Los "integrales" y la "Action Française".

El artículo L'equilibrio della verità fra gli estremi dell'errore, publicado en "Civiltà Cattolica" del 3 de noviembre de 1928, parte de la publicación de Nicolás Fontaine, "Saint-Siège", "Action Française" et "Catholiques intégraux", París, Gamber, 1928, del cual se da en una nota el siguiente juicio: "El autor esté dominado por prejuicios políticos y liberales, máxime cuando ve la política en la condena de la Action Française. Pero los hechos y los documentos por él aportados sobre el famoso "Sodalizio" no fueron desmentidos". Pero Fontaine no ha publicado nada completamente inédito (los documentos de Fontaine, sobre los "integrales", habían sido publicados en abril de 1924 por el "Mouvement"; ¿por qué entonces los jesuitas no se sirvieron antes de ellos?).

La cuestión es importante y quízás pueda ser resuelta en estos términos: la acción pontificia contra la Action Française es el aspecto más evidente y resolutivo de una acción más vasta tendiente a liquidar una serie de consecuencias de la política de Pío X (en Francia, paro indirectamente también en los otros países), vale decir, Pío XI quiere limitar la importancia de los católicos "integrales", abiertamente reaccionarios y que en Francia tornan casi imposible la organización de una fuerte Acción Católica y de un partido democrático-popular que pueda competir con los radicales, pero sin atacarlos de frente. La lucha contra el modernismo había llevado demasiado a la derecha al catolicismo. era preciso por lo tanto "centrarlo" nuevamente alrededor de los jesuitas, es decir, volver a darle una forma política dúctil, sin rigideces doctrinarias, con una gran libertad de maniobra, etc. Pío XI es, verdaderamente, el Papa de los jesuitas.

Pero luchar contra los católicos sobre un frente orgánico es mucho más difícil que luchar contra los modernistas. La lucha contra la Action Française ofrece un terreno óptimo; los "integrales" son combatidos no como tales, sino en cuanto sostenedores de Maurras [director de A.F.], es decir, la lucha es dispersa, contra aquellas personas que no obedecen al Papa, que impiden la defensa de la fe y de la moral contra un ateo y un pagano confeso, mientras el conjunto de la tendencia es oficialmente ignorada. He aquí la importancia capital del libro de Fontaine, que muestra el nexo orgánico entre Maurras y el "integralismo" y favorece enérgicamente la acción del Papa y de los jesuitas (es preciso hacer notar que Fontaine insistió muchas veces ante los "laicistas" franceses en el hecho de que son los integrales y no los jesuitas los "antidemocráticos", que los jesuitas, en realidad, ayudan a la democracia, etc. ¿Quién es Fontaine? ¿Es un especialista en estudios sobre la política religiosa? ¿No podría estar inspirado por los mismos jesuitas?).

Este artículo de la "Civiltà Cattolica", escrito por el padre Rosa, es muy cauto en el uso de los documentos reimpresos por Fontaine, evita analizar aquellos que además de desacreditar a los "integrales", proyectan una sombra de comicidad y de descrédito sobre toda la Iglesia (los "integrales" habían organizado una verdadera sociedad secreta con lenguajes cifrados, en la cual el Papa es llamado "la baronesa Michelina" y otros personajes por nombres igualmente novelescos; lo que muestra la mentalidad de Benigni hacia sus "jerarcas").

Sobre la cuestión "del mérito" de la política de Pío XI las conclusiones no son fáciles, como lo evidencia cl mismo curso de esta política, incierto, tímido, titubeante debido a las inmensas dificultades contra las cuales debe luchar continuamente. Se ha dicho muchas veces que la Iglesia católica posee una virtud de adaptación y de desarrollo inagotable. Esto no es muy exacto. En la vida de la Iglesia pueden ser fijados algunos puntos decisivos: el primero es el que se identifica con el cisma entre Oriente y Occidente, de carácter territorial, entre dos civilizaciones históricas en contradicción, con escasos elementos ideológicos y culturales, que comenzó con el advenimiento del Imperio de Carlomagno, es decir, con una renovada tentativa de hegemonía política y cultural de Occidente sobre Oriente. El cisma se produjo en un período en el que las fuerzas eclesiásticas estaban escasamente organizadas y se profundizó cada vez más automáticamente, por la misma fuerza de las cosas, imposibles de controlar, como ocurre entre dos personas que por decenios no mantienen contacto y se alejan una de otra hasta hablar dos lenguajes diferentes. El segundo es el de la Reforma, que se produjo en condiciones muy distintas y que si bien dio como resultado una separación territorial, tuvo en especial un carácter cultural y determinó la Contrarreforma y las decisiones del Concilio de Trento, que limitaron enormemente las posibilidades de adaptación de la Iglesia católica. El tercero es el de la Revolución Francesa (reforma liberal-democrática), que constriñe aún más a la Iglesia a entumecerse y momificarse en un organismo absolutista y formalista del cual el Papa es el jefe nominal, con poderes teóricamente "autocráticos", pero en verdad muy escasos, ya que todo el sistema se rige sólo por su entumecimiento de paralítico. Toda la sociedad en que se mueve y puede desenvolverse la Iglesia tiende a esclerosarse, dejándole muy pocas posibilidades de adaptación, ya escasas por la naturaleza actual de la misma Iglesia. La irrupción de formas nuevas de nacionalismo, que constituyen el término final del proceso histórico iniciado con Carlomagno, es decir, con el primer Renacimiento, torna no sólo imposible la adaptación, sino difícil hasta su existencia, como se observa en la Alemania de Hitler. Por otro lado, el Papa no puede "excomulgar" a la Alemania hitleriana, hasta debe a veces apoyarse en ella, lo cual torna imposible toda política religiosa rectilínea, positiva, de cierto vigor. Frente a fenómenos como el hitlerismo, no tendría ahora ninguna significación el otorgar amplias concesiones al modernismo, es más, sólo aumentaría la confusión y el embrollo. Y no digo que en Francia las cosas sean más fáciles, ya que justamente en este país ha surgido la teoría de contraponer la "religión de la patria" a la "romana", lo cual permite pronosticar un incremento del nacionalismo patriótico y no del cosmopolitismo romano.

Extraemos los siguientes elementos del artículo de la "Civiltà Cattolica" del 3 de noviembre de 1928: se menciona que también en Italia Maurras ha encontrado defensores entre los católicos; se habla de "imitadores o fautores [favorecedores], evidentes u ocultos, pero igualmente aberrantes de la plenitud de la fe y de la moral católica, en la teoría o en la práctica, proclamándola y aún ilusionándose de querer defenderla integralmente por encima de todo". La Action Française "lanzó contra quien escribe estas líneas [el padre Rosa] un cúmulo de vilipendios y calumnias increíbles (sic), hasta aquella repetidamente insinuada de asesinos y ejecutores despiadados de hermanos!". Analizar cuándo y cómo fueron hechas estas acusaciones contra el padre Rosa. Entre los jesuitas existía un sector integralista y favorable a Maurras, con hombres de primera plana como el cardenal Billot, que fue uno de los principales compiladodores de la encíclica Pascendi, y que renunció al cargo de cardenal, cosa rarísima en la historia de la Iglesia. Este hecho demuestra su obstinada terquedad y la resuelta voluntad del Papa de superar cualquier obstáculo en la lucha contra Maurras.

La "Revue internationale des sociétés secrètes", dirigida por el abate Boulin, es "integral" y encarnizadamente antijesuita. Boulin está ligado a Benigni-Mataloni y se sirve de seudónimos (Roger Duguet). La Action Française y los "integrales" se adhieren desesperadamente a Pío X y pretenden seguir siendo fieles a sus enseñanzas, lo cual en el desarrollo histórico de la Iglesia constituiría un gran precedente, ya que todo Papa muerto podría ofrecer el terreno para organizar una secta adherida a su particular actitud. Los "integrales" desean volver a honrar el Sillabo de Pío IX y en la propuesta de la Action Française de tener un eclesiástico para la cátedra del Sillabo en sus escuetas estaba contenida una hábil provocación, pero Pío XI no sólo quiere reactualizarlo, sino que trata hasta de atenuar y edulcorar a la encíclica Pascendi.

El artículo de la "Civiltà Cattolica" es verdaderamente importante y será preciso revisarlo si se profundiza esta cuestión. Se tendrán que analizar todos los matices "distintivos" a propósito de la masonería, el antisemitismo, el nacionalismo, la democracia, etc. En el caso de los modernistas se distingue también entre ilusos, etc., y se toma posición contra el antimodernismo de Benigni: "Tanto más que era de temer y no dejamos de hacerlo notar ante quien debíamos que tales métodos les habrían hecho el juego a los modernistas verdaderos, deparando en el futuro graves daños a la Iglesia. Como posteriormente se observa aún hasta hoy, en el nocivo espíritu de reacción, no sólo del viejo modernismo y del liberalismo, sino también del nuevo y del integralismo. Este último, que por entonces parecía oponerse a toda forma o apariencia de modernismo y hasta presumía ser, como suele decirse, más papista que el Papa, ahora en cambio, con grave escándalo, lo resiste en forma hipócrita o lo combate abiertamente, como ocurre entre los fautores rumorosos de la Action Française en Francia y sus silenciosos cómplices en Italia".

Los "integrales" llaman "modernizantes" a los jesuitas y "modernizantismo" a su tendencia. Han dividido a los católicos en integrales y no integrales, vale decir en "papales" y "episcopales, (parece que la encíclica de Benedicto XV Ad beatissimi había observado, censurándola, esta tendencia a introducir tales distinciones entre los católicos, que dañaría la caridad y la unidad de los fieles).

La "Sapinière" (de S. P., iniciales del "Sodalizio Piano") era la sociedad secreta que se ocultaba detrás del velo del "Sodalizio Piano" y organizó la lucha contra los jesuitas modernizantes; "en todo contraria a la primera idea y al programa oficial propuesto al Santo Pontífice Pío X y aprobado de inmediato, por el Secretario de la Consistorial; no ciertamente para que sirviese como desahogo a las pasiones privadas, para la denuncia y difamación de íntegros y también eminentes personajes, de obispos y de órdenes religiosas enteras, particularmente de la nuestra, que nunca como ahora estuvo a merced de tales calumnias, ni siquiera en los tiempos de su supresión. Después de concluida la guerra, y con más fuerza luego de la disolución del "Sodalizio Piano", decretado por la Sagrada Congregación del Concilio, no por cierto a título de aplauso sino de prohibición y de censura, fue promovida, a expensas del conocido y riquísimo financista Simón de París y de su amplia consortería, la publicación y la pródiga difusión gratuita de libelos de lo más ignominiosos y críticamente insípidos contra la Compañía de Jesús, sus santos, doctores y maestros, sus obras y su constitución, solemnemente aprobadas por la Iglesia. Es la conocida colección de los llamados "Recalde" que ya abulta más de una docena de libelos, algunos de varios volúmenes, en la cual es demasiado reconocida y no menos retribuida la parte de los cómplices romanos. Ella es ahora reforzada por la publicación de folletos difamatorios, la mayor parte delirantes, bajo el título sumario y paradojal de Vérités, émulos de los folletos gemelos de la Agencia Urbs o bien Romana, cuyos artículos retornan luego, casi con las mismas palabras, en otros folletos o periódicos.

Los "integrales" esparcieron las "peores calumnias, contra Benedicto XV, como se puede ver en el artículo aparecido a la muerte de este Papa en la "Vieille France" (de Urbain Gohier) y en la "Ronda" (febrero de 1922), "hasta en éste (periódico) todo lo contrario de católico y moral, pero honrado sin embargo por la colaboración de Umberto Benigni, cuyo nombre se encontraba registrado en la hermosa compañía de aquellos jóvenes escritores más o menos corrompidos". "El mismo espíritu de difamación, continuado bajo el presente pontificado, en medio de las filas mismas de los católicos, de los religiosos y del clero, no se puede decir cuánto mal ha provocado en las conciencias, cuánto escándalo y cuánta alienación de las almas produjo, en Francia sobre todo. Allí, en efecto, la pasión política inducía a creer más fácilmente las calumnias mandadas frecuentemente desde Roma; después de que los ricos Simón y otros cómplices, de espíritu galicano y periodístico (sic), mantuvieron a sus autores y procuraron la difusión gratuita de sus libelos, especialmente de los antijesuitas arriba mencionados, en los seminarios, canonjías [canónigo], curias eclesiásticas, allí donde existiese alguna probabilidad o verosimilitud de que la calumnia pudiese prender; y también entre los laicos, especialmente los jóvenes, de los mismos liceos pertenecientes al Estado, con una prodigalidad sin igual".

Los autores ya conocidos se sirven del anónimo o de seudónimos. "Es notorio, entre los periodistas especialmente, cuan poco merecedor de título alguno es este grupo con su inspirador principal, el más astuto en ocultarse, pero el más culpable e interesado en la intriga". (¿Se refiere a Benigni o a algún otro pez gordo del Vaticano?).

Según el padre Rosa en un principio no existía "acuerdo" entre la Action Française y los "integrales", el cual se fue logrando sólo después de 1926; pero esta afirmación es hecha expresamente para excluir todo móvil político (lucha contra los ultrarreaccionarios) de la lucha contra la Action Française y para disminuir la responsabilidad de Pío X. En la última nota del artículo se dice: "No se debe, sin embargo, confundir uno y otro partido, como algunos lo han hecho, por ejemplo Nicolás Fontaine en la obra citada "Sain Siège", "Action Française" et "Catholiques integraux". Este autor, como observamos, es muy liberal, pero desdichadamente (sic) está muy informado de los sucesos nada edificantes de la mencionada sociedad clandestina, llamada de la "Sapinière" y de sus fautores franceses e italianos, y es ridículo enrostrarle por esto su liberalismo; es preciso desmentir los hechos sobre los cuales volveremos a su tiempo". En realidad, Fontaine muestra exhaustivamente el nexo entre los "integrales" y la Action Française, aunque es posible decir que se trata de dos partidos distintos y que uno tiende a servirse del otro, y muestra cómo dicho nexo se origina con Pío X. Es curioso el término "desdichadamente muy informado" por cuanto Fontaine se sirvió de materiales de dominio público, así como es "curioso" que el padre Rosa, en la "Civiltà Cattolica" no haya "hablado" más de la "Sapinière" (ni con motivo de la muerte de monseñor Benigni, que no ha sido recordado. Es por ello difícil pensar que hable ahora, a menos que alguna fuerte personalidad suceda a Benigni en la dirección de los integrales). Este silencio tiene su significado.

El artículo concluye: "Pero la verdad no es de temer; y de parte nuestra estamos firmemente resueltos a defenderla sin miedo ni trepidaciones también contra los enemigos internos, aunque sean eclesiásticos acaudalados y potentes, que han desviado a los laicos para hacerlos servir a sus designios e intereses" [3].

3 Hace referencia a un viaje a América de Benigni (del cual habló la "Civiltà Cattolica", 1927, IV, p. 399) para distribuir libelos antijesuítas. En Roma existiría un depósito de muchas docenas de millares de ejemplares de estos libelos

La "Action Française" tenía en Roma un redactor, Havard de la Montagne, que dirigía un semanario en lengua francesa: "Rome", destinado especialmente a los católicos franceses, religiosos o laicos, residentes o de paso por Roma. Era el portavoz de los "integrales" y de los maurrasianos, el centro del reclutamiento y del servicio de información de la "Action Française" ante el Vaticano, no sólo para las cuestiones religiosas sino especialmente para las cuestiones políticas francesas e internacionales de carácter reservado. No debemos olvidar que el Vaticano posee un servicio de información a veces y en muchos sentidos más preciso, amplio y abundante que el de cualquier otro gobierno. Poder servirse de esta fuente era para la Action Française una de las más importantes razones de algunos de sus éxitos periodísticos y de muchas campañas personales y escandalosas. Parece que después de la ruptura de 1926, "Rome" fue decayendo y posteriormente murió.

Analizar el artículo La lunga crisi dell'Action Française en la "Civiltà Cattolica" del 7 de setiembre de 1929. Se elogia el libro La trop longue crise de l'Action Française, de monseñor Sagot du Vauroux, prelado de Agen, París, edit. Bloud, 1929, obra que "será utilísima también a los extranjeros, que no logran comprender los orígenes y menos aún la persistencia, unida a tanta obstinación, de los adherentes católicos, que los ciega hasta hacerlos vivir y morir sin sacramentos, antes que renunciar a las odiosas exorbitancias de su partido y de sus dirigentes incrédulos". La "Civiltà Cattolica" trata de justificarse por el hecho de no ocuparse más frecuentemente de la polémica de la Action Française y dice entre otras cosas: "Por otro lado, la prolongada crisis toca a Italia sólo por reverbero, vale decir, por una lejana (¡?) concomitancia y analogia que ella podría (!) tener con las tendencias generales paganizantes de la edad moderna".

Este maltusianismo [más población que alimentos] polémico, constituye precisamente la principal debilidad de la posición de los jesuitas contra la Action Française y es el mayor causante del furor fanático de Maurras y de sus secuaces, quienes están persuadidos, no equivocadamente, de que el Vaticano realiza sobre ellos una experiencia in corpore vili; que desempeñan el papel del niño que una vez acompañaba al príncipe hereditario inglés y recibía los latigazos que correspondían a su real patrón; y de aquí se requiere muy poco para llegar a la conclusión, a que llegaron los partidarios de Maurras, de que el asalto sufrido es meramente político, porque sólo de palabra es católico o universal. En verdad, el Papa se ha cuidado mucho lo mismo que la "Civiltà Cattolica", de identificar y "castigar" con las mismas sanciones a los elementos individuales o de grupos que en otros países tienen la misma tendencia que Maurras y no la ocultan.

Otras indicaciones sobre los "católicos integrales": el Bloc antirévolutionnaire de Félix Lacointe, "digno amigo del citado Boulin y de sus socios (Boulin dirige la Revue Internationale des Sociétés Secrètes"). Lacointe habría publicado que el cardenal Rampolla estaba inscripto en la masonería o algo similar [4].

4 A Rampolla se le reprocha la política del ralliement [conciliación] hecha por León XIII; recordar a propósito de Rampolla que el veto al Cónclave contra su elección al pontificado fue hecho por Austria, pero a pedido de Zanardelly. Sobre Rampolla y su posición hacia el Estado Italiano, Salata ofrece nuevos elementos en el primer volumen (y único publicado) de sus Documenti diplomatici sulla Quistione romana.

Un elemento muy significativo del trabajo que los jesuitas desarrollan en Francia para darle una amplia base popular al movimiento católico-democrático es el siguiente juicio histórico-político: "¿Quién es responsable de la "apostasía" [renegar fe] del pueblo francés? ¿Sólo los intelectuales democrático-revolucionarios que se basaban en Rousseau? No. Los más responsables son los aristócratas y la gran burguesía que se alimentaban de Voltaire". "...Las reivindicaciones tradicionales [de los monárquicos] del retorno a lo antiguo, aun cuando respetables, son inadecuados en la época actual, sobre todo por culpa de una gran parte de la aristocracia y de la burguesía de Francia, puesto que de la corrupción y de la apostasía de esta clase dirigente hacia fines del siglo XVIII se originó la corrupción y la apostasía de las masas populares, verificándose también entonces que regís ad exemplum totus componitur orbis. Voltaire era el ídolo de aquella parte de la aristocracia corrompida y corruptora de su pueblo, pues procurándoles escandalosas seducciones a su fe y a su honestidad, se cavaba a sí misma la fosa. Y si bien posteriormente al surgimiento de Rousseau y de su democracia subversiva, en oposición a la aristocracia volteriana, se enfrentaron teóricamente las dos corrientes de apostasía -.como dos tristes corifeos [director coro tragedia griega]-- que parecían partir de errores contrarios, confluyeron en una misma práctica y dañosa conclusión; esto es, en el engrosamiento del torrente revolucionario, etc.". Así hoy, Maurras y Cía. son adversarios de la democracia a lo Rousseau y de las "exageraciones democráticas" ("exageraciones", entiéndase bien, sólo "exageraciones") de Sillon, pero son discípulos y admiradores de Voltaire. (Jacques Bainville ha revisado una edición de lujo de los escritos de Voltaire y los jesuitas no lo olvidan). Sobre este nexo histórico-crítico relacionado con los orígenes de la "apostasía" popular en Francia, la "Civiltà Cattolica" cita un artículo de la "Croix" del 15-16 de agosto de 1929, ¡L'apostasie navrante de la masse populaire en France, que se refiere al libro Pour faire l'avenir, del padre Croizier de la Action populaire, editado en 1929 por la Editorial Spes de París.

Entre los partidarios de Maurras y Cía., además de los conservadores y monárquicos, la "Civiltà Cattolica" (basándose en el obispo de Agen) menciona otros cuatro grupos: 1) los esnobistas (atraídos por las dotes literarias, especialmente de Maurras); 2) los adoradores de la violencia y de las maneras fuertes, "con la exageración de la autoridad, lanzada hacia el despotismo, so pretexto de resistencia al espíritu de insubordinación o subversión social, de la edad contemporánea"; 3) los "falsos místicos", "crédulos de los vaticinios de restauraciones extraordinarias, de conversiones maravillosas o de misiones providenciales" asignadas precisamente a Maurras y Cía. Estos, desde la época de Pío X, "impertérritos", excusan la incredulidad de Maurras imputándola "al defecto de la gracia", "como si no se otorgase a todos las gracia suficiente para la conversión, ni fuese imputable a quien la resiste al caer o el persistir en la culpa".

Por lo tanto, estos últimos serían semi-heréticos [herejes], ya que para justificar a Maurras repiten las posiciones jansenistas o calvinistas. En este sentido es preciso explicar la obstinación de Maurras en no dejarse "convertir", lo cual no puede ser debido sólo a la "integridad y lealtad ética e intelectual" y es por ello justamente que hace temblar a los jesuitas, que comprenden que si el grupo de Maurras tomase el poder estatal, la situación del catolicismo en Francia se tornaría de hecho más difícil que en el momento actual. Es por ello que sorprende la actitud del Vaticano frente al hitlerismo, no obstante que Rosemberg * escribió su Mito antes de la toma del poder. Es cierto que Rosemberg no posee intelectualmente la misma estatura que Maurras, pero todo el movimiento hitleriano es intelectualmente bajo y vulgar y era previsible lo ocurrido posteriormente con el catolicismo y el cristianismo.

* Rosemberg. Alfred (Revel, 1893-Nuremberg, 1946) Político alemán. En 1934 fue encargado por Hitler de la supervisión de la instrucción y la enseñanza espiritual e ideológica del movimiento nacionalsocialista. No alcanzó peso específico en el régimen. Ministro de los territorios ocupados de Europa oriental (1941), organizó deportaciones masivas. Condenado por el tribunal de Nuremberg, murió ejecutado. Es autor de El mito del siglo XX, síntesis de teorías antisemitas y racistas.

El cuarto grupo (el más peligroso para la "Civilttà Cattolica") estaría compuesto por los "integrales" (la "Civiltà Cattolica" observa que el obispo de Agen los llama también "integristas", "pero es notorio que no deben ser confundidos con el partido político que en España lleva el mismo nombre"). Estos "integrales --escribe la "Civiltà"-- también en Italia no dejaron de favorecer a los positivistas e incrédulos de la Action Française, sólo porque clamaban contra el liberalismo y otras formas de errores modernos, sin advertir que se deslizaban a los extremos opuestos, cayendo en iguales y perniciosos errores". "Así hemos visto, también en Italia, a algunos de sus periódicos mencionar apenas, como de paso, la censura a la Action Française, en lugar de publicar los documentos e ilustrar el sentido y las razones de tal censura; deteniéndose en cambio en la reimpresión y el comentario de la condena de Sillon, como si estos dos movimientos opuestos, pero igualmente contrarios a la doctrina católica, no pudiesen ser y no fuesen igualmente reprobables. Cosa esta digna de mencionar ya que mientras en casi todos los números de tales publicaciones no falta alguna acusación o cólera contra autores católicos, parece que faltara el espacio o el aliento para una franca y enérgica condena de los de la Action Française. Por el contrario, muy frecuentemente se repiten las calumnias como aquella de un pretendido giro hacia la izquierda, o sea, hacia el liberalismo, popularismo, falsa democracia, contra quienes no seguían su modo de proceder" [5].

5 En la corriente, de los "católicos integrales" es preciso incluir también a Henri Massis y al grupo de los "defensores de Occidente". Recordar los dardos del padre Rosa contra Massis en las respuestas a la carta abierta de Ugo Ojetti. (En la "Civíltà Cattolica" del 6 de abril de 1929. N. de la R.).

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