Criterios de método.

Sería absurdo pretender que cada año, o aún cada diez años, la literatura de un país produzca un libro como Los Novios o como Los Sepulcros, etc. He aquí por qué la actividad crítica normal no puede dejar de tener esencialmente un carácter “cultural” y ser una crítica de “tendencia”, pues de lo contrario se convertiría en una destrucción continua (y en este caso ¿cómo escoger la obra a destruir y al escritor que es necesario mostrar como extraño al arte? Este problema parece no tener importancia, sin embargo, es fundamental cuando se reflexiona desde el punto de vista de la moderna organización de la vida cultural.) Una actividad crítica que fuese permanentemente negativa, hecha de mutilaciones, que demuestre que no se trata de “poesía” sino de “no poesía”,* sería tediosa y repugnante. La “elección” asemejaría una caza del hombre, o bien podría ser considerada “casual” y por lo tanto irrelevante.

* Poesía” y “no-poesía”: fórmula de Croce que en una obra literaria distingue lo que pertenece al arte (poesía) de lo que le es extraño (no-poesía). Con el mismo título Poesía e non poesía, B. Croce ha escrito un libro de crítica da la literatura europea del siglo XIX, editado por Laterza. (N. del T.).

Parece cierto que la actividad crítica debe tener siempre un aspecto positivo en el sentido de poner de relieve, en la obra examinada, un valor positivo. Si este valor no puede ser artístico, puedo serlo cultural, y lo que importará entonces, no es tanto el libro en sí mismo (salvo raras excepciones) sino los grupos de trabajos clasificados por tendencias culturales. Sobre la elección: fuera de la intuición del crítico y el examen sistemático de toda la literatura, trabajo colosal y casi imposible de hacer individualmente, el criterio más simple parece ser del “éxito de librería” expresión que debe ser entendida en dos sentidos: “éxito de lectores” y “éxito entre los editores”, criterio este último que en algunos países donde la vida intelectual es controlada por los órganos gubernativos, tiene su significado pues indica qué dirección quiere imprimir el Estado a la cultura nacional.

Partiendo de los criterios de la estética crociana se presentan los mismos problemas. El crítico debe conocer “todo” para estar en condiciones de encontrar la “perla” en el fango. Ya que “fragmentos” de poesía pueden encontrarse en todos lados, en el “Amor ilustrado” como en la obra de ciencia estrictamente especializada. En realidad, cada crítico tomado en particular siente pertenecer a una organización de cultura que obra como conjunto; lo que le escapa a uno es “descubierto” y señalado por otro, etc. Del mismo modo la propagación de los “premios literarios” no es otra cosa que una manifestación, más o menos bien organizada, con mayores o menores elementos de fraude, de este servicio de “señalación” colectiva de la crítica literaria militante.

Es de observar que en ciertos períodos históricos, la actividad práctica puede absorber las mayores inteligencias creadoras de una nación. Hasta cierto punto, en tales períodos, todas las mejores fuerzas humanas están concentradas en el trabajo estructural y no se puede hablar todavía de supraestructuras. Sobre esta base en América se ha construido la teoría sociológica que quiere justificar la ausencia de un florecimiento cultural humanista y artístico en los Estados Unidos. En cada caso esta teoría, para tener al menos una apariencia de justificación, debe estar en condiciones de mostrar una vasta actividad creadora en el campo práctico. Sin embargo, queda sin respuesta una cuestión: si esta actividad “poético-creativa” existe y es vital, si exalta todas las fuerzas vitales, las energías, voluntades y entusiasmos del hombre: ¿cómo no exalta la energía literaria y no crea una épica? Si esto no ocurre, nace la duda legítima de que se trata de energías “burocráticas”, de fuerzas no expansivas universalmente, sino represivas y brutales. ¿ Se puede imaginar que los constructores de las Pirámides, esclavos manejados con el látigo, conciban líricamente su trabajo? Las fuerzas que dirigen esta grandiosa actividad práctica, es necesario subrayarlo, no son represivas sólo en sus relaciones con el trabajo instrumental, lo que podría comprenderse, son represivas universalmente; hecho típico que conduce justamente a que, por ejemplo, en América, se manifieste una cierta energía literaria en los refractarios a la organización de la actividad práctica que se deseaba aceptar como “épica” en sí misma. Sin embargo, la situación es peor allí donde a la nulidad artística ni siquiera corresponde una actividad práctica-estructural de cierta grandiosidad y se justifica la nulidad artística con una actividad práctica que se “verificará” y, a su vez, producirá una actividad artística.

En realidad, toda fuerza innovadora es represiva con relación a sus propios adversarios, pero expansiva en cuanto desencadena fuerzas latentes, aumentando su poder y exaltándolas, y la expansividad es, en gran medida, su carácter distintivo. Las restauraciones, con cualquier nombre que se presenten, y especialmente las restauraciones que se producen en la época actual, son universalmente represivas: es el triunfo del “padre Bresciani”* y la literatura brescianesca. La psicología que ha precedido a tales manifestaciones intelectuales es la creada por el pánico, por un miedo cósmico de fuerzas demoníacas que no se comprenden y por ello no se pueden controlar de otra forma que apelando a una compulsión represiva universal. El recuerdo de este pánico (de su etapa aguda) perdura largo tiempo y dirige la voluntad y los sentimientos; la libertad y la espontaneidad creadora desparecen y queda el hastío, el espíritu de venganza, la obcecación tonta disfrazada por la melifluidad jesuítica. Todo se convierte en práctico (en sentido peyorativo), todo es propaganda, polémica, negación implícita como en el Ebreo di Verona.

* El padre Bresciani, jesuita, escritor clerical de un grosero fanatismo. Autor de una Historia popular de la República Romana de 1849. Bresciani ha representado a Garibaldi y a los que combatían por la Unidad italiana como diablos y monstruos sanguinarios. Célebre por las invectivas y por las desfiguraciones de los hechos históricos. El Ebreo di Verona es una de sus novelas más conocidas. Ver más adelante la sección IV: Los sobrinitos del padre Bresciani. (N. del T.).

Cuestión de la juventud literaria de una generación. Sin duda para juzgar a un escritor del que se examina el primer libro, será necesario tener en cuenta su “edad”, ya que el juicio será siempre un juicio de cultura. Se puede apreciar el fruto verde de un joven, por su valor de promesa, y por ello alentarlo. Pero los frutos secos no son promesas, aunque parezcan tener el mismo gusto de los frutos verdes.

www.gramsci.org.ar