ROTARY CLUB, MASONERIA, CATOLICOS.

Rotary Club.

Actitud contraria, aunque con algunas reservas, de los jesuitas de la "Civiltà Cattolica". La Iglesia como tal, todavía no ha tomado posición con respecto al Rotary Club. Los jesuitas reprochan al Rotary sus vínculos con el protestantismo y con la masonería: ven en él un instrumento del americanismo, y por ende de una mentalidad anticatólica. El Rotary sin embargo no quiere ser confesional ni masónico; en sus filas pueden entrar todos: masones, protestantes, católicos, en algunos lugares se adhirieron también arzobispos católicos. Su programa esencial parece ser la difusión de un nuevo espíritu capitalista, es decir, la idea de que la industria y el comercio, más que un negocio, constituyen un servicio social o mejor son y pueden ser un negocio, en cuanto son previamente un "servicio". El Rotary desearía que fuese superado "el capitalismo de rapiña" y que se instaurase un nuevo hábito, más propicio al desarrollo de las fuerzas económicas. La exigencia que expresa el Rotary se manifestó recientemente en América en forma muy grave, mientras que en Inglaterra había sido ya superada, creando un cierto promedio de "honestidad" y "lealtad" en los negocios. ¿Por qué fuera de América se ha difundido el Rotary Club y no otra de las tantas formas de asociaciones que allí pululan y que constituyen una superación positiva de las viejas formas religiosas? La causa debe ser buscada en la misma América: quizás porque el Rotary organizó la campaña por el Open Shop [obreros no sindicalizados] y por consiguiente, por la racionalización. Del artículo Rotary Club e massoneria (en la "Civiltà Cattolica" del 21 de julio de 1928) extraigo algunas informaciones: el Rotary, surgido como institución nacional en 1910, se constituyó en asociación internacional con una entrega de capital sin derecho de reembolso, realizada de acuerdo con las leyes del Estado de Illinois. El presidente del Rotary internacional es mister Harr Rogers. El presidente de los clubs italianos es Felice Seghezza. "L'Osservatore Romano" y "Tribuna" se plantearon el problema sobre si el Rotary era una emanación masónica. Seghezza envió una carta ("Tribuna" del 16 de febrero de 1928) protestando y declarando infundada toda sospecha. Anotando dicha carta "Tribuna" escribe entre otras cosas lo siguiente: "Son las incertidumbres de todas las organizaciones internacionales, las cuales tienen con frecuencia una apariencia perfectamente inocua y legítima, pero pueden también asumir contenidos muy diferentes. La sección italiana del Rotary puede sentirse perfectamente libre de masonería y plenamente de acuerdo con el Régimen; pero esto no significa que el Rotary en otros lugares no sea distinto. Y si lo es, y otros lo afirman, no podemos ni debemos dejar de ignorarlo".

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