Taylorismo y mecanización del trabajador.

A propósito de la separación que el taylorismo determinaría entre el trabajo manual y el "contenido humano" del trabajo, se pueden hacer útiles observaciones sobre el pasado, particularmente sobre lo concerniente a aquellas profesiones que son consideradas como las más "intelectuales", esto es, las profesiones ligadas a la reproducción de los escritos para la publicación o para toda otra forma de difusión y transmisión: los copistas anteriores a la invención de la imprenta, los componedores a mano [de líneas de caracteres de plomo], los linotipistas [ídem a máquina], estenógrafos [taquígrafo], dactilógrafos. Si se reflexiona se ve que en estos oficios el proceso de adaptación a la mecanización es más difícil que en los otros. ¿Por qué? Porque es difícil lograr la máxima calificación profesional que exige de parte del obrero "olvidar" el contenido intelectual del escrito que reproduce o no reflexionar para fijar su atención sólo en la caligrafía de cada letra si es copista, o para descomponer las frases en palabras' "abstractas" y éstas en letras-caracteres y rápidamente escoger los trozos de plomo de las casillas, para descomponer no solamente cada palabra, sino los grupos de palabras, en el contexto de un discurso, para agruparlos mecánicamente en siglas estenográficas, para obtener la rapidez en el dactilógrafo, etc. El interés del trabajador por el contenido intelectual del texto entra dentro de sus errores, vale decir se considera como una deficiencia profesional: su calificación se mide precisamente por su desinterés intelectual, por su "mecanización". El copista medieval que se interesaba por el texto cambiaba la ortografía, la morfología, la sintaxis del texto recopilado, truncaba períodos enteros que no comprendía debido a su escasa cultura, el curso de los pensamientos suscitados en él por el texto lo llevaba a interpolar glosas y advertencias; si su dialecto o su lengua eran diferentes de las del texto, introducía matices extraños; era un mal amanuense [escribiente] porque en realidad "rehacía" el texto. La lentitud de la escritura medieval explicas muchas de estas deficiencias: había demasiado tiempo para reflexionar y en consecuencia la "mecanización" era más difícil. El tipógrafo debe ser muy rápido, debe tener sus manos en continuo movimiento y también los ojos, y esto torna más fácil su mecanización. Pero pensándolo bien, el esfuerzo que deben realizar estos trabajadores para aislar el contenido intelectual del texto, a veces muy apasionante (en ese caso, en efecto, se trabaja menos y peor), su simbolización gráfica y el dedicarse solamente a esta última es el esfuerzo quizás más grande que puede requerirse de un oficio. Este esfuerzo es, sin embargo, realizado, y no liquida espiritualmente al hombre. Cuando el proceso de adaptación se cumple, se verifica en realidad el hecho de que el cerebro del obrero en lugar de momificarse alcanza un estado de completa libertad. Sólo se ha mecanizado completamente el gesto físico; la memoria del oficio, reducido a simples gestos repetidos con un ritmo intenso, se ha "anidado" en los haces musculares y nerviosos dejando el cerebro libre y despejado para otras ocupaciones. Así como se camina, sin necesidad de reflexionar sobre los movimientos necesarios para mover sincronizadamente todas las partes del cuerpo en la forma particular requerida por la acción de caminar, así también ha ocurrido y continuará ocurriendo en la industria con todos los gestos fundamentales del oficio; se camina automáticamente y al mismo tiempo se piensa en todo lo que se quiere. Los industriales americanos entendieron muy bien esta dialéctica innata en los nuevos métodos industriales. Comprendieron que "gorila amaestrado" es una frase, que el obrero, "a pesar de todo", sigue siendo hombre y que durante el trabajo piensa más, o por lo menos tiene mucha mayor posibilidad de pensar cuando ha superado la crisis de adaptación sin ser eliminado. Y no sólo piensa, sino que el hecho de que no obtenga satisfacciones inmediatas por su trabajo, y de que comprenda que se lo quiere reducir a un gorila amaestrado, lo puede llevar a un curso de pensamientos poco conformistas. Que existe tal preocupación entre los industriales lo muestra toda la serie de precauciones y de iniciativas "educativas" que se pueden encontrar en los libros de Ford y en la obra de Philip.

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