Luca Beltrami (Polifilo). Para rastrear los escritores brescianescos de Beltrami (I popolari di Casate Olona) es necesario ver la Bibliografia degli scritti di Luca Beltrami, de marzo de 1881 a marzo de 1930, ordenada por Fortunato Pintor, bibliotecario honorario del Senado, con prefacio de Guido Mazzoni. De un fragmento publicado en “Marzocco” del 11 de mayo de 1930, resulta unos treinta y cinco. Beltrami ha anotado esta bibliografía suya. A propósito de la “Estirpe Olona” escribe el “Marzocco”: “...la bibliografía de los treinta y cinco escritos sobre la hipotica “Estirpe Olona” le sugiere la idea de recomponer en una unidad estas declaraciones, propuestas y polémicas de índole político-social que mal entonadas a un régimen democrático parlamentario, deben considerarse, bajo un cierto aspecto, como una anticipación de la cual otros, no Beltrami, habrían podido vanagloriarse de prevenidos precursores (!?).” Beltrami era un conservador moderado y no es cierto que su “adelantarse” sea aceptado con entusiasmo. Y sus escritos, por otro lado, son de una vulgaridad intelectual desconcertante.

Bellonci y Crémieux. La “Fiera Letteraria” del 15 de junio de 1928 resume un artículo, bastante necio y disparatado, publicado por Goffredo Bellonci en el “Giornale d’Italia” del 3 de enero.

Crémieux escribe en su Panorama que falta en Italia una lengua moderna, lo cual es justo en un sentido muy preciso: 1) que no existe una concentración unitaria de la clase culta, cuyos componentes escriban o hablen “siempre” una lengua “viva” unitaria, es decir difundida igualmente en todos los estratos sociales y grupos regionales del país; 2) que por lo tanto existe entre la clase culta y el pueblo una marcada separación; la lengua del pueblo es aún el dialecto, completado por una jerga italianizante que en gran parte es el dialecto traducido mecánicamente. Existe además una fuerte influencia de los distintos dialectos en la lengua escrita ya que también la denominada clase culta habla la lengua nacional en ciertos momentos y los dialectos en el habla familiar, es decir en el habla más viva y adherida a la realidad inmediata. Por otro lado sin embargo, la reacción contra los dialectos hace que al mismo tiempo la lengua nacional devenga un poco fosilizada y empantanada, y cuando quiere ser familiar se quiebra en muchos reflejos dialectales. Además del tono del discurso (el cursus es la música del período) que caracteriza a la región, son influídos el léxico, la morfología y especialmente la sintaxis. Manzoni “lavó en el Arno” * su léxico personal lombardizante, un poco menos su morfología y casi del todo su sintaxis que está más connaturalizada con el estilo, con la forma personal artística y con la esencia nacional de la lengua.

Alga similar se ha verificado también en Francia como contraste entre París y Provenza, pero en medida mucho menor y casi descuidable. En una comparación entre Alfonso Daudet y Zola se ha establecido que Daudet casi no conoce el pasado simple etimológico que es sustituido por el imperfecto, lo cual en Zola ocurre sólo casualmente.

• “Lavó su lengua en el Arno” (risciacquar i panni nell’Arno): célebre expresión de Manzoni. Luego de la primera edición de su novela Los novios, Manzoni se propuso corregir su lengua, cargada de galicismos y de “lombardismos”. Revisó minuciosamente el conjunto de su obra a fin de darle una lengua que fuera de verdad nacional, accesible a todos los italianos. Antes de emprender ese enorme trabajo, que no debía concluir hasta 1840 (fecha de la edición definitiva) realizó en 1827 un viaje a Florencia para estudiar el toscano en su propio lugar. Manzoni denominó esta operación “lavar su lengua en el Arno” (N. del T.).

Bellonci escribe contra las afirmaciones de Crémieux: “Hasta el Quinientos las formas lingüísticas descienden desde lo alto; del Seiscientos en adelante surgen desde abajo.” Error descomunal, por superficialidad y por ausencia de espíritu crítico y de capacidad para establecer distinciones. Ya que justamente hasta el Quinientos, Florencia ejerce una hegemonía cultural, vinculada a su hegemonía comercial y financiera (el papa Bonifacio VIII decía que los florentinos eran el quinto elemento del mundo) y se da un desarrollo lingüístico unitario desde abajo, del pueblo a las personas cultas, desarrollo reforzado por los grandes escritores florentinos y toscanos. Luego de la decadencia de Florencia, el italiano se convierte cada vez más en la lengua de una casta cerrada, sin contacto vivo con un habla histórica. ¿No es ésta quizás, la cuestión planteada por Manzoni, de retornar a una hegemonía florentina por medios estatales, refutada por Ascoli quien, más historicista, no cree en las hegemonías culturales por decreto, es decir, no sostenidas por una función nacional más profunda y necesaria?

La pregunta de Bellonci: “Negaría quizás Crémieux que existe [que haya existido, habrá querido decir] una lengua griega porque existen de ella muchas variedades dóricas, jónicas, eólicas?”, es simplemente cómica y muestra que no ha entendido a Crémieux ni entiende nada de estas cuestiones, y que razona con categorías librescas, como lengua, dialecto, “variedades”, etc.

El libro de Goffredo Bellonci Pagine e idee (Edizioni Sapientia, Roma) parece ser una especie de historia de la literatura italiana originalmente subvertida por el lugar común. Bellonci es justamente una caricatura del periodismo literario, un Bouvard de las ideas y de la política, una víctima de Mario Missiroli, que era ya una víctima de Oriani y de Sorel.

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