NOTAS DISPERSAS

Babbitt.

el trabajo de Carlo Linati, Babbitt compra il mondo, aparecido en "Nuova Antologia" del 16 de octubre de 1929. Artículo mediocre, pero precisamente por ello significativo como expresión de una opinión media. Puede servir para fijar qué piensan del americanismo los pequeños burgueses más inteligentes. El artículo es una variación sobre el libro de Edgard Ansel Maurer, This American World, que Linati juzga "verdaderamente agudo, rico en ideas y escrito con una concisión entre clásica y brutal, que agrada, y por un pensador que no peca ciertamente por falta de espíritu de observación, de sentido de la gradación histórica y de variedad en su cultura". Maurer reconstruye la historia cultural de los Estados Unidos hasta la ruptura del cordón umbilical con Europa y el advenimiento del americanismo.

Sería interesante analizar los motivos del gran éxito obtenido por Babbitt en Europa. No se trata de un gran libro; está construido esquemáticamente y su estructura es demasiado manifiesta. Tiene una importancia cultural más que artística: la crítica de las costumbres prevalece sobre el arte. Que en América exista una corriente literaria realista que comienza por hacer la crítica de las costumbres es un hecho cultural muy importante; significa que se extiende la autocrítica, vale decir, que nace una nueva civilización americana consciente de sus fuerzas y de sus debilidades. Los intelectuales se distancian de las clases dominantes para unirse luego a ellas más íntimamente, para ser una verdadera superestructura y no sólo un elemento inorgánico e indiferenciado de la estructura-corporación.

Los intelectuales europeos han perdido en parte esta función; no representan más que la autoconciencia cultural, la autocrítica de la clase dominante; volvieron de nuevo a convertirse en agentes inmediatos de la clase dominante. o también se separaron por completo, constituyendo una casta en sí, sin raíces en la vida nacional popular. Ellos se ríen de Babbitt, se divierten por su mediocridad, por su ingenua estupidez, por su manera de pensar en serie, por su mentalidad estandarizada. Ni se plantean siquiera el problema de si existen en Europa los Babbitt. La cuestión es que en Europa el pequeño burgués estandarizado existe, pero su estandarización en lugar de ser nacional (y de una gran nación como los Estados Unidos) es regional, es local. Los Babbitt europeos son de una gradación histórica inferior a la del americano; son una debilidad nacional mientras que el americano es una fuerza nacional; son más pintorescos pero más estúpidos y ridículos. Su conformismo gira en torno a una superstición putrefacta y debilitadora, mientras que el conformismo de Babbitt es ingenuo y espontáneo, y gira alrededor de una superstición energética y progresiva.

Para Linati, Babbitt es "el prototipo del industrial americano moderno", mientras que en cambio es un pequeño burgués cuya manía más típica es la de entrar en familiaridad con los "industriales modernos", de ser un igual, de ostentar su "superioridad" moral y social. El industrial moderno es el modelo a alcanzar, el tipo social al cual conformarse, mientras que para el Babbitt europeo el modelo y el tipo están dados por el canónico de la catedral, por el hidalgüelo de provincia, por el jefe de sección del Ministerio. Es digna de subrayar esta falta de crítica de los intelectuales europeos. Siegfried [1], en el prefacio a su libro sobre los Estados Unidos, contrapone al obrero taylorizado americano el artesano de la industria de lujo parisina, como si este fuese el tipo más difundido de trabajador; los intelectuales europeos en general piensan que Babbitt es un tipo puramente americano y se regocijan con la vieja Europa. El antiamericanismo es cómico, además de ser estúpido.

1 ANDRE SIEGFRIED, Les Etats-Unis d'aujourd'hui, París, 1927. (N. de la R.).

Nuevamente Babbitt. El pequeño burgués europeo se ríe de Babbitt y por ende de América, que estaría poblada por 120 millones de Babbitt. El pequeño-burgués no puede escapar de sí mismo, no puede comprenderse a sí mismo, como el imbécil no puede tampoco comprender que lo es (sin demostrar con ello que es un hombre inteligente). De allí que sean imbélices quienes no saben que lo son y sean pequeño burgueses y filisteos quienes lo ignoran. El pequeño burgués europeo se ríe del particular filisteísmo [incultura] americano, pero no se da cuenta del suyo, no sabe que es un Babbitt europeo inferior al personaje de Lewis en cuanto éste trata de evadirse, de no ser más Babbitt, mientras que el Babbitt europeo no lucha contra su filisteísmo sino que se regodea con él y cree que sus versos y su croac-croac de rana clavada en el pantano son un canto de ruiseñor. A pesar de todo Babbitt es el filisteo de un país en movimiento; el pequeño burgués europeo es el filisteo de países conservadores, que se pudren en la ciénaga paralizante del lugar común de la gran tradición y de la gran cultura. El filisteo europeo cree haber descubierto América con Cristóbal Colón y que Babbitt es un títere para su diversión de hombre cargado de milenios de historia. Entre tanto, ningún escritor europeo ha sido capaz de representarse el Babbitt europeo, es decir de autocriticarse: justamente es imbécil y filisteo sólo quien no sabe que lo es.

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