Naturaleza de los Concordatos.

En su carta al cardenal Gasparri [10] del 30 de mayo de 1929, escribe Pío XI: "También en el Concordato están presentes, si no dos Estados, ciertamente dos soberanías plenamente tales, es decir, plenamente perfectas, cada una en su orden, éste, a su vez determinado necesariamente por sus respectivos fines, donde ni vale la pone añadir que la objetiva dignidad de los fines determina no menos objetiva y necesariamente la absoluta superioridad de la Iglesia".

10 Publicada en la "Cíviltà Cattolica" del 15 de junio sucesivo, vol. II, p. 483. (N. de la R.).

Este es el terreno de la Iglesia: habiendo aceptado dos instrumentos distintos, al establecer las relaciones entre Estado e Iglesia, el tratado y el Concordato, necesariamente el tratado pasa a determinar las relaciones entre dos Estados; mientras que el Concordato: las relaciones entre dos soberanías del "mismo Estado"; vale decir se admite que en el mismo Estado existen dos soberanías iguales, ya que tratan en paridad de condiciones (cada una en su orden). La Iglesia afirma también naturalmente, que no existe confusión de soberanías, ya que en lo "espiritual" al Estado no le compete soberanía y si se la arroga comete usurpación. La Iglesia, por otro lado, afirma que no puede existir una doble soberanía en el mismo orden de fines, por que sostiene precisamente la distinción de los fines y se declara única soberana en el terreno de lo espiritual.

El padre Luigi Taparelli en su libro Esame critico degli ordini rappresentativi nella societá moderna, define así los concordatos: "...Son convenciones entre dos autoridades gobernantes de una misma nación católica". Cuando se establece una convención, tienen por lo menos una igual importancia jurídica las interpretaciones que dan las dos partes de dicha convención.

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