Criterios de crítica literaria.

¿El concepto de que el arte es arte y no propaganda política “deseada” y propuesta, puede ser, en sí mismo, un obstáculo para la formación de determinadas corrientes culturales que sean reflejo de su tiempo y contribuyan a reforzar ciertas corrientes políticas? Por el contrario, creo que ese concepto sitúa el problema en términos más radicales y de una crítica más concluyente y eficaz. Sentado el principio de que en la obra de arte debe buscarse sólo el aspecto artístico, no queda excluida de ninguna manera, la búsqueda de la masa de sentimientos, de la actitud hacia la vida que circula en la misma obra de arte. Al contrario, éste es un punto de vista admitido por las corrientes estéticas modernas, como se puede ver en De Sanctis y en el mismo Croce. Se excluye, sí, que una obra de arte sea bella por su contenido político y moral, y no ya por la forma en la cual el contenido abstracto se ha fundido e identificado. Más aún, se analiza si una obra de arte ha fracasado al haberse desviado el autor por preocupaciones prácticas exteriores, es decir, artificiosas y faltas de sinceridad. Parece ser éste el punto crucial de la polémica: Alguien “quiere” expresar artificialmente un determinado contenido y no crea una obra de arte. El fracaso artístico de la obra de arte dada (ya que esa persona ha demostrado ser un artista en otras obras realmente sentidas y vividas) demuestra que tal contenido es, en esa persona, una materia sorda y rebelde; que su entusiasmo es ficticio y deseado exteriormente y que no es, en este caso, un artista, sino un sirviente que desea agradar a sus amos. Hay, por lo tanto, dos series de hechos: una de carácter estético o de arte puro, y otra de política cultural (es decir de política). El hecho de negar el carácter artístico de una obra puede servir al criterio político como tal para demostrar que alguien como artista no pertenece a aquel determinado mundo político y—ya que su personalidad es esencialmente artística—que en su vida íntima, en la vida que le es propia, el mundo en cuestión no actúa, no existe. Esa persona entonces es un comediante de la política, quiere hacer creer lo que no es, etc. El crítico político lo denuncia pues no como artista sino como “oportunista político”.

La presión del político para que el arte de su tiempo exprese un determinado mundo cultural es actividad política, no de crítica artística. Si el mundo cultural por el que se lucha es un hecho viviente y necesario, su expansión será irresistible y encontrará sus artistas. Pero, si no obstante la presión, ese carácter irresistible no aparece ni actúa, significa que se trataba de un mundo ficticio y postizo, de una elucubración, sobre el papel, de mediocres que se lamentaban que los hombres de mayor estatura no estén de acuerdo con ellos. El modo mismo de plantear la cuestión puede ser indicio de la solidez de tal mundo moral y cultural; y en efecto, el llamado “caligrafismo”* no es más que la posición defensiva de los pequeños artistas que, de manera oportunista, afirman ciertos principios pero se sienten incapaces de expresarlos artísticamente, es decir, en su actividad específica, y divagan entonces sobre formas puras haciendo de ellas su propio contenido, etc. El principio formal de la distinción de las categorías espirituales y de su unidad de circulación,** por abstracto que sea, permite aprehender la realidad efectiva y criticar la arbitrariedad y la inconsistencia de quien no acepta jugar con las cartas sobre la mesa, o es simplemente un mediocre llevado por azar a un puesto de dirección.

* El equivalente castellano de “caligrafismo” sería “formalismo” o “arte por el arte”. (N. del T.).

** Gramsci se refiere aquí a las concepciones de Benedetto Croce, para quien el conocimiento humano recorre en su desarrollo una serie de etapas o categorías espirituales a partir de la forma intuitiva del sentimiento que se expresa en la imagen artística. Cada una de dichas categorías se deriva de la anterior y condiciona a la siguiente a través de un proceso de acción recíproca. El término extremo de la serie se suelda con el primer término y el “círculo” se cierra, volviendo a comenzar el recorrido. Ilustrando esta concepción, Croce la resume así en su Breviario de Estética, “Nuestro pensamiento es pensamiento histórico de un mundo histórico, proceso del desarrollo de un desarrollo, y apenas se ha pronunciado la cualidad de una realidad, cuando ya la cualidad no vale, porque ella misma ha producido una nueva realidad, a la que corresponde una cualidad nueva. Una nueva realidad, que es vida económica y moral, y que cambia al hombre intelectual en el hombre práctico, en el político, en el santo, en el industrial y en el héroe, y elabora la síntesis a priori práctica, dando un lugar a un nuevo sentir, a un nuevo desear, en la cual no puede detenerse el espíritu porque solicita, ante todo, como nueva materia, una nueva intuición, una nueva lírica, un nuevo arte.” (Breviario de Estética, edic. Espasa Calpe, 5ta. edic., pág. 70. (N. del T.))

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