Owen, Saint-Simon, y las escuelas infantiles de Ferrante Aporti.

De un artículo sobre La quistione delle scuole infantili e dell'abate Aporti secondo nuovi documenti ("Civiltà Cattolica" del 4 de agosto de 1928) se deduce que los jesuitas y el Vaticano en 1836, eran contrarios a la apertura de asilos infantiles en Bolonia, del tipo de los sostenidos por F. Aporti, porque entre los sostenedores estaba "un cierto doctor Rossi", "con fama de ser fautor del sansimonismo [ciencia + religión], entonces muy ruidoso en Francia y bastante temido también en Italia quizás más de cuanto merecía" (p. 221). El arzobispo de Bolonia reclamando la atención de la Santa Sede acerca de la propaganda y distribución de folletos que se hacían sobre los asilos infantiles, escribía: "En sí misma la obra podría ser buena, pero temía bastante por ciertas personas que están en la dirección de la empresa y por el gran empeño que muestran ..., que el autor de estas escuelas es un cierto Roberto Owen, protestante, como es referido en la "Guida dell'educatore" del profesor Lambruschini, impresa, en Florencia, en el Nero. 2, de febrero de 1836, pp. 66..." (p. 224). El consultor del Santo Oficio, padre Cornelio Everboeck, jesuita, dio su parecer sobre los asilos al asesor del Santo Oficio, monseñor Cattani, en febrero de 1837. Es un estudio de 48 grandes y densas páginas, donde se comienza examinando la doctrina y el método de los sansimonistas y se concluye afirmando que el método de las nuevas escuelas está infectado, o al menos muy sospechado de estarlo, por la doctrina y las máximas del panteísmo y del sansimonismo; se aconseja su condena y se propone una encíclica contra la secta y la doctrina de los sansimonistas". (p. 224 ). El redactor de la "Civiltà Cattolica" reconoce que mientras la primera parte del estudio, contra el sansimonismo en general, como doctrina, muestra "el estudio y la erudición del consultor", la segunda parte en cambio, que debía demostrar la infiltración del sansimonismo en la nueva forma de escuela es mucho más breve y más débil, "manifiestamente inspirada y en parte desviada de las noticias y de la persuasión" de los informadores de Bolonia que allí habían visto y denunciado los métodos, el espíritu y el peligro del sansimonismo francés. La Congregación del Santo Oficio no insistió sobre el peligro del sansimonismo, pero prohibió los folletos y las escuelas que siguieran ese método. Cuatro consultores aconsejaron en ese momento una encíclica contra el sansimonismo.

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