Manifestaciones diversas del modernismo.

En la "cultura" de octubre-diciembre de 1938 (pp. 846 y sg.), Luigi Salvatorelli escribe sobre Turmel comentando estos dos libros: 1) Félix Sartiaux, Joseph

Turmel prêtre historien des dogmes, París, Rieder, 1931, pp, 295; 2) J. Turmel, Histoire des dogmes. I. Le péché originel - La rédemption, París, Rieder, 1931. El libro de Sartiaux es indispensable para la valoración del caso Turmel.

Según Salvatorelli, Turmel no habría sido jamás un modernista, en cuanto nunca habría "concebido la idea de una transformación de la Iglesia y del dogma". Y se plantea aquí el problema, para una exacta redacción de esta rúbrica, de qué debe entenderse por "modernista". Es evidente que no existe un modelo fijo y siempre fácilmente identificable del "modernista" y del "modernismo", como no existe para todo "modernista" y "modernismo". Se trató de un movimiento complejo y múltiple, con distintas acepciones: 1) las que se daban a sí mismos los modernistas; 2) las que sobre ellos daban sus adversarios, que por cierto no coincidían. Se puede decir que existían diversas manifestaciones del modernismo: 1) la político-social, que tendía a aproximar la Iglesia a las clases populares y por ende favorable al socialismo reformista y a la democracia (esta manifestación es quizás la que más ha contribuido a suscitar la lucha de parte de los católicos "integrales", ligados estrechamente a las clases más reaccionarias y en especial a la nobleza terrateniente y a los latifundistas, tal como lo muestra el ejemplo francés de la Action Française y el italiano del llamado "Centro Católico"). Favorable genéricamente a las corrientes liberales; 2) la manifestación "científico-religiosa", es decir, en apoyo de una nueva actitud hacia el "dogma" y la "crítica histórica" en relación a la tradición eclesiástica. Y por consiguiente, tendencia a una reforma intelectual de la Iglesia. En este terreno la lucha entre modernistas y católicos integrales fue menos áspera y hasta se lograron, según los jesuitas, frecuentes alianzas y acuerdos entre las dos fuerzas, y las revistas católicas "integrales" publicaron escritos de los modernistas (según la "Civiltà Cattolica", la revista de monseñor Benigni publicó con frecuencia artículos de Buonaiuti contra, los jesuitas). Todo esto entre bastidores naturalmente, ya que sobre la escena la lucha debía presentarse especialmente, o mejor únicamente como religiosa; lo que no quita que los católicos "integrales" apoyasen a un ateo declarado como Maurras para quien la cuestión era solamente política y social.

En opinión de los jesuitas, Turmel era y es un modernista en sentido "científico" (aunque Turmel sea realmente un ateo y esté por ello completamente fuera del campo religioso desde el punto de vista de su conciencia, continuando como "cura" por razones subordinadas, lo que parece ser un caso bastante común en el clero, como se deduce del libro de Sartiaux o de las Memorie de Loisy).

Lo que interesa aquí hacer notar es que tanto el modernismo, como el jesuitismo y el integralismo tienen significaciones más vastas que las estrictamente religiosas. Son "partidos", en cl "imperio internacional absoluto" que es la Iglesia Romana, y no pueden evitar plantear en forma religiosa problemas que con frecuencia son puramente mundanos, de "dominio".

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