Autarquía financiera de la industria.

En un artículo notable de Carlo Pagni, A proposito di un tentativo di teoria pura del corporativismo, aparecido en "Riforma Sociale" de setiembre-octubre de 1929) examina el volumen de Massimo Fovel, Economia e corporativismo (Ferrara, S.A.T.E., 1929) y hace mención de otro escrito del mismo Fovel, Rendita e salario nello Stato sindacale (Roma, 1928); mas no se da cuenta o no pone expresamente de relieve que en sus escritos Fovel concibe el "corporativismo" como la premisa para la introducción en Italia de los sistemas americanos más avanzados en el modo de producir y de trabajar.

Sería interesante saber si Fovel escribe "extrayendo de su cerebro" o si por el contrario tiene detrás de sí (prácticamente y no sólo "en general") determinadas fuerzas económicas que lo sostienen y lo impulsan. Fovel no ha sido jamás un "científico" puro, capaz de expresar ciertas tendencias como las expresan siempre los intelectuales "puros". En muchos aspectos, entra en la galería del tipo Cicotti, Naldi, Bazzi, Preziosi, etc., pero es más complejo por su innegable valor intelectual. Fovel aspiró siempre a convertirse en un gran líder político y no lo logró porque le faltan algunas dotes fundamentales: la fuerza de voluntad dirigida a un solo fin y la constancia intelectual de un Missiroli; además muy frecuentemente se ha ligado con demasiada evidencia a pequeños intereses mezquinos. Comenzó como "joven-radical" antes de la guerra; había querido rejuvenecer, dándole un contenido más concreto y moderno, al movimiento democrático tradicional, alimentándose un poco de los republicanos, especialmente federalistas y regionalistas ("Critica Politica", de Oliviero Zuccarini). Durante la guerra fue neutralista giolittiano. En 1919 entró en el Partido Socialista en Bolonia, pero nunca escribió en el "Avanti!". Antes del armisticio hizo algunas escapadas a Turín. Los industriales turineses habían adquirido la vieja y desacreditada "Gazzetta di Torino" para transformarla y convertirla en su propio órgano. Fovel aspiraba a convertirse en el director de la nueva combinación y para ello estaba en contacto con los ambientes industriales. Pero en cambio fue elegido como director Tommaso Borelli, "joven liberal", al cual sucedió muy pronto Italo Minunni de "L'Idea Nazionale" (pero la "Gazzetta di Torino", aunque bajo el nombre de "Paese" y no obstante las sumas prodigadas para desarrollarla, no prosperó y fue suprimida por sus sostenedores). Existe una "curiosa" carta de Fovel de 1919, donde escribe que "siente el deber" de colaborar en el semanario Ordine Nuovo; después de la respuesta en la que se fijaban los límites de su posible colaboración, la "voz del deber" calló repentinamente, Fovel se unió a la banda de Passigli, Montelli, Gardenghi, que había hecho del "Lavoratore" de Trieste un centro de negocios bastante lucrativo y que debía mantener contactos con el ambiente industrial turinés: tentativa de Passigli de trasladar el "Ordine Nuovo" a Trieste mediante una gestión "comercial" redituable (ver para la fecha la suscripción de 100 liras hecha por Passigli que había ido a Turín para hablar directamente) [6]. Se planteó la cuestión de saber si un "hombre honesto" podía colaborar en el "Lavoratore". En 1921, en las oficinas del "Lavoratore", fueron encontradas cartas pertenecientes a Fovel y a Gardenghi, de las cuales resultaba que los dos compadres jugaban a la bolsa sobre valores textiles durante la huelga dirigida por los sindicalistas de Nicola Vecchi y dirigían el periódico según los intereses de su juego. Después de Livorno, Fovel desapareció por algún tiempo. Reapareció en 1925 como colaborador del "Avanti!" de Nenni y Gardenghi y lanzó una campaña favorable a la entrega de la industria italiana a las finanzas americanas, campaña que fue de inmediato explotada (pero debía existir ya un acuerdo previo) por la "Gazzetta del Popolo", ligada al ingeniero Ponti de la S.I.P. En 1925-26 Fovel colaboró frecuentemente en la "Voce Repubblicana". Hoy (1929) sostiene el corporativismo como premisa de una forma italiana de americanización, colabora en el "Corriere Padano" de Ferrara, en los "Nuovi Studi", "Nuovi Problemi", "Problemi del Lavoro" y enseña (oreo) en la Universidad de Ferrara.

6 La suscripción de Passigli (entonces administrador del "Lavoratore") es publicada en "Ordine Nuovo" del 27 de marzo de 1920, a. I, Nro. 42. (N. de lo R.).

Lo que parece significativo en la tesis de Fovel, resumida por Pagni, es su concepción de la corporación como un bloque industrial-productivo autónomo, destinado a resolver en sentido moderno y acentuadamente capitalista el problema de un ulterior desarrollo del aparato económico italiano, contra los elementos semifeudales y parasitarios de la sociedad que extraen una tajada demasiado grande de la plusvalía, contra los llamados "productores de ahorro". La producción del ahorro debería convertirse en una función interna (por mejor mercado) del mismo bloque productivo, a través de un desarrollo de la producción con costos decrecientes que permita, además de una masa mayor de plusvalía, más altos salarios, lográndose así un mercado interno más capaz de un cierto ahorro obrero y de más altos beneficios.

Se daría de tal manera un ritmo más acelerado de acumulación de capitales en el seno mismo de la empresa y no a través de la intermediación de estos "productores de ahorro" que en realidad son devoradores de plusvalía. En el bloque industrial-productivo el elemento técnico, dirección y obreros, debería tener predominio sobre el elemento "capitalista" en el sentido más "mezquino" de la palabra, es decir, a la alianza entre capitanes de la industria y pequeños burgueses ahorristas debería oponerse un bloque de todos los elementos directamente eficientes de la producción, que son los únicos capaces de reunirse en sindicatos y por consiguiente, capaces de constituir la corporación productiva (cuya consecuencia extrema, tratada por Spirito, es la corporación propietaria). Pagni objeta a Fovel que su estudio no constituye una nueva economía política, sino únicamente una nueva política económica; objeción formal, que puede tener importancia en cierto sentido pero que no afecta al problema principal. Las otras objeciones, concretamente, no son más que la constatación de algunos aspectos atrasados del ambiente italiano con relación a tal trastrocamiento "organizativo" del aparato económico. Los defectos mayores de Ford consisten en que descuida la función económica que el Estado ha cumplido siempre en Italia debido a la desconfianza de los ahorristas hacia los industriales; y en descuidar el hecho de que la orientación corporativa no tuvo origen en las exigencias de un cambio de las condiciones técnicas de la industria, ni tampoco en las exigencias de una nueva política económica, sino sobre todo en las exigencias de una organización policial de la economía agravada por la crisis de 1929, todavía vigente.

En realidad, el personal obrero italiano ni como individuo ni como sindicato, ni activa ni pasivamente, se opuso jamás a las innovaciones tendientes a una disminución de los costos, a la racionalización del trabajo, a la introducción de automatismos más perfectos y de más perfectas organizaciones técnicas del aparato empresario, Todo lo contrario. Esto ocurrió en América y determinó la semiliquidación de los sindicatos libres y su sustitución por un sistema de organizaciones obreras de empresas aisladas (entre sí). En Italia, en cambio, por mínima y tímida que fuese cada tentativa de hacer de la fábrica un centro de organización sindical (recordar la cuestión de los delegados de empresa) ha sido ásperamente combatida y resueltamente liquidada. Un análisis cuidadoso de la historia italiana antes de 1922 y también de 1926, que no se deje alucinar por el carnaval exterior, pero que sepa extraer los motivo profundos del movimiento obrero, debe llegar a la conclusión objetiva de que fueron justamente los obreros los portadores de nuevas y más modernas exigencias industriales y que a su modo proclamaron con energía. Se puede decir también que ciertos industriales comprendieron la importancia de este movimiento y trataron de acapararlo (así debe ser explicada la tentativa hecha por Agnelli de absorber el "Ordine Nuovo" y a su escuela en el grupo Fiat y de instituir así una escuela de obreros y de técnicos especializados con vistas a subvertir la industria y el trabajo adoptando sistemas "racionalizados": Y.M.C.A. trató de abrir cursos de "americanismo" abstracto, pero no obstante las fuertes sumas destinadas a los cursos, éstos fracasaron).

Aparte de estas consideraciones, se plantean otra serie de cuestiones: el movimiento corporativo existe y, en algunos aspectos, las realizaciones jurídicas ya cumplidas han creado las condiciones formales en las cuales la revolución técnico-económica puede verificarse en amplia escala, porque los obreros no pueden oponerse a ella ni luchar para convertirse en sus abanderados. La organización corporativa puede llegar a ser la forma de tal revolución, pero uno puede preguntarse si se dará una de aquellas viquianas [G. Vico] "astucias de la Providencia" mediante las cuales los hombres sin proponérselo y sin desearlo, obedezcan los imperativos de la historia. Por el momento lo dudo. El elemento negativo de la "policía económica" ha tenido hasta ahora la supremacía sobre el elemento positivo de la exigencia de una nueva política económica que renueve, modernizándola, la estructura económico-social de la nación aun en los cuadros del viejo industrialismo. La forma jurídica posible es una de las condiciones, no la única ni la más importante: es solamente la más importante de las condiciones inmediatas. La americanización requiere un ambiente dado, una determinada estructura social (o la voluntad decidida de crearla) y un cierto tipo de Estado. El Estado es el liberal, no en el sentido del liberalismo aduanero o de la libertad política efectiva, sino en el sentido más fundamental de la libre iniciativa y del individualismo económico que llega por sus propios medios, como "sociedad civil", y en razón del mismo desarrollo histórico, al régimen de la concentración industrial y del monopolio. La desaparición del tipo semifeudal del rentista es en Italia una de las condiciones de mayor importancia en la revolución industrial (es, en parte, la revolución misma), no una consecuencia. La política económico-financiera del Estado es el instrumento de tal desaparición: amortización de la deuda pública, institución del carácter nominativo de los títulos, mayor peso de los impuestos directos sobre los indirectos en la formación de los ingresos presupuestarios, No parece que sea o tienda a ser ésta la dirección de la política financiera. Por el contrario, el Estado crea nuevos rentistas, vale decir, promueve las viejas formas de acumulación parasitaria, del ahorro y tiende a crear cuadros sociales cerrados. En realidad, la dirección corporativa ha funcionado hasta ahora para sostener peligrosas posiciones de clase media; no para eliminarlas y se está convirtiendo cada vez más, debido a los intereses creados que surgen sobre la vieja base, en una máquina de conservación de lo existente tal como es ahora y no en un motor de propulsión. ¿Por qué? Porque la dirección corporativa está también en función de la desocupación: asegura a los ocupados un cierto mínimum vital que si la competencia fuese libre, caería también él, provocando graves disturbios sociales, y crea ocupaciones de nuevo tipo (organizativo y no productivo) para los desocupados de las clases medias. Queda siempre una válvula de escape: la dirección corporativa, nacida dependiendo de una situación tan delicada, de la que es preciso mantener el equilibrio esencial a toda costa para evitar una terrible catástrofe, podría proceder por etapas muy lentas, casi insensibles, que modificasen la estructura social sin sacudidas repentinas: aun el niño mejor y más sólidamente fajado se desarrolla y crece. He aquí por qué sería interesante saber si Fovel habla por sí mismo o es el exponente de fuerzas económicas que buscan, a cualquier precio, su propio camino. De cualquier manera el proceso sería tan largo y encontraría tantas dificultades, que en el ínterin nuevos intereses podrían constituirse y ofrecer una nueva y tenaz oposición a su desarrollo hasta tornarlo imposible.

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