La Acción Católica en Francia.

Importancia especial de la Acción Católica francesa. Es evidente que en Francia la Acción Católica dispone de un personal más escogido y preparado que en los otros países. Las Semanas Sociales ponen en discusión argumentos de un interés más vasto y actual que en los demás lugares. Sería interesante una comparación entre las "Semanas" francesas y las italianas.

Por otro lado los católicos tienen en Francia una influencia intelectual que no poseen en otros países, y que está mucho mejor centralizada y organizada (dentro del sector católico, se entiende, ya que en algunos aspectos dicha influencia está restringida por la existencia en este país de una fuerte centralización de la cultura laica).

En Francia, además, ha sido constituida la Union catholique d'études internacionales, entre cuyas iniciativas está la de una especial Semana Católica internacional. Mientras se reunía la asamblea anual de la Sociedad de las Naciones, personalidades católicas de todos los países se reunían en Francia por una semana y discutían los problemas internacionales, contribuyendo a crear una unidad concreta de pensamiento entre los católicos de todo el mundo. Bajo el velo de la cultura se trata evidentemente de una Internacional laica católica, distinta del Vaticano y en la línea de la actividad política parlamentaria de los partidos populares.

En la "Civiltà Cattolica" del 6 de mayo de 1933 se comenta el volumen que recoge los informes de la tercera de estas Semanas internacionales (Les grandes activités de la Société des Nations devant la pensée chrétienne. Conferences de la troisième Semaine catholique internationale 14-20 septembre 1931. Editions Spes, París, 1932, in-16ta., pp. 267).

Es preciso anotar la respuesta que da el profesor Halecki de la Universidad de Varsovia a la siguiente pregunta: "¿Cómo es posible que la Iglesia, luego de dos mil años de propagar la paz no haya podido lograrla todavía?". La respuesta es ésta: "La enseñanza de Cristo y de su Iglesia se dirige individualmente a la persona humana, a cada alma en particular. Y es esta verdad la que nos permite explicarnos porqué el cristianismo sólo puede operar muy lentamente sobre las instituciones y sobre las actividades prácticas colectivas, debiendo conquistar un alma después de la otra y recomenzar este esfuerzo con cada nueva generación". Para la "Civiltà Cattolica" esta es una "buena respuesta, que puede reforzarse con la simplísima consideración de que: la acción pacificadora de la Iglesia es enfrentada y suprimida continuamente por aquel residuo irreductible (sic) de paganismo, que aún sobrevive e inflama las pasiones de la violencia. La Iglesia es un buen médico y ofrece saludables remedios para la sociedad enferma, mas ésta rechaza en todo o en parte las medicinas".

Respuesta muy sofística y no difícil de refutar; por otro lado está en contradicción con otras pretensiones clericales. Cuando conviene, los clericales pretenden que un país es católico al 99 por ciento, para deducir de allí una particular posición de derecho de la Iglesia en relación al Estado, etc. Cuando no conviene, se tornan chiquitos, chiquitos. Si fuese verdad lo que dice el profesor Halecki, la actividad de la Iglesia en dos mil años habría sido un trabajo de Sisifo y debería continuar siéndolo. ¿Pero qué valor podría darse a una institución que jamás construye nada, que se prolonga de generación en generación por fuerza propia, que no modifica en nada la cultura y la concepción del mundo de ninguna generación, tanto que siempre es preciso comenzar todo de nuevo? El sofisma es claro: cuando conviene, la Iglesia es identificada con la misma sociedad (con el 99 por ciento de ella, al menos), cuando no conviene, la Iglesia es sólo la organización eclesiástica o directamente la persona del Papa. Entonces la Iglesia es un "médico" que indica a la sociedad los remedios. Es también muy curioso que los jesuitas hablen de "residuo irreductible" de paganismo: si es irreductible no desaparecerá jamás, la Iglesia no triunfará jamás, etc.

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