Religión, Estado, Partido.

En Mein Kampf, Hitler escribe: "La fundación o la destrucción de una religión es un gesto incalculablemente más importante que la fundación o la destrucción de un Estado; no digo de un partido... " Superficial y falto de crítica. Los tres elementos: religión (o concepción del mundo "activa"), Estado y partido son indisolubles y en el proceso real del desarrollo histórico-político se pasa necesariamente del uno al otro.

En Maquiavelo, en los modos y en el lenguaje de la época, se observa la comprensión de esta necesaria homogeneidad e interferencia de los tres elementos. Perder el alma para salvar a la patria o al Estado, es un elemento de laicismo absoluto, de concepción del mundo positiva y negativa (contra la religión o concepción dominante). En el mundo moderno, un partido es tal --integralmente y no como ocurre, fracción de un partido más grande-- cuando es concebido, organizado y dirigido de manera que le permita desarrollarse integralmente y transformarse en un Estado (integral y no en un gobierno entendido técnicamente) y en una concepción del mundo. El desarrollo del partido en Estado reactúa sobre el partido y le exige una continua reorganización y desarrollo, así como el desarrollo del partido y del Estado en concepción del mundo; es decir, en transformación total y molecular (individual) de los modos de pensar y de actuar, incide sobre el Estado y sobre el Partido, impulsándolo a reorganizarse continuamente y planteándole nuevos y originales problemas a resolver. Es evidente que tal concepción se ve obstruida en su desarrollo práctico por el fanatismo ciego y unilateral de "partido" (en este caso de secta, de fracción de un partido más amplio, en cuyo seno se lucha); es decir, por la ausencia tanto de una concepción estatal como de una concepción del mundo que sean capaces de crecimiento en cuanto son históricamente necesarios.

La actual vida política ofrece un amplio testimonio de estas estrecheces y limitaciones mentales que, por otro lado, provocan luchas dramáticas en cuanto constituyen el modo en que se verifica prácticamente el desarrollo histórico. Pero el pasado, y el pasado italiano que más interesa desde Maquiavelo en adelante, no es menos rico en experiencias ya que toda la historia es testimonio del presente.

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