El caso del abate Turmel de Rennes.

En la colección de escritos sobre la encíclica Pascendi e il modernismo, el padre Rosa (el libro es de 1908-1909) dedica algunas páginas "sabrosísimas" (no por el garbo [gracia] y las virtudes estilísticas del autor que es un pedestre escritorzuelo, mucho más pedestre, confuso y grosero que su antagonista Buonaiuti, que, sin embargo, no se mofa), al caso "extraordinario" del abate Turmel, modernista, que escribía libros modernistas y hasta de carácter ateo utilizando diversos seudónimos y luego los refutaba con su nombre verdadero. Desde 1908 a 1929, Turmel continuó con su juego de seudónimos hasta que por una casualidad la autoridad eclesiástica tuvo las pruebas palmarias de esta duplicidad. Pero estas pruebas no fueron exhibidas de inmediato para liquidar al abate. Primeramente se encargó al profesor L. Saltet, del Instituto católico de Tolosa, efectuar una amplia demostración filológico-crítico-teológica de la paternidad turmeliana de toda una serie de escritos publicados con más de 14 seudónimos, y luego Turmel fue expulsado de la Iglesia.

La cuestión del anonimato y de los seudónimos, a los que recurrían los modernistas para escapar a las medidas inmediatas de represión, es tratada por Buonaiuti en su libro de 1927 sobre el Modernismo cattolico con algunos sofismas y con una cierta embarazada reticencia. Es verdad que esta táctica de "politiquero" perjudica mucho, especialmente a Buonaiuti, que fue presentado por los "idealistas" de la "Voce" como una personalidad casi despreciable. A pesar de todo, la figura de Buonaiuti no pierde una cierta aureola de grandeza moral y de severidad de carácter; si se piensa que es el único que desde hace más de treinta años se mantiene en su posición contra la Curia y los jesuitas, abandonado por sostenedores y amigos, que, o han vuelto al redil, o se han pasado decididamente al campo laico. Y su actividad no deja de tener consecuencias para la Iglesia católica si se tiene en cuenta la difusión de sus libros y el hecho de que repetidas veces la Iglesia le ha ofrecido llegar a un compromiso.

Analizar el artículo La catastrofe del caso Turmel e i metodi del modernismo critico, aparecido en la "Civiltà Cattolica" del 6 de diciembre de 1930. El escrito es muy importante y el caso Turmel es de sumo interés para la cuestión. Este Turmel, siendo sacerdote, escribió durante más de veinte años y utilizando diferentes seudónimos, artículos y libros de carácter heterodoxo y hasta abiertamente ateos. En 1930 los jesuitas lograron desenmascararlo y hacerlo excomulgar. En el decreto del Santo Oficio está contenida la lista de sus publicaciones y de sus seudónimos. Su actividad tiene algo de novelesca.

Resulta así que luego de la crisis modernista se constituyeron asociaciones secretas en la organización eclesiástica. Además de aquellas jesuitas (que por otro lado no son homogéneas y concordes, ya que tienen un ala modernista --Tyrrell era jesuita-- y una "integralista" ---el cardenal Billot era integralista--; existía y debe existir todavía una agrupación secreta "intergralista" y una modernista. La identificación de Turmel con sus seudónimos tiene también algo de novelesco. Indudablemente el centro jesuítico fue tejiendo alrededor de él una vasta red que se fue estrechando poco a poco hasta aprisionarlo. Parece que Turmel contaba con protectores en las Congregaciones romanas, lo cual demuestra que no han sido aún identificados todos los modernistas y que a pesar del juramento siguen operando secretamente. Turmel había escrito artículos y libros con quince seudónimos: Louis Coulange, Henri Delafosse, Armand Dulac, Antoine Dupin, Hippolyte Gallerand, Guillaume Herzog, André Lagard, Robert Lawson, Denys Lenain, Paul Letourneur, Goulven Lézurec, Alphonse Michel, Edmond Perrin, Alexis Vanbeck. Siouville.

Ocurría que Turmel utilizando un seudónimo refutaba o elogiaba artículos y libros escritos con otros seudónimos, etc. Colaboró en la revista "Revue d'histoire des religions" y en la colección "Christianisme", dirigida por Couchoud y editada por Rieder.

Es preciso tener en cuenta también otro artículo publicado en la "Civiltà Cattolica", del 20 de diciembre de 1930, Lo spirito dell' Action Française. A proposito di "intelligenza" e di "mistica", donde se habla del volumen de Jean Héritier. Intelligence et mystique (París, "Libraire de France", 1930, in-8vo., pp. 230) en la colección "Les Cahiers d'Occident", que se propone difundir los principios de la defensa de Occidente según el espíritu del conocido libro de Henri Massis. Para los jesuitas, tanto Massis como sus teorías son sospechosas; por otro lado es evidente el contacto entre Massis y Maurras. El movimiento de Massis debe ser colocado junto al del "catolicismo integral" o del autoritarismo católico. (Y el movimiento de la Action Française junto a aquellos sostenidos por el integralismo). En Francia el nacimiento del integralismo debe ser vinculado al movimiento del ralliement [conciliación] propugnado por León XIII: son "integralistas" quienes desobedecen al Papa y sabotean su iniciativa. La lucha de Pío X contra el "combismo" parece darles la razón y por ello Pío X es su Papa, así como es el Papa de Maurras. En el volumen de Héritier han sido impresos como apéndices diversos artículos de otros escritores que tratan del ralliement y sostienen también, en las cuestiones de historia religiosa, la tesis de Maurras sobre el anarquismo disolvente del cristianismo judaico y la romanización del catolicismo.

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