Giovanni Papini.

Giovanni Papini se ha convertido en el “pío autor” de la “Civiltà Cattolica”.

En Papini falta la rectitud: hay diletantismo moral. En el primer período de su carrera literaria esta deficiencia no impresionaba porque Papini basaba su autoridad en sí mismo, era el “partido de sí mismo”. Divertía, no podía ser tomado en serio más que por unos pocos filisteos (recordar la discusión con Annibale Pastore).

Hoy Papini se ha inscripto en un vasto movimiento del cual obtiene autoridad: su actividad se ha convertido por ello en canallesca en el sentido más despreciable, del sparafucile, del sicario mercenario. Si un niño rompe los vidrios para divertirse o por travesura aunque sea artificiosa, es una cosa; pero si rompe los vidrios por cuenta de los vendedores de vidrio es otra cosa.

En marzo de 1932 Papini ha escrito un artículo en la “Nuova Antologia” (contra Croce) y uno en el “Corriere della Sera” sobre el Edipo de A. Gide. He leído hasta ahora sólo este último: es chapucero, difuso, pomposo y vacío. En marzo deben ser nombrados los nuevos académicos que deben completar los sillones de la Academia de Italia: los dos artículos son evidentemente la “tesis” y la “tesina” de graduación de Giovanni Papini.

Hay que ver la conferencia Carducci, alma sdegnosa, pronunciada por Papini en Forlí para la inauguración de la “Semana romañola de poesía” y publicada en la “Nuova Antologia” del 19 de setiembre de 1933. La falsedad, la falta de sinceridad histriónica de esta conferencia es tal como para sacar los ojos.

Sería interesante, además que en Papini, hacer una búsqueda de la aversión contra Roma que estuvo de moda en Italia hasta 1919 en el movimiento vociano y futurista. Discurso de Papini contra Roma y Benedetto Croce;* del binomio odioso para Papini (del 1913) ha permanecido odioso Benedetto Croce. Confrontar la actitud hacia Croce abiertamente trivial de este discurso sobre Carducci y la actitud untuosamente jesuítica y cristianesca del ensayo Il Croce e la Croce.

• Cfr. Giovanni Papini, Il discorso di Roma leído el 21 de febrero de 1913 y publicado en “Lacerba” del mismo año (N. del E.).

Papini como aprendiz de jesuita.

El artículo de Papini en la “Nuova Antologia” del 19 de marzo de 1932 (II Croce e la Croce) me parece demostrar que, aún como jesuita, Papini no será nunca otra cosa que un modesto aprendiz. Es un burro viejo que quiere continuar siendo borrico no obstante el peso de los años y los achaques, gambetea y brinca torpemente.

Me parece que la característica de este artículo es la falta de sinceridad. Ver cómo Papini inicia el artículo con sus habituales chanzas estereotipadas y mecánicas contra Croce y cómo hacia el fin, haciendo de cordero pascual, anuncia untuosamente que en la colección de sus obras, los escritos sabre Croce serán expurgados de toda “amenidad” y sólo aparecerá la discusión “teórica”. Se ve que el artículo ha sido escrito de un tirón y en el curso del escrito Papini ha ido cambiando de actitud, mas no se ha cuidado de poner a tono los ladridos de las primeras páginas con los balidos de las últimas. El literato satisfecho de sí y de los golpes de florete, que cree haber acertado, es siempre superior al pseudocatólico, y también al jesuita. Allá él! y no ha querido sacrificar lo ya escrito. Mas todo lo escrito aparece empachado, lanzado, construido mecánicamente, tal como una cereza arrastra a la otra, especialmente la segunda parte en donde la hipocresía se trasluce repugnantemente.

Me parece sin embargo que Papini se muestra obsesionado por Croce. Croce tiene en él la función de la conciencia, de las “manos ensangrentadas” de Lady Macbett. Y Papini reacciona a esta obsesión ora haciéndose el petulante, intentando la burla y el engaño, ora lloriqueando miserablemente; el espectáculo es siempre digno de compasión.

El mismo título del artículo es sintomático: que Papini se sirva de la “cruz” para hacer un juego de palabras es un testimonio de la calidad literaria de su catolicismo.

Es de observar cómo los escritores de la “Civiltà Cattolica” le tienen predilección, le hacen arrumacos, lo miman y lo defienden de toda acusación de poca ortodoxia.

Frases de Papini contenidas en su libro sobre Sant’Agostino y que muestran la tendencia al secentismo (los jesuitas fueron representantes sobresalientes del secentismo): “cuando se debatía para salir de las cantinas del orgullo a respirar el aire divino de lo absoluto”, “ascender del estercolero a las estrellas”, etc. Papini se ha convertido no al cristianismo, sino propiamente al jesuitismo (se puede decir, por otro lado, que el jesuitismo con su culto del Papa y la organización de imperio espiritual absoluto es la etapa más reciente del cristianismo católico).

El catolicismo adopta el estilo de Papini. No dirá más “siete”, sino “cuántos son los pecados capitales”: “No ya que faltasen traducciones italianas de la obra maestra goethiana; Manacorda las ha tenido presente; íntegras o no, tantas cuanto son los pecados capitales” (Il Faust svelato, en el “Corriere della Sera” del 26 de abril de 1932).

Giovanni Papini, cuando quiso enfermar a los filisteos italianos, en junio de 1913 escribió en “Lacerba” el artículo Gesú peccatore, colección sofística de anécdotas y de conjeturas forzadas extraídas de los evangelios apócrifos. Por este artículo pareció que iba a sufrir una acción judicial con gran espanto suyo. Había sostenido como plausible y probable la hipótesis de las relaciones homosexuales entre Jesús y Juan. En su artículo sobre Cristo romano, en el volumen Gli operai della vigna, con los mismos procedimientos críticos y el mismo “vigor” intelectual, sostiene que César es un precursor de Cristo, hecho nacer en Roma por la providencia para preparar el terreno al cristianismo. En un tercer período es probable que Papini, empleando “las geniales iluminaciones críticas” que caracterizan a Arturo Loria, llegue a la conclusión de la necesidad de las relaciones entre el cristianismo y la inversión.

En la “Italia Letteraria” del 20 de agosto de 1933, Luigi Volpicelli escribe así de Papini (incidentalmente, en un ensayo sobre los Problemi delle letteratura d’ oggi, aparecido en varias entregas): “No basta en cincuenta años, y que me perdone Papini mi franqueza, no basta decir: el escritor debe ser maestro; es necesario poder decir al menos: he aquí, gente rufiana, el arte verdadero, el arte maestro. Pero limitarse a proponer, a los cincuenta años de edad o algo así al escritor como maestro, cuando no lo ha sido jamás, no vale ni siquiera un mea culpa. Y en efecto, ya estamos acostumbrados a la misma cantilena! Papini ha ejercido todos los oficios, para luego ensuciarlos a todos: el de filósofo, para concluir que la filosofía es una especie de gangrena del cerebelo; el de católico para incinerar al universo con un diccionario apropiado; el de literato para sancionar por último que no sabemos qué hacer de la literatura. Esto no quita que Papini no haya conquistado un puestito en la literatura dentro del capítulo de los “polemistas”. Para la polémica vale la oratoria: es justamente la forma pura y vacía, el mero amor a las palabras y a la técnica, al gesto, un caligrafismo espiritual y congénito. En suma, la cosa más lejana posible del escritor como maestro.”

Papini ha sido siempre un “polemista” en el sentido que dice Volpicelli, y lo es aún hoy, ya que no se sabe si en la expresión “polemista católico” a Papini le interesa más el sustantivo o el adjetivo. Con su “catolicismo” Papini habría querido demostrar no ser un “polemista” puro, es decir, un “calígrafo”, un funámbulo de la palabra y la técnica, ¡pero no lo ha logrado! Volpicelli está equivocado al no precisar que el polemista es polemista de una concepción del mundo, aunque sea el mundo de Polichinella, pero Papini es el polemista “puro”, el boxeur de profesión de la palabra cualquiera. Volpicelli habría debido arribar, explícitamente, a la afirmación que el catolicismo en Papini es un vestido de clown, no la “piel” formada por su sangre “renovada”, etc.

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