El “Espartaco” de Raffaele Giovagnoli.

En el “Corriere della Sera” del 8 de enero de 1932 se publica la carta enviada por Garibaldi a Raffaele Giovagnoli el 25 de junio de 1874 desde Caprera, inmediatamente después de la lectura de la novela Espartaco. La carta es muy interesante para esta rúbrica sobre la “literatura popular”, ya que Garibaldi también ha escrito “novelas populares” y en la carta están los elementos principales de su “poética” en este género. Por otro lado el Espartaco de Giovagnoli es una de las poquísimas novelas populares italianas que ha tenido difusión también en el extranjero, en un período en que la “novela” popular entre nosotros era “anticlerical” y “nacional”, o sea, tenía caracteres y límites estrictamente regionales.

Según recuerdo, me parece que Espartaco se prestaría especialmente a una tentativa que, dentro de ciertos límites podría convertirse en un método: se podría “traducirlo” a la lengua moderna, purgarlo de las formas retóricas y barrocas como lengua narrativa, repulirlo de cualquier idiosincrasia técnica y estilística, volviéndolo “actual”. Se trataría de hacer, conscientemente, aquel trabajo de adaptación a los tiempos y a los nuevos sentimientos y estilos que la literatura popular sufría tradicionalmente, cuando se transmitía por vía oral y no estaba fijada y fosilizada por la escritura y la imprenta. Si esto se hace de una lengua a otra con las obras maestras del mundo clásico que en cada época se han traducido e imitado según las nuevas culturas, ¿por qué no se podría y debería hacer con obras como Espartaco y otras, que tienen más un valor cultural “popular”, que artístico?

Este trabajo de adaptación se cumple actualmente en la música popular, con los motivos musicales difundidos popularmente. ¿Cuántas canciones de amor se han convertido en políticas, pasando por dos o tres elaboraciones? Esto ocurre en todos los países y se podría citar casos bastante curiosos (por ejemplo el himno tirolés de Andrea Hofer que ha dado forma musical a la Molodaia Gvardia *).

* Se refiere a la popular canción revolucionaria, La Joven Guardia (N. del T.).

Para las novelas existiría el impedimento de los derechos de autor que me parece que hoy duran hasta ochenta años desde la primera publicación (sin embargo, no se podría llevar a cabo tal modernización con algunas obras: por ejemplo Los Miserables, El judío errante, El Conde de Montecristo, etc. que están demasiado fijadas en la forma original).

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