El pensamiento social de los católicos.

Sobre el "pensamiento social" de los católicos se puede hacer esta observación crítica preliminar: que no se trata de un programa político obligatorio para todos ellos, hacia cuyo logro van dirigidas las fuerzas organizadas que los católicos poseen, sino que se trata pura y simplemente de un "complejo de argumentaciones polémicas, positivas y negativas, sin concreción política alguna. Esto sea dicho sin entrar en cuestiones de mérito, es decir, en el examen del valor intrínseco de las medidas de carácter económico-social que los católicos colocan en la base de tales argumentaciones.

En realidad, la Iglesia no quiere comprometerse en la vida práctica económica y no se empeña a fondo, ni en realizar los principios sociales que afirma y que no son realizados, ni en defender, mantener o restaurar aquellas situaciones en las cuales una parte de dichos principios habían sido realizados y posteriormente destruidos. Para comprender bien la posición de la Iglesia en la sociedad moderna, es preciso comprender que está dispuesta a luchar sólo para defender su particular libertad corporativa (de Iglesia como Iglesia, como organización eclesiástica), es decir, los privilegios que proclama ligados a la propia esencia divina. Para esta defensa no excluye ningún medio, ni la insurrección armada, ni el atentado individual, ni el llamado a la invasión extranjera. Todo el resto es descuidado relativamente, a menos que esté ligado a las condiciones existenciales propias. La Iglesia entiende por "despotismo" la intervención de la autoridad estatal laica en la limitación o supresión de sus privilegios y no mucho más que eso. Reconoce cualquier potestad de hecho, y para que no lesione sus privilegios, la legitima; si luego acrecienta dichos privilegios, la exalta y la proclama providencial.

Dadas estas premisas, el "pensamiento social" católico tiene un valor puramente académico. Es preciso estudiarlo y analizarlo en cuanto elemento ideológico opiáceo, tendiente a mantener determinados estados de ánimo de expectativa pasiva de tipo religioso; mas no como elemento de vida política e histórica directamente activo. Es ciertamente un elemento político e histórico, pero de un carácter absolutamente particular; es un elemento de reserva, no de primera línea y por ello puede en todo momento ser "olvidado" prácticamente y "callado", aún sin renunciar a él por completo, porque podría volver a presentarse la ocasión en que fuera preciso utilizarlo. Los católicos son muy astutos, pero me parece que en este caso son demasiado astutos.

Sobre el "pensamiento social" católico hay que tener presente el libro del padre jesuita Albert Muller, profesor de la escuela superior comercial de San Ignacio en Amberes [4]. Muller expone, en mi opinión, el punto de vista más radical que puedan alcanzar los jesuitas en esta materia (salario familiar, coparticipación, control, cogestión, etc.).

4 Notes d'économie politique, 1era. Serie, "Editions Spes", París, 1927, p. 428, del cual véase la recensión en la Civiltà Cattolica) del 1ero. de setiembre de 1928: Pensiero e attività sociale (de A. BRUCCULERI).

Un articulo que es necesario tener presente para comprender la actitud de la Iglesia ante los diversos regímenes político-estatales es Autorità e "opportunismo politico" en la "Civiltà Cattolica" del 1ero. de diciembre de 1928. Habrá que confrontarlo con los puntos correspondientes del Código Social.

La cuestión se planteó en la época de León XIII y del ralliement [adhesión] de una parte de los católicos a la república francesa y fue resuelta por el Papa con estos puntos esenciales: 1) aceptación, o sea, reconocimiento del poder constituido; 2) respeto prestado a él como la representación de una autoridad venida de Dios; 3) obediencia a todas las leyes justas promulgadas por tal autoridad, pero resistencia a las leyes injustas con el esfuerzo tendiente a enmendar la legislación y a cristianizar la sociedad.

Para la "Civiltà Cattolica" esto no sería "oportunismo", ya que por tal debe ser entendida solamente la actitud servil y exaltadora en bloque de autoridades que lo son de hecho y no de derecho (la expresión "derecho" tiene un valor particular para los católicos).

Los católicos deben distinguir entre "función de la autoridad" que es un derecho inalienable de la sociedad, que no puede vivir sin un orden, y "persona" que ejerce tal función y que puede ser un tirano, un déspota, un usurpador, etc. Los católicos se someten a la "función" no a la persona. Pero Napoleón III fue llamado hombre providencial luego del golpe de Estado del 2 de diciembre, lo que significa que el vocabulario político de los católicos es diferente del común.

En el otoño de 1892 se realizó en Génova un congreso católico italiano de los estudiosos de ciencias sociales. Se señaló allí que "la necesidad del momento presente, no por cierto la única necesidad, pero tan urgente como cualquier otra, es la reivindicación científica de la idea cristiana. La ciencia no puede dar la fe, pero puede imponer a los adversarios el respeto y puede conducir las inteligencias a reconocer la necesidad social de la fe y el deber individual (!)". En 1893, por impulso de tal congreso, patrocinado por León XIII * (la encíclica Rerum Novarum es de 1891) fue fundada la "Rivista internazionale di science sociale e discipline ausiliare", que todavía se publica. En el fascículo de enero de 1903 de la revista se resume la actividad del decenio. La actividad de esta revista, que jamás ha sido muy "ruidosa", debe ser estudiada, sin embargo, en relación a la de la "Critica Sociale", de la cual debía ser el contra-altar.

* León XIII (Joaqnín Pecci, 1810-1903), que sucedió al Papa Pío X en 1878, trató de elevar el prestigio de la Iglesia y de salvarla del aislamiento en que estaba cayendo mediante el mejoramiento de las relaciones con los diversos Estados, incluida Italia. Se aproximó a Bismarck poniendo fin a In Kultur-kampf, exhortó a los católicos franceses a adherir (ralliement) a la república, etc. Tratando de contrarrestar la influencia asumida por el movimiento socialista y obrero en todo el mundo, publicó en 1891 la encíclica Rerum Novarum, considerada hoy como el documento fundamental de la doctrina social cristiana. Tal encíclica no propone, ni mucho menos, una solución a la cuestión social y se limita a propugnar un mayor intervencionismo estatal y una cierta libertad de acción para las organizaciones obreras. (N. del T.).

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