En el número de marzo de 1933 de la “Educazione Fascista”, ver el artículo polémico de Argo contra Paul Nizan Idee d’oltre confine a propósito de la concepción de una nueva literatura que surja de una integral renovación intelectual y moral. Me parece que Nizan presenta bien el problema cuando comienza definiendo qué significa una renovación integral de las premisas culturales y limita el campo de la investigación. La única objeción fundada de Argo es ésta: la imposibilidad para la nueva literatura de saltar una etapa nacional, autóctona, y los peligros “cosmopolitas” de la concepción de Nizan. Desde este punto de vista es necesario rever muchas críticas de Nizan a los grupos de intelectuales franceses: “N.R.F.”,* el “populismo”, etc., hasta el grupo de “Monde”, no porque las críticas no sean justas políticamente, sino porque es imposible que la nueva literatura no se manifieste “nacionalmente” en combinaciones y mezclas diversas, más o menos híbridas. Es necesario Confrontar y estudiar en forma objetiva toda la corriente.

* “Nouvelle Revue Francaise”. (N. del E.).

Por otro lado, en lo concerniente a la relación entre literatura y política, es necesario tener presente este criterio: el literato debe tener necesariamente perspectivas menos precisas y definidas que el político, debe ser menos “sectario”, si así puede decirse, pero de una manera “contradictoria”. Para el político toda imagen “fijada” a priori es reaccionaria; el político considera todo el movimiento en su devenir. El artista, en cambio, debe tener imágenes “fijadas” y solidificadas en su forma definitiva. El político imagina al hombre como es, y, al mismo tiempo, cómo debe ser para alcanzar un fin determinado; su labor consiste precisamente en impulsar a los hombres a moverse, a salir de su ser actual y “conformarse” a dicho fin.

El artista representa necesariamente, de una manera realista, “lo que hay”, en determinado momento, de personal, de no-conformista, etc. Por este motivo, desde su punto de vista, el político no estará jamás satisfecho del artista, ni llegará a estarlo nunca. Siempre lo encontrará retrasado respecto al tiempo, anacrónico y superado por el movimiento real. Si la historia es un continuo proceso de liberación y autoconciencia, es evidente que cada etapa, como historia y, en este caso, como cultura, será inmediatamente superado y no interesará más. Me parece que es necesario tener en cuenta esto para valorar los juicios de Nizan sobre los diversos grupos.

Pero desde un punto de vista objetivo, así como todavía hoy, para ciertas etapas de la población, Voltaire es “actual”, de la misma manera pueden ser actuales, o mejor dicho lo son, estos grupos literarios y las combinaciones que ellos representan. Objetivo quiere decir, en este caso, que el desarrollo de la renovación intelectual y moral no es simultáneo en todas las capas sociales. Todo lo contrario: aún hoy, es bueno repetirlo, muchos son partidarios de Ptolomeo antes que de Copérnico. Existen muchos “conformismos”, muchas luchas por nuevos “conformismos” y diversas combinaciones entre aquello que es (en sus variados comportamientos) y aquello por cuyo advenimiento se trabaja (y son muchos los que trabajan en este sentido). Colocarse en el punto de vista de una “sola” línea de movimiento progresivo, donde cada nueva adquisición se acumula y se convierte en la premisa de nuevas adquisiciones, constituye un grave error. No sólo son múltiples las líneas, sino que hasta en la “más progresista” se dan pasos atrás. Además, Nizan no sabe plantear la cuestión de la llamada “literatura popular”, es decir, del éxito que encuentra entre las masas populares la literatura de folletín (de aventura, policial, serie amarilla, etc.), éxito ayudado por el cinematógrafo y por la prensa. Y, sin embargo, esta cuestión es la que representaba el problema más importante de una nueva literatura en cuanto a expresión de una renovación intelectual y moral, ya que solamente entre los lectores de la literatura do folletín se puede seleccionar el público suficiente y necesario para crear la base cultural de la nueva literatura. Me parece que el problema es el siguiente: ¿Cómo crear un cuerpo de literatos que artísticamente esté por encima de la literatura de folletín, como Dostoievsky lo estaba con respecto a Sué y a Soulié, o como Chesterton, en la novela policial, lo estaba con relación a Conan Doyle y a Wallace, etc.? En esta tarea es preciso abandonar muchos prejuicios, pero especialmente es necesario pensar que no sólo es imposible tener su monopolio sino que se le opone una gigantesca organización de intereses editoriales.

El prejuicio más común es el siguiente: que la nueva literatura debe identificarse como una escuela artística de origen intelectual, tal como fue el caso del futurismo. La premisa de la nueva literatura es necesariamente, histórica, política, popular; debe tender a elaborar lo que ya existe, no importa si en forma polémica o de otra manera; lo que sí importa es que penetre sus raíces en el humus de la cultura popular así como es, con sus gustos, tendencias, etc., con su mundo moral e intelectual, por más atrasado y convencional que sea.

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