidad, personalidad: he aquí lo verdaderamente arduo y difícil. No se puede decir que el conformismo es demasiado fácil y que reduce el mundo a un convento. Mientras tanto ¿cuál es el “verdadero conformismo”, es decir, cuál es la conducta “racional” más útil, más libre, en cuanto obedece a la “necesidad”? ¿Cuál es la “necesidad”? Cada uno es llevado a hacer de sí el arquetipo de la “moda”, de la “sociabilidad” y a presentarse como “ejemplar”. Por lo tanto la sociabilidad, el conformismo, es el resultado de una lucha cultural (y no sólo cultural), es un dato “objetivo” o universal; así como no puede dejar de ser objetiva y universal la “necesidad” sobre la cual se eleva el edificio de la libertad.

En la literatura (arte), la sinceridad y la espontaneidad se oponen al mecanicismo o cálculo, que puede ser un falso conformismo, una falsa sociabilidad, es decir, la adaptación a las ideas hechas y rutinarias. Recordar el ejemplo clásico de Nino Berrini, que “ficha” el pasado y busca la originalidad en hacer aquello que no aparece en las fichas. Principios de Berrini para el teatro: 1) Extensión del trabajo: fijar la extensión media, basándose en aquellas obras que han tenido éxito; 2) Estudio de los finales: ¿ qué finales han tenido éxito y arrancado aplausos?: 3) Estudio de las combinaciones: por ejemplo en el drama sexual burgués—marido, mujer, amante—ver qué combinaciones son las más explotadas y por exclusión “inventar” nuevas combinaciones, halladas mecánicamente. Así, Berrini había encontrado que un drama no debe tener más de 50.000 palabras, es decir, no debe, durar más de un tiempo dado. Cada acto o cada escena principal debía culminar de determinada manera, que es estudiada en forma experimental, haciendo un promedio de aquellos sentimientos o estímulos, que tradicionalmente han tenido éxito, etc. Con estos criterios es muy cierto que no pueden producirse catástrofes comerciales. Pero ¿es esto “conformismo” o “sociabilidad” en el sentido que hemos indicado? Por cierto que no. Es un adaptarse a lo ya existente.

La disciplina es también un estudio del pasado, en la medida que el pasado es un elemento del presente y del futuro, más no un elemento “superfluo”, sino necesario en cuanto es lenguaje, es decir, elemento de “uniformidad” necesaria y no de uniformidad “superflua”, perezosa.

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