Lina Pietravalle.

Del comentario escrito por Giulio Marzot sobre la novela de Pietravalle Le catene (Mondadori, 1930, pp. 320).*

• En la “Nuova Italia” del 20 de noviembre de 1930 (N. del E.).

“A quien le pregunta con qué sentimiento participa en la vida de los campesinos, Felici responde: “Lo amo como a la tierra, pero no mezclaré la tierra con mi pan”. Existe por consiguiente la conciencia de una separación: se admite que el campesino puede también (!) tener su (!) dignidad humana, pero se la constriñe dentro de los límites de su condición social.”

Marzot ha escrito un ensayo sobre G. Verga, y es un crítico a veces inteligente. Habría que estudiar este punto: si el naturalismo francés en su pretensión de objetividad científica y experimental, no contenía ya en germen la posición ideológica que tuvo luego gran desarrollo en el naturalismo o realismo provincial italiano y especialmente en Verga. El pueblo de la campaña es visto como espectáculo estableciendo una “distancia”, como “naturaleza” extrínseca sentimentalmente al escritor, etc. Es la posición de Yo y las fieras de Hagenbeck. En Italia, la pretensión “naturalista” de la objetividad experimental de los escritores franceses, que tenía un origen polémico contra los escritores aristócratas, se insertó en una posición ideológica preexistente, como se evidencia en Los Novios donde existe el mismo “distanciamiento” con respecto a los elementos populares, distanciamiento apenas velado por una benévola sonrisa irónica y caricaturesca. Y en esto Manzoni se distingue de Grossi, quien en Marco Visconti no se burla de la gente del pueblo, y hasta de d’Azeglio de las Memorias, al menos en lo que respecta a las notas sobre la población de los castillos romanos.

Una esfinge sin enigmas. En el “Ambrosiano” del 8 de marzo de 1932, Marco Ramperti en el artículo La corte di Salomone, escribía entre otras cosas: “Esta mañana me he despertado sobre un “logogrifo” de cuatro líneas, en torno al cual había velado en las últimas siete horas de soledad, sin conseguir nada naturalmente. ¡Sombra densa! ¡Misterio sin fin! Sin embargo al despertarme me di cuenta que en la postración febril había cambiado La Corte di Salomone por ‘L’Italia Letteraria”, el “logogrifo enigmático por un poema del poeta Ungaretti...”. Ungaretti responde a esta elegancia de Ramperti con una carta publicada en la “Italia Letteraria” del 10 de abril que me parece un “signo de los tiempos”. Se pueden recabar de ella cuales son las “reivindicaciones” que Ungaretti plantea a “su país” para ser compensado por sus méritos nacionales y mundiales (Ungaretti no es más que un bufoncito de inteligencia mediocre): “Querido Angioletti: De retorno de un viaje fatigoso para ganar el escaso pan de mis niños, encuentro los números del “Ambrosiano” y de la “Stampa” en los cuales un cierto Señor Ramperti ha creído ofenderme. Podría responderle que mi poesía la entendían los campesinos, mis hermanos en las trincheras; la entiende mi Duce, que quiere honrarla con un prefacio; la entenderá también la gente simple y los doctos de buena fe. Podría decirle que, desde hace quince años, todo lo que de nuevo se hace en poesía en Italia y fuera de ella, lleva la impronta de mis sueños y de mi tormento expresivo; que los críticos honestos, italianos y extranjeros, no se hacen rogar para reconocerlo; y que, por otro lado, jamás he pedido loas a ninguno. Podría decirle que una vida durísima como la mia, altivamente italiana y fascista siempre, ante extranjeros y connacionales, merecería al menos no ver acrecentada sus dificultades por los periódicos italianos y fascistas. Debería decirle que si algo de enigmático hay en el año X (vivo de artículos con la obsoluta incertidumbre del mañana, teniendo cuarenta años pasados!) es sólo la obstinada maldad hacia mí de parte de gente... de espíritu. Con afecto, Giuseppe Ungaretti.”

La carta es una obra maestra de tartufería literaria y de estupidez presuntuosa.

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