Jahier, Raimondi y Proudhon. Artículo de ‘Giuseppe Raimondi Rione Bolognina en la “Fiera Letteraria” del 17 de junio de 1928. Tiene en epígrafe esta frase de Proudhon: “La pauvreté est bonne, et nous devons la considérer comme le principe de notre allégresse.” *

• “La pobreza es buena y debemos considerarla como el principio de nuestra alegría”.

El artículo es una especie de manifiesto “ideológico-autobiográfico” y culmina con estas frases: “Como todo obrero y todo hijo de obrero, siempre he tenido claro el sentido de la división en las clases sociales. Yo permaneceré, desdichadamente (sic) entre los que trabajan. Del otro lado están aquellos que puedo respetar, por los cuales puedo hasta sentir sincera gratitud (!); pero algo me impide llorar (!) con ellos, y no me permite abrazarlos con espontaneidad (!) . O me mantengo dominado (!), o los desprecio.” ¡Una hermosa manera de presentar una forma superior de dignidad obrera!

“Es en los suburbios donde siempre se han hecho las revoluciones, y en ningún otro lado el pueblo es tan joven, despojado de toda tradición, dispuesto a seguir un improvisado impulso de pasión colectiva, como en los suburbios, que no son más ciudad pero que aun no son campo... De aquí terminará por nacer una nueva civilización, y una historia que tendrá aquel sentido de revuelta y de rehabilitación secular propia de los pueblos que sólo la moral de la edad moderna ha hecho reconocer como dignos. Se hablará de ellos como hoy se habla del Risorgimento italiano y de la independencia americana. El obrero es simple con gusto: se instruye con las alacenas semanales de los descubrimientos de la ciencia y de la Historia de las Cruzadas; su mentalidad permanecerá siempre un poco atea y garibaldina como la de los círculos suburbanos y de las Universidades populares... Dejadlos con sus defectos, economizad vuestra ironía. El pueblo no sabe burlarse. Su modestia es verdadera, como su fe en el porvenir.” (Muy oleográfico, pero bastante a la moda del deteriorado Proudhon, aún en el tono axiomático y perentorio.)

En la “Italia Letteraria” del 21 de julio de 1929, el mismo Raimondi habla de su deferente amistad con Piero Jahier y de sus conversaciones: “...Me habla de Proudhon, de su grandeza y de su modestia, de la influencia que sus ideas han adquirido en el mundo moderno, de la importancia que estas ideas han asumido en un mundo recto del trabajo socialmente organizado, en un mundo donde la conciencia de los hombres se va desenvolviendo y perfeccionando siempre más en nombre del trabajo y de sus intereses. Proudhon ha hecho un mito, humano y viviente, de estos pobres (!) intereses. En mí la admiración por Proudhon es sobre todo sentimental, de instinto, como un afecto y un respeto, que he heredado, que se me ha transmitido al nacer. En Jahier es intelectual, derivada del estudio, y por ello (!) muy profunda”.

Este señor Giuseppe Raimondi era un discreto poseur [presumido] con su “admiración heredada”; había encontrado una de las cien maneras de distinguirse entre la juventud literaria moderna; pero desde hace algunos años no se siente hablar más de él. (Bolognese, colaboraba con Leo Longanesi en el “Italiano”, es luego violenta y asperamente despedido por Longanesi; “ rondista “.)

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