Racionalización de la composición demográfica europea.

En Europa, las diversas tentativas por introducir algunos aspectos del americanismo y del fordismo son debidas al viejo grupo plutocrático que quiere conciliar lo que, por el contrario, parece inconciliable: la vieja y anacrónica estructura social demográfica europea con una forma ultramoderna de producción y de modo de trabajo tal cual es ofrecida por el tipo americano más perfeccionado, la industria de Henry Ford. Es por esto que la introducción del fordismo encuentra tantas resistencias "intelectuales" y "morales" y se produce bajo formas particularmente brutales e insidiosas, a través de la más extrema coerción. Para decirlo con palabras vulgares, Europa quisiera tener la bota llena y la mujer borracha *, todos los beneficios que el fordismo produce gracias al poder de la competencia, pero manteniendo su ejército de parásitos que al devorar ingentes sumas de plusvalía, agravan los costos iniciales y deprimen su poder de competencia en el mercado internacional. De allí que sea preciso examinar con atención la reacción europea frente al americanismo; de su análisis podrá extraerse más de un elemento necesario para comprender la situación actual de una serie de Estados del viejo continente y los acontecimientos políticos de posguerra.

* Refrán italiano cuyo sentido hace mención al deseo de alcanzar objetivos que son contradictorios entre sí, (N. del T.).

El americanismo, en su forma más completa, demanda una condición preliminar, de la cual los Americanos que trataron estos problemas no se han ocupado, pues existe en forma "natural" en América. Esta condición, que se puede llamar "una composición demográfica racional", consiste en el hecho de que no existen clases numerosas sin una función esencial en el mundo productivo, vale decir, clases absolutamente parasitarias. La "tradición", la "civilización" europea, se caracteriza en cambio por la existencia de tales clases, creadas por la "riqueza" y "complejidad" de la historia pasada, que dejó un cúmulo de sedimentaciones pasivas a través de los fenómenos de saturación y fosilización del personal estatal y de los intelectuales, del clero y de la propiedad terrateniente, del comercio de rapiña y del ejército primero profesional y luego de conscripción, pero siempre profesional en lo que respecta a la oficialidad. Y por ello puede decirse que cuanto más vetusta es la historia de un país, tanto más numerosas y gravosas son estas sedimentaciones de masas holgazanas e inútiles, que viven del "patrimonio" de los "antepasados", de estos pensionados de la historia económica. Una estadística de los elementos económicamente pasivos (en sentido social) es muy difícil, porque es imposible encontrar la "palabra" que pueda definirlos con vistas a una investigación directa; algunas indicaciones esclarecedoras se pueden recabar indirectamente, por ejemplo, de la existencia de determinadas formas de vida nacional. El número importante de grandes y medianas (y también pequeñas) aglomeraciones de tipo urbano sin industria (sin fábricas) es uno de estos indicios, y de lo más importante.

El denominado "misterio de Nápoles". Es preciso recordar las observaciones hechas por Goethe sobre Nápoles y las "consoladoras conclusiones morales" extraídas por Giustino Fortunato [1]. Goethe tenía razón al demoler la leyenda del "lazzaronismo" * orgánico de los napolitanos y poner de relieve en cambio que son muy activos e industriosos. Pero la cuestión consiste en ver cuál es el resultado efectivo de esta actividad: ella no es productiva y no está dirigida a satisfacer las necesidades y exigencias de las clases productivas. Nápoles es la ciudad donde la mayor parte de los propietarios terratenientes del Mezzogiorno [sur] (nobles o no) gastan la renta agraria. En torno a algunas decenas de millares de estas familias de propietarios, de mayor o menor importancia económica, con sus cortes de siervos y lacayos, se organiza la vida práctica de la mayor parte de la ciudad, con sus industrias artesanales, sus vendedores ambulantes y el desmenuzamiento prodigioso de la oferta directa de mercancías y servicios a los ociosos que circulan por las calles. Otra parte importante de la ciudad se organiza en torno al tránsito y al comercio por mayor. La industria "productiva", en el sentido que crea y acumula nuevos bienes, es relativamente pequeña, no obstante que en las estadísticas oficiales Nápoles figure como la cuarta ciudad industrial de Italia, luego de Milán, Turín y Génova.

1 El folleto de Fortunato sobre Goethe (Lettere da Napoli de V. G., traducidas por G. F., Nápoles, 1917; N. de la R.) y su juicio sobre los napolitanos fue reimpreso por la Biblioteca Edítrice de Rieti en la colección de los "Quaderni critici", dirigida por Domenico Petrini. Es necesario leer la recensión de LUIGI EINAUDI en "Riforma Sociale" quizás del 1912. (La recensión, que data de 1918, fue reimpresa en el volumen Le lotte del lavoro, Turín, 1924, pp. 267-276. N. de la R.).

* Lazzaronismo: deriva de la palabra lazzarone (gandul, holgazán) que designa al sub-proletariado de Nápoles, compuesto de vagos y mendigos. Extensivamente se aplica al lumpenproletariado de todos los países. (N. del T.).

Esta estructura económico-social de Nápoles (y sobre ella es posible hoy tener informaciones suficientemente exactas a través de la actividad de los consejos provinciales de la economía corporativa) explica una gran parte de la historia de dicha ciudad, tan plena de aparentes contradicciones y de espinosos problemas políticos. El caso de Nápoles se repite agravado en Palermo y Roma y en toda una serie numerosa de ciudades (las famosas "cento cittá") no sólo de Italia meridional y de las islas, sino de Italia central y también septentrional (Bolonia en gran parte, Parma, Ferrara, etc.). A muchas poblaciones de este tipo de ciudades se les puede aplicar el refrán popular: cuando un caballo caga cien gorriones se alimentan.

Un fenómeno que no ha sido aún suficientemente estudiado es el siguiente: que la media y pequeña propiedad agraria no está en manos del campesino cultivador, sino de los burgueses de las pequeñas ciudades o pueblos y que estas tierras son ofrecidas en mediería primitiva (vale decir el arriendo es pagado en especie y en servicios) o en enfiteusis [cesión finca por canon anual]. Existe así un volumen enorme (con relación a la renta bruta) de pequeña y mediana burguesía, de "pensionados" y "rentistas" que ha creado, en cierta literatura económica digna de Candide, la figura monstruosa del llamado "productor de ahorro", es decir, de un estrato de población pasiva desde el punto de vista económico que extrae del trabajo primitivo de un determinado número de campesinos no sólo el propio sustento sino también un cierto ahorro. Este modo de acumulación es de lo más monstruoso y malsano pues está basado en la inicua explotación usuraria de los campesinos, mantenidos al borde de la desnutrición, y porque cuesta una enormidad, ya que al poco capital ahorrado corresponde un gasto inaudito como el necesario para mantener en un nivel de vida elevado a esta gran masa de parásitos absolutos. (El fenómeno histórico por el cual, después de la caída de las Comunas medievales y la decadencia del espíritu de iniciativa capitalista de la burguesía urbana, se ha formado, a través de oleadas sucesivas, tal situación anormal determinante del estancamiento histórico, ha sido llamado "retorno a la tierra" por el historiador Niccolò Rodolico, considerándolo al mismo tiempo como un índice de benéfico progreso nacional, lo que demuestra cómo las frases hechas pueden obturar el sentido crítico).

Otra fuente de parasitismo absoluto ha sido en todas las épocas la administración del Estado. Renato Spaventa calculó que un décimo de la población italiana (4 millones de habitantes) viven del presupuesto estatal. Aún hoy ocurre que hombres relativamente jóvenes (de poco más de 40 años) con muy buena salud, en el pleno vigor de las fuerzas físicas e intelectuales, después de veinticinco años de servicio estatal, no se dedican más a ninguna actividad productiva y van tirando con las pensiones más o menos grandes, mientras que un obrero puede gozar de una jubilación sólo después de los 65 años y para el campesino no existe límite de edad en su trabajo (y por ello un italiano medio se maravilla si escucha decir que un americano multimillonario continúa siendo activo hasta el último día de su vida consciente). Cuando en una familia un cura llega a canónico, de inmediato el "trabajo manual" se convierte en "una vergüenza" para todos sus parientes; que en adelante cuanto más podrán dedicarse al comercio.

La composición de la población italiana ya se había vuelto "malsana" a causa de la emigración a largo término y de la débil participación de las mujeres en los trabajos productivos de nuevos bienes. La relación entre la población "potencialmente" activa y la pasiva era una de las más desfavorables de Europa [2]. Pero es aún más desfavorable si se tiene en cuenta: 1) las enfermedades endémicas (malaria, etc.) que disminuyen la media individual del potencial de fuerza de trabajo; 2) el estado crónico de desnutrición de muchos estratos inferiores del campesinado (como resulta de las investigaciones del profesor Mario Camis publicadas en la "Riforma Sociale" de 1926) [3], cuyas medias nacionales deberían ser descompuestas en medias de clase: si la media nacional alcanza apenas el estándar fijado por la ciencia como indispensable, es obvio concluir en la desnutrición crónica de un estrato numeroso de la población. En la discusión en el Senado del proyecto del presupuesto para el año 1929-30, Mussolini afirmó que en algunas regiones, durante enteras estaciones, se vive sólo de hierbas [4]; 3) la desocupación endémica existente en algunas regiones agrícolas y que las encuestas oficiales no señalan; 4) la masa de población absolutamente parasitaria que es muy importante y que por sus servicios exige el trabajo de otra ingente masa parasitaria indirectamente; y aquella "semiparasitaria" que es tal porque multiplica de una manera anormal y malsana las actividades económicas subalternas, como el comercio y la intermediación en general.

2 Ver al propósito las investigaciones del prof. Mortara en Prospettive economiche de 1922.

3 Ver el artículo Intorno alle condizioni alimentari del popolo italiano en Riforma sociale de junio de 1926, pp. 52-81. (N. de la .R.).

4 Ver las "Actas Parlamentarias" de la sesión y el discurso del senador Ugo Ancora, cuyas veleidades reaccionarias fueron de inmediato retrucadas por el jefe del gobierno,

Esta situación no sólo existe en Italia; en mayor o en menor medida existe en todos los países de la vieja Europa y en forma peor aún en la India y China, lo que explica el estancamiento de la historia de estos países y su impotencia político-militar. (En el examen de este problema no está en cuestión en forma inmediata el tipo de organización económico-social, sino la racionalidad de las proporciones entre los diversos sectores de la población en el sistema social existente. Cada sistema tiene su ley de las proporciones definidas en la composición demográfica, su equilibrio "óptimo" y sus desequilibrios que no enderezados a través de una oportuna legislación pueden ser catastróficos en sí mismos, pues agotan las fuentes de la vida económica nacional, aparte de todo otro elemento de disolución). América no tiene grandes "tradiciones históricas y culturales" pero tampoco está gravada por esa capa de plomo: ésta es una de las razones principales (más importante por cierto que la denominada riqueza natural) de su formidable acumulación de capitales, no obstante el nivel de vida de sus clases populares, superior al europeo. La no-existencia de estas sedimentaciones viscosamente parasitarias, residuo de fases históricas pasadas ha permitido una base sana a la industria y especialmente al comercio y reducir cada vez más la función económica representada por los transportes y el comercio, convirtiéndola en una real actividad subalterna de la producción, facilitando así la tentativa de incluir dichas actividades en la función productiva misma. Recordar los experimentos realizados por Ford y las economías hechas por su empresa mediante la gestión directa del transporte y del comercio de las mercaderías producidas, ahorros que influyeron sobre los costos de producción y que permitieron mejores salarios y menores precios de venta. A partir de la existencia de estas condiciones preliminares, ya racionalizadas por el desarrollo histórico, fue relativamente fácil racionalizar la producción y el trabajo, combinando hábilmente la fuerza (destrucción del sindicalismo obrero de base territorial) con la persuasión (altos salarios, diversos beneficios sociales, propaganda ideológica y política muy hábil) logrando así hacer girar toda la vida del país alrededor de la producción. La hegemonía nace de la fábrica y para ejercerse sólo tiene necesidad de una mínima cantidad de intermediarios profesionales de la política y de la ideología.

El fenómeno de las "masas" que tanto ha impresionado a Romier no es más que la forma de este tipo de sociedad "racionalizada", en la cual la "estructura" domina de una manera más inmediata las superestructuras y éstas son "racionalizadas" (simplificadas y disminuidas en número).

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