LOS SOBRINITOS DEL PADRE BRESCIANI

Brescianismo. Examen de una parte conspicua de la literatura narrativa italiana, especialmente de los últimos decenios.

La prehistoria del brescianismo moderno (de postguerra) puede ser identificada en una serie de escritores como Antonio Beltramelli, con libros del tipo de Gli uomini rossi, Il cavalier Mostardo, etc.; Polifilo (Luca Beltrami) con las diversas representaciones de los Popolari di Casate Olona, etc.

La literatura bastante densa y difundida en ciertos ambientes y que técnicamente tiene un mayor carácter de “sacristía”, es poco conocida, y para nada estudiada, en el ambiente laico de cultura. Su carácter tendencioso y propagandista es confesado abiertamente: se trata de la “buena prensa”. Entre la literatura de sacristía y el brescianismo laico existe una corriente literaria que en los últimos años se ha desarrollado mucho (grupo católico florentino guiado por Giovanni Papini, etc.) Un ejemplo típico son las novelas de Giuseppe Molteni. Una de éstas, Gli atei refleja el monstruoso escándalo don Rivasor Fumagalli de una manera aun más monstruosamente aberrante. Molteni llega a afirmar que precisamente por su calidad de cura obligado al celibato y a la castidad es necesario compadecer a don Riva (que violó y contagió a una treintena de niñitos de pocos años, ofrecidos por la Fumagalli para mantenerlo “fiel” a su lado) y cree que a tal masacre debe ser contrapuesta, como equivalente desde el punto de vista moral, el adulterio vulgar de un abogado ateo. Molteni era muy conocido en el mundo literario católico; ha sido crítico literario y articulista de toda una serie de diarios y periódicos clericales, entre los cuales “Italia” y “Vita e Pensiero “.

El brescianismo asume cierta importancia en el “laicismo” literario de postguerra y se está convirtiendo cada vez más en la “escuela” narrativa dominante y oficiosa.

Ugo Ojetti y la novela Mio figlio ferroviere. Características geherales de la literatura de Ojetti y diversas actitudes “ideológicas” del hombre. Escritos sobre Ojetti de Giovanni Ansaldo, que por otro lado se le asemeja mucho más de lo que parece a primera vista. La manifestación más característica de Ugo Ojetti es su carta abierta al padre Enrico Rosa publicada en el “Pégaso” y reproducida en la “Civiltà Cattolica”, con comentarios de Rosa. Ojetti, luego del anuncio del advenimiento de la conciliación entre Estado e Iglesia no sólo estaba persuadido que desde entonces todas las manifestaciones intelectuales italianas serían controladas por un estrecho conformismo católico y clerical, sino que ya se había adaptado a esta idea, y se dirigió al padre Rosa con el estilo untuosamente adulatorio de las benemerencias culturales de la Compañía de Jesús, para implorar una “justa” libertad artística. No se puede decir, a la luz de los acontecimientos posteriores (discurso en la Cámara del jefe de gobierno) si ha sido más abyecta la postración de Ojetti o más cómica la segura osadía del padre Rosa que, de todas maneras, da una lección de carácter a Ojetti, a la manera jesuíta se entiende. Ojetti es representativo de muchos puntos de vista, pero su cobardía intelectual supera toda medida normal.

Alfredo Panzini: ya en la prehistoria con algunos fragmentos, por ej. de la Lanterna di Diogene (el episodio del “lívido acero” vale un poema de comicidad), luego Il padrone sono me, Il mondo è rotondo y casi todos sus libros de la guerra en adelante. En la Vita di Cavour está contenida una alusión justamente al padre Bresciani, en verdad asombrosa si no fuese sintomática. Toda la literatura pseudohistórica de Panzini debe ser reexaminada desde el punto de vista del brescianismo laico. El episodio Croce-Panzini* referido en la “Crítica” es un caso de jesuitismo personal, además de literario.

• Cfr. “La Critica”, vol. XXIII, p. 375 (N. del E.).

De Salvador Gotta se puede decir lo que Carducci escribe de Rapisardi: “Oremus en el altar, y flatulencia en la sacristía”; toda su producción literaria es brescianesca.

Margherita Sarfatti y su novela Il palazzone. En la crítica de Goffredo Bellonci publicada en la “Italia Letteraria” del 23 de junio de 1929, se lee: “Verísima la timidez de la virgen que se detiene púdica ante el lecho matrimonial, mientras siente sin embargo que “es benigno y acogedor para las luchas futuras”. “Esta virgen púdica que siente con las expresiones técnicas de los periodistas licenciosos es impagable: la virgen Fiorella habrá presentido también las futuras “molte miglia” y su “pelliccione” bien sacudida. Sobre el punto de las luchas habría que hacer alguna amena divagación: se podría recordar el episodio legendario sobre Dante y la meretriz narrado en la colección Papini (Carabba) para decir que de “luchas” puede hablar el hombre, no la mujer. Se podría recordar también la expresión del católico Chesterton en La Nueva Jerussalem sobre la llave y la cerradura a propósito de la lucha de los sexos, para decir que el punto de vista de la llave no puede ser el de la cerradura. (Subrayar cómo Goffredo Bellonci, que se alimenta de buena gana con la erudición “preciosa” [barata] para lucirse en los periodicuchos romanos, encuentra “verdadero” que una virgen piense en las luchas.)

Mario Sobrero y la novela Pietro e Paolo pueden entrar en el cuadro general del brescianismo por el claroscuro.

Francesco Perri y la novela Emigranti. ¿Este Perri no es en resumidas cuentas Paolo Albatrelli de Conquistatori? De todos modos hay que tener en cuenta también a Conquistatori. En Emigranti el elemento más característico es la tosquedad, pero no la tosquedad del principiante ingenuo que en tal caso podría ser la materia bruta no elaborada pero que puede llegar a serlo, sino una tosquedad opaca, material, de chochera pretenciosa y no primitiva. Según Perri su novela sería “verista” y él sería el iniciador de una especie de neorealismo; ¿pero puede existir hoy un verismo no historicista? El mismo verismo del siglo XIX ha sido, en el fondo, una continuación de la vieja novela histórica en el ambiente del historicismo moderno. En Emigranti falta toda mención cronológica y se comprende. Sólo hay dos referencias genéricas que pueden ser ubicadas en épocas bien fijas: una, al fenómeno de la emigración meridional, que ha tenido un cierto decurso histórico y otra, a las tentativas de invasión a las tierras señoriales “usurpadas” al pueblo. El fenómeno migratorio ha creado una ideología (el mito de América) que ha combatido la vieja ideología a la cual estaban ligadas las tentativas esporádicas, pero endémicas de invasión de las tierras, antes de la guerra. Todo lo contrario es el movimiento de 1919-1920, que es simultáneo y generalizado y tiene una organización implícita en el permanente estado de combate meridional. En Emigranti todas estas distinciones históricas, que son esenciales para comprender y representar la vida del campesino, son anuladas y el conjunto confuso se refleja de una manera burda, brutal, sin elaboración artística. Es evidente que Perri conoce el ambiente popular calabrés no directamente, por propia experiencia sentimental y psicológica, sino por el trámite de viejos esquemas regionalistas (si él es Albatrelli es necesario tener en cuenta sus orígenes políticos, enmascarados por los pseudónimos). La ocupación (la tentativa de) de Pandore nace de “intelectuales”, sabre una base jurídica (nada menos que las destruidas leyes de J. Murat) y termina en la nada, como si el hecho (que sin embargo es presentado verbalmente como una emigración en masa del pueblo) no hubiese ni siquiera rozado los hábitos de una aldea patriarcal. Puro mecanismo de frases. Asimismo la emigración. Esta aldea de Pandore con la familia de Rocco Bléfari es (para decirlo con las palabras de otro calabrés) un pararrayos de todos los males. Insistencia sobre los errores de palabra de los campesinos, que es típica del brescianismo, si no de la imbecilidad literaria en general. Las “maquetas” (el penado, etc.) dignas de compasión, sin argucias ni humorismo. La ausencia de historicidad es “deseada” para poder meter en una bolsa sin orden todos los motivos folclóricos genéricos, que en realidad son muy distintos en el tiempo y en el espacio.

Umberto Fracchia: ver especialmente Angela.

(En el cuadro general ocupan el primer puesto Ojetti, Beltramelli, Panzini; en ellos el carácter jesuitico-retórico es más evidente y más importante es el puesto que se les asigna en las valuaciones literarias más corrientes.)

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