Búsqueda de las tendencias e intereses morales e intelectuales que predominan entre los literatos.

¿Por qué formas de actividad tienen “simpatía” los literatos italianos? ¿Por qué no les interesa la actividad económica, el trabajo como producción individual y de grupo? Si en las obras de arte se trata el argumento económico, lo que interesa es el momento de la “dirección”, del “dominio”, del “comando”, de un “héroe” sobre los productores; o la producción genérica, el trabajo genérico en cuanto elemento genérico de vida y de poderío nacional, y por ello motivo de vuelos oratorios. La vida de los campesinos ocupa un espacio mayor en la literatura, pero no como trabajo y fatiga, sino como “folklore”; como pintorescos representantes de costumbres y sentimientos curiosos y raros. Por ello la “campesina” ocupa mayor espacio aún, con sus problemas sexuales en el aspecto más exterior y romántico y, además, porque la mujer con su belleza puede ascender fácilmente a los grupos sociales superiores.

El trabajo del empleado es fuente inagotable de comicidad. En cada empleado se ve al Oronzo E. Marginati del viejo “Travaso”.

El trabajo del intelectual ocupa poco espacio, o es presentado en su expresión de “heroísmo” y de “superhumanismo”, con el gracioso resultado que los escritores mediocres representan “genios” de su propia estatura y es sabido que si un hombre inteligente puede fingirse tonto, un tonto no puede fingirse inteligente.

Ciertamente, no se puede imponer a una o más generaciones de escritores que tengan simpatías por tal o cual aspecto de la vida, pero que una o más generaciones de escritores tengan ciertos intereses intelectuales y morales y no otros, tiene, sin embargo, un significado, ya que indica que entre los intelectuales predomina una dirección cultural determinada. Aún el verismo italiano se distingue de las corrientes realistas de los demás países en cuanto se limita a describir la “bestialidad” de la llamada naturaleza humana (un verismo en sentido grosero), o en cuanto centra su atención en la vida provincial y regional, en aquello que era la Italia real en contradicción con la Italia “moderna” oficial, no ofrece representaciones valiosas del trabajo y la fatiga. Para los intelectuales de la tendencia verista, la preocupación obsesiva no fue (como en Francia) establecer un contacto con las masas populares ya “nacionalizadas” en sentido unitario, sino dar los elementos que demostraban que la Italia real no estaba aún unificada. Por otro lado, existen diferencias entre el verismo de los escritores septentrionales y el de los meridionales (por ej. Verga, cuyo sentimiento unitario era muy fuerte, como se evidencia en la actitud asumida por él frente al movimiento autonomista de “Sicilia Nuova”, en 1920).

Pero no basta que los escritores no consideren digna de epos la actividad productiva, que representa, sin embargo, toda la vida de los elementos activos de la población. Cuando se ocupan de ella, sus actitudes equivalen a las del padre Bresciani.

Ver los escritos de Luigi Russo sobre Verga y sobre Giuseppe Cesare Abba. G. C. Abba puede ser citado como ejemplo italiano de escritor “nacional-popular”, aunque no haya sido muy “popular” entre el pueblo y no haya formado parte de ninguna corriente que criticase, por razones sectarias de partido, las posiciones de la clase dirigente. Es necesario analizar no sólo los escritos de Abba que tengan valor poético, sino también los demás, como aquél dirigido a los soldados, que fuera premiado por las autoridades gubernativas y militares y difundido durante algún tiempo en el ejército. En el mismo sentido cabe recordar el ensayo de Papini publicado en “La cerba” luego de los acontecimientos de junio de 1914. Hay que poner de relieve también las posiciones de Alfredo Oriani, recordando, sin embargo, que son demasiadas abstractas y oratorias, y desfiguradas por su titanismo de genio incomprendido. En la obra de Pedro Jahier (recordemos sus simpatías por Proudhon) hay algo notable de carácter popular-militar, mal aderezado, sin embargo, con el estilo bíblico y claudeliano del escritor, que frecuentemente lo hace inaguantable y menos eficaz, porque oculta una forma snobista de retórica. Toda la literatura de Strapaese* debería ser “nacional‑popular” como programa, pero lo es solamente en el programa, lo que la ha convertido en una corriente peyorativa de la cultura. Longanesi debe haber escrito también un librito para reclutas, lo cual demuestra cómo las escasas tendencias nacional-populares nacen, más que nada, de preocupaciones militares.

• Strapaese (Super-región): Movimiento literario italiano de la década del 20 enfrentando al grupo de Stracittà (Super-ciudad). Benjamín Cremieux en su Panorama de la litterature italianne contemporaine, París, Kra, 1928, caracteriza de la siguiente manera a ambos movimientos: “Tradicionalismo de base regional o modernismo de base europea... La palabra Strapaese (tomada en su acepción más restringida de “Extra-lugar”) se ha convertido en bandera y símbolo de los tradicionalistas. Por oposición, los partidarios del movimiento modernista (la revista 900, Novecento, XX siglo) se han convertido en los defensores de Stracittà, en “super-ciudadanos”.

“Para quien observa las cosas desde afuera, Strapaese y Stracittà son las manifestaciones naturales del imperialismo fascista. Strapaese marca el orgulloso repliegue sobre sí de un pueblo que, en lo sucesivo, quiere decidir “da sé” (por sí mismo) . Stracittà marca un paso adelante en el camino del imperialismo, una tentativa por hacer resonar de inmediato en el mundo la voz de la Italia literaria, aunque sea por medio de un idioma no-nacional.”

El grupo de Stracittà reunía especialmente a los escritores Orio Vergani, Corrado Alvaro, Massimo Bontempelli... Strapaese tenía como partidarios a Curzio Malaparte, Ardengo Soffici, Giuseppe Ungaretti, Vincenzo Calderelli, Giovanni Papini... (N. del T.).

Las preocupaciones nacional-populares en el planteamiento del problema crítico-estético y moral-cultural se ponen de relieve en Luigi Russo (de quien hay que analizar el pequeño volumen sobre los Narratori) como resultado de un “retorno” a las expreriencias de De Sanctis luego del punto de llegada del crocianismo.

Es de hacer notar que el brescianismo es en el fondo un individualismo antiestatal y antinacional, aun cuando esté velado por un nacionalismo y estatismo frenético. “Estado” significa, en especial, la dirección consciente de las grandes multitudes nacionales; es necesario entonces un “contacto” sentimental e ideológico con tales multitudes, y en cierta medida, simpatía y comprensión de sus necesidades y exigencias. Ahora bien, la ausencia de una literatura nacional-popular, debida a la falta de interés y preocupación por estas necesidades y exigencias, ha dejado el mercado literario “abierto” a la influencia de grupos intelectuales de otros países que, siendo “populares-nacionales” en su patria, logran serlo también en Italia, ya que las exigencias y las necesidades que tratan de satisfacer son aquí similares. Así, el pueblo italiano se ha apasionado y continúa apasionándose, como lo demuestran los más recientes boletines editoriales, a través de la novela histórica-popular francesa, por las tradiciones francesas monárquicas y revolucionarias y conoce más la figura popular de Enrique IV que la de Garibaldi, la revolución de 1789 más que el Risorgimiento, las invectivas de Víctor Hugo contra Napoleón III más que las lanzadas por los patriotas italianos contra Metternich; se apasiona por un pasado no suyo, se sirve en su lenguaje y pensamiento de metáforas y referencias culturales francesas, etc. Culturalmente, es más francés que italiano.

Para estudiar la dirección nacional-popular dada por De Sanctis a su actividad crítica, ver la obra de Luigi Russo: Francesco De Sanctis e la cultura napoletana, 1860-1885, ed. La Nuova Italia, 1928, y el ensayo de De Sanctis La scienza e la vita. Tal vez se pueda decir que De Sanctis ha sentido fuertemente el contraste “Reforma-Renacimiento”, es decir, precisamente el contraste entre vida y ciencia que estaba en la tradición italiana como una debilidad de la estructura nacional-estatal, y ha tratado de reaccionar contra él. He aquí porqué, en determinado momento, se separa del idealismo especulativo y se aproxima al positivismo y al verismo (simpatías por Zola, del mismo modo que Russo por Verga y Di Giácomo). Como parece observar Russo en su libro:* “Todo secreto de la eficacia de De Sanctis hay que buscarla en su espiritualidad democrática, la que le hace sospechar de todo movimiento o pensamiento que asuma caracteres absolutistas y privilegiados, y en la tendencia y la necesidad de concebir el estudio como momento de una actividad más vasta, tanto espiritual como práctica, encerrada en la fórmula de su famoso discurso: La scienza e la vita.

*Cfr. la crítica de G. Marzot, en la “Nuova Italia” de mayo de 1932

La antidemocracia en los escritores brescianescos no tiene ningún significado relevante y coherente desde el punto de vista político. Es la forma de oposición a todo tipo de movimiento nacional-popular, determinada por el espíritu económico-corporativo de casta, de origen medieval y feudal.

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