Moral y política.

Se verifica una lucha. Se juzga acerca de la "equidad" y de la "justicia" de las pretensiones de las partes en conflicto. Se llega a la conclusión de que una de las partes no tiene razón, que sus pretensiones no son justas, o directamente de que carecen de sentido común. Estas conclusiones son el resultado de modos de pensar muy difundidos, populares, compartidos por la misma parte que resulta golpeada por la censura de dichos modos. Y, sin embargo, esta parte continúa sosteniendo que "tiene razón", que está en lo "justo" y, lo que es más importante, continúa luchando, haciendo sacrificios. Todo lo cual significa que sus convicciones no son superficiales y a flor de labios, no son razones polémicas, para salvar la cara, sino convicciones realmente profundas y activas en las conciencias.

Significará que la cuestión está mal planteada y peor resuelta. Que los conceptos de equidad y de justicia son puramente formales. En efecto, puede ocurrir que de las dos partes en conflicto, ambas tengan razón o una parezca tener más razón que la otra "siendo así las cosas", más no tenga razón "si las cosas tuviesen que cambiar". Ahora bien, en un conflicto es preciso analizar no las cosas tal como están sino el objetivo que las partes en lucha se proponen lograr con el mismo conflicto. ¿Cómo deberá ser juzgado este fin que aún no existe como realidad efectiva y juzgable? ¿Por quién podrá ser juzgado? El juicio mismo ¿no se convertirá en un elemento del conflicto, será otra cosa que una fuerza en juego a favor o en perjuicio de una u otra parte? En todo caso se puede decir 1) que en un conflicto, todo juicio de moralidad es absurdo, porque sólo podría ser fundado sobre los datos de hecho existentes que, precisamente, el conflicto tiende a modificar; 2) que el único juicio posible es el "político", es decir, el de la correspondencia del medio al fin (lo cual implica una identificación del fin o de los fines graduados en una sucesiva escala de aproximación). Un conflicto es "inmoral" en cuanto se aleja de su finalidad o no crea condiciones que aproximen a la misma (es decir, no crea medios eficaces para la obtención de ese fin) pero no es "inmoral" desde otros puntos de vista "moralistas". De tal modo no se puede juzgar al hombre político por el hecho de que sea más o menos honesto, sino por el hecho de que mantenga o no sus compromisos (y en este mantenimiento puede estar comprendido el "ser honesto", es decir, ser honesto puede ser un factor político necesario y en general lo es, pero el juicio es político y no moral). El político es juzgado no por el hecho de que actúa con equidad, sino por el hecho de que obtiene o no los resultados positivos o evita un resultado negativo, un mal y aquí puede ser necesario "actuar con equidad", pero como medio político y no como juicio moral.

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