Taylor y el americanismo.

Eugenio Giovannetti ha escrito en el "Pegaso" de mayo de 1929 un artículo sobre Federico Taylor e l'americanismo, en el que afirma: "La energía literaria, abstracta, nutrida de retórica generalizante, ya no está en condiciones de entender la energía técnica, cada vez más individual y aguda, tejido originalísimo de voluntad singular y de educación especializada. La literatura energética mantiene todavía su imagen demasiado cómoda del Prometeo desencadenado. El héroe de la civilización técnica no es un desencadenado; es un silencioso que sabe arrastrar por los cielos su férrea cadena. No es un ignorante que se divierte, es un estudioso en el mejor sentido de la palabra, porque studium, significaba "punta viva". Mientras la civilización técnica o mecanicista como quieren llamarla elabora en silencio este tipo de héroe mordaz, el culto literario de la energía no crea más que un bellaco en las nubes, un afanoso soñador".

Es notable que no se haya tratado de aplicar al americanismo la fórmula de Gentile sobre "la filosofía que no se enuncia en fórmulas, pero que se afirma en la acción"; todo lo cual es significativo e instructivo, ya que si la fórmula tiene algún valor es justamente el americanismo quien puede reivindicarlo. En cambio, cuando se habla del americanismo se encuentra que es "mecanicista", grosero, brutal, es decir, "pura acción" y se le contrapone la tradición, etc. Pero esta tradición, ¿por qué no es tomada también como base filosófica, como la filosofía enunciada en fórmulas por aquellos movimientos para los cuales la "filosofía se afirma en la acción"? Esta contradicción puede explicar muchas cosas: por ejemplo, la diferencia entre la acción real, que modifica esencialmente tanto al hombre como a la realidad externa (vale decir la cultura real), cual es el americanismo, y el gladiadorismo necio que se autoproclama acción y modifica sólo el vocabulario, no las cosas, el gesto externo y no el hombre interior. La primera está creando un porvenir que es intrínseco a su actividad objetiva y que se prefiere silenciar. El segundo sólo crea fantoches perfeccionados, recortados sobre un figurón retóricamente prefijado y que caerán en el vacío apenas se corten los hilos externos que le dan una apariencia de movimiento y de vida.

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