Giuseppe Prezzolini. Il codice della vita italiana (Editorial “La Voce” S. A., Florencia, 1921) concluye el período originario y original de la actividad de Prezzolini, del escritor moralista siempre en campaña para renovar y modernizar la cultura italiana. Inmediatamente después, Prezzolini “entra en crisis” con altibajos curiosísimos, hasta juntarse con las malas compañías de las corrientes tradicionales y cantar loas a lo que había vituperado.

Un momento de la crisis está representado por la carta escrita en 1923 a Piero Gobetti Per una società degli Apoti, reimpresa en el pequeño volumen Mi pare... Prezzolini siente que su posición de “espectador” es “un poco, un poquito (!) bellaca”. No sería nuestro deber tomar parte? No hay algo de sombrío (!), de antipático (!), de melancólico (!), en el espectáculo de estos jóvenes que están (casi todos) fuera de la lucha, observando a los combatientes y sólo preguntándose cómo se dan los golpes y por qué?” Encuentra una solución muy cómoda: “Nuestra tarea, nuestra utilidad para el momento presente y también para la misma contienda y que ahora divide y opera, para el mismo trabajo en el cual se prepara el mundo del mañana, no puede ser otra que la que estamos realizando, es decir, la de esclarecer las ideas, hacer resaltar los valores, de salvar, sobre la lucha, un patrimonio ideal para que pueda tornar a dar frutos en los tiempos futuros.” El modo de ver la situación es extravagante: “El momento que se atraviesa es de tal manera crédulo (!) fanático, partidista, que un fermento de crítica, un elemento de pensamiento (!), un núcleo de gente que contemple por sabre los intereses, no puede menos que hacer el bien.

¿No vemos enceguecidos a tantos de los mejores? Hoy todo es aceptado por la multitud (!) [y en la época de la guerra de Libia no era lo mismo? Y sin embargo en ese entonces Prezzolini no se limitó a proponer una sociedad de Apoti]: el documento falso, la leyenda grosera, las supersticiones primitivas son recibidas sin examen, a ojos cerrados, y propuestas como remedio material y espiritual. Y cuántos jefes tienen como programa abierto la esclavitud del espíritu como remedio del aburrimiento, como refugio de los desesperados, como curalotodo de los políticos, como calmante de los exasperados. Nosotros podemos llamarlos la congregación de los Apoti, de “aquellos que no la beben”, aunque no sólo el hábito sino la voluntad general de beberla es evidente y se manifiesta por doquier.”

Una afirmación de un singular jesuitismo sofístico: “Se desea que una minoría, adaptada a esto, se sacrifique si es necesario y renuncie a muchos éxitos externos, sacrifique también el deseo de sacrificio de heroísmo (!) no diré para ir precisamente contra la corriente, sino para establecer un punto sólido, desde el cual reanudará su camino el movimiento en avance, etc.”

El artículo en que Prezzolini defiende la “Voce” y “reinvidiea con pleno derecho un puesto para ella en la preparación de la Italia contemporánea” es citado en la “Fiera Letteraria” del 24 de febrero de 1928 y por consiguiente debe haber sido publicado en el “Lavoro Fascista” de algunos días antes.

El artículo ha sido provocado por una serie de articulitos de la “Tribuna” contra Papini, en los cuales se descubrían en su estudio Su questa letteratura (publicado en el primer número del “Pégaso”) rasgos del viejo “protestantismo” de la “Voce”. El escritor de la “Tribuna” ex-nacionalista de la primera “Idea Nazionale”, no lograba olvidar todavía los viejos rencores contra la “Voce”, mientras que Prezzolini no tuvo el coraje de sostener su posición de entonces.

Sobre este tema Prezzolini publicó también una carta en “Davide”, que aparecía irregularmente en Turín en el 1925-1926, dirigido por Gorgerino. Es necesario recordar también su libro sobre la Cultura italiana de 1923 y su volumen sobre el Fascismo (en francés). Si Prezzolini tuviese coraje civil podría recordar que su “Voce” ha influído verdaderamente mucho sobre algunos elementos socialistas y ha sido un elemento de revisionismo. Recordar su colaboración y la de Papini, así coma la de muchos vocianos, en el primer “Popolo d ‘Italia “.

Artículo de Prezzolini: Monti, Pellico, Manzoni, Foscolo, veduti da viaggiatori americani, publicado en el “Pégaso” (de Ojetti) de mayo de 1922. Prezzolini transcribe un fragmento del crítico de arte americano H. Y. Tuckerman (Tre Italian Sketch-Book, 1848, p. 123): “En Italia, algunos de los jóvenes elementos liberales se muestran bastante desilusionados porque uno, que estaba por convertirse en un mártir de su causa, se haya inclinado en cambio, a la devoción y muestran su desagrado por haber llegado a emplear su pluma para escribir himnos y odas religiosas”; y comenta: “El despecho que experimentaban los más accesibles por no haber encontrado en Pellico un instrumento de pequeña polémica política, está pintado en estas “observaciones.” Por qué se debía tratar de “despecho” mezquino y por qué, antes de 1848, la polémica contra las persecuciones austríacas y clericales debía ser “pequeña”, es justamente un misterio “profano” de la mentalidad brescianesca.

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