El Estado.

El profesor Giulio Miskolczy, director de la Academia húngara de Roma, escribe en la "Magyar Szemle" [8] que en Italia el "Parlamento, que al principio estaba, por así decir, fuera del Estado, se transformó en un valioso colaborador, puesto que ha sido insertado en el Estado y ha sufrido un cambio en su composición".

8 Artículo reproducido en la "Rassegna della Stampa Estera", del 3 de enero de 1933.

Que el Parlamento pueda ser "insertado" en el Estado es un descubrimiento de ciencia y de técnica política digno de los Cristóbal Colón del autoritarismo moderno. Sin embargo, la afirmación es interesante para ver de qué manera conciben prácticamente al Estado muchos políticos. Y en realidad hay que plantearse esta pregunta: "Los Parlamentos ¿forman parte de la estructura de los Estados, aún en aquellos países donde parecen tener el máximo de eficiencia?, o bien, ¿qué función real cumplen? y si la respuesta es positiva, ¿de qué manera forman parte del Estado y desarrollan su función particular? Sin embargo, aun cuando desde un punto de vista orgánico no formen parte del Estado, ¿tiene alguna significación estatal su existencia? ¿Y qué fundamento tienen las acusaciones lanzadas al parlamentarismo y al régimen de los partidos, que es inseparable del parlamentarismo? (fundamento objetivo, se entiende, es decir ligado al hecho de que la existencia de los Parlamentos, de por sí, obstaculiza y retarda la acción técnica del gobierno).

Es comprensible, porque el régimen representativo puede políticamente "provocar fastidio" a la burocracia de carrera; pero no es ésta la cuestión. El problema consiste en analizar si el régimen representativo y de partidos, en lugar de ser un mecanismo idóneo para escoger a los funcionarios electos que integren y equilibren a los funcionarios burocráticos designados impidiéndoles petrificarse, se ha convertido en una dificultad, en un mecanismo de contramano y por qué razones. Por otro lado, una respuesta afirmativa a estas preguntas no agota la cuestión, ya que aún admitiendo (lo que es admisible) que el parlamentarismo se ha convertido en algo insuficiente y hasta dañoso, no por ello hay que deducir que el régimen burocrático sea rehabilitado y exaltado. Es preciso analizar si el parlamentarismo y el régimen representativo se identifican y si no es posible una solución diferente, tanto del parlamentarismo como del régimen burocrático, con un nuevo tipo de régimen representativo.

Analizar las discusiones suscitadas en estos años a propósito de los límites de la actividad del Estado: es la discusión más importante de doctrina política y es útil para indicar los límites entre liberales y no-liberales. Puede servir de punto de referencia el librito de Carlo Alberto Biggini, Il fondamento dei limiti all'attività dello Stato [9]. La afirmación de Biggini de que existe tiranía sólo cuando se quiere reinar fuera "de las reglas constitutivas de la estructura social" puede tener implicancias muy diferentes de las que Biggini supone, si por "reglas constitutivas" no se entienden los artículos de la Constitución, como parece no entender el mismo Biggini (tomo los elementos de una recensión de "Italia che scrive" de octubre de 1929, escrita por Alfredo Poggi).

9 Città di Castello, Casa Ed. "Il Solco", p. 150.

El Estado, en cuanto es la misma sociedad ordenada, es soberano. No puede tener límites jurídicos; no puede tener límites en los derechos públicos subjetivos, ni puede decirse que se auto limita. El derecho positivo no puede ser límite del Estado ya que puede ser modificado en cualquier momento por el Estado mismo en nombre de nuevas exigencias sociales. Poggi responde coincidiendo con estas afirmaciones y señalando que están ya implícitas en la doctrina del límite jurídico. Mientras exista un ordenamiento jurídico, el Estado estará constreñido por él; si lo quiere modificar, lo sustituirá por otro ordenamiento, lo cual significa que sólo puede actuar por vía jurídica [pero como todo lo que hace el Estado es por ello mismo jurídico, se puede continuar así hasta el infinito]. Analizar en qué medida las concepciones de Biggini son marxismo camuflado y hecho abstracto.

Para el desarrollo histórico de estas dos concepciones del Estado debe ser interesante el librito de Widar Cesarini-Sforza [10]. Los Romanos crearon la palabra ius para expresar el derecho como poder de la voluntad y concibieron el orden jurídico como un sistema de poderes no contenidos en su esfera recíproca por normas objetivas y racionales; todas las expresiones usadas por ellos como aequitas, iustitia, recta o naturalis ratio, deben entenderse en los límites de este significado fundamental. El cristianismo, más que el concepto de ius ha elaborado el concepto de directum en su tendencia a subordinar la voluntad a la norma, a transformar el poder en deber. El concepto de derecho como potencia está referido sólo a Dios, cuya voluntad deviene norma de conducta inspirada en el principio de la igualdad. La iustitia no se distinguirá en adelante de la aequitas y entre ambas implican la restitudo que es cualidad subjetiva del deseo de conformarse a lo que es recto y justo. Extraigo estos elementos de una recensión (en "Leonardo" de agosto de 1930) de Gioele Solari, que hace algunas ligeras objeciones a Cesarini-Sforza.

10 "Ius" et "directum". Note sul'origine storica dell'idea di diritto, in-8va. Bologna, Stabl. Tipogra. Riuniti, 1930.

En las nuevas tendencias "jurídicas" representadas especialmente por los "Nuovi Studi" de Volpicelli y de Spirito, hay que destacar como elemento crítico inicial, la confusión entre el concepto de Estado-clase y el concepto de sociedad regulada. Esta confusión es notable especialmente en la memoria La libertá economica, desarrollada por Spirito en la XIX reunión de la Sociedad para el progreso de las Ciencias en Bolzano en septiembre de 1930 e impresa en los "Nuovi Studi" de setiembre-octubre del mismo año.

Mientras exista el Estado-clase no puede existir la sociedad regulada sino metafóricamente, es decir, sólo en el sentido de que el Estado-clase es también una sociedad regulada. Los utópicos, en cuanto expresaban una crítica de la sociedad existente en su época comprendían bastante bien que el Estado-clase no podía ser la sociedad regulada; tan es así que en los tipos de sociedades representadas por las diversas utopías, se introducía la igualdad económica como base necesaria de las reformas proyectadas. Ahora bien, en esto los utópicos no eran utópicos, sino científicos concretos de la política y críticos congruentes. El carácter utópico de algunos de ellos estaba dado por el hecho de que consideraban que se podía introducir la igualdad económica mediante leyes arbitrarias, con un acto de voluntad, etc. Sin embargo, conserva su exactitud el concepto, que se encuentra también en otros escritores de política (aunque de derecha, o sea en los críticos de la democracia, en cuanto ella se sirve del modelo suizo o danés para considerar el sistema razonable para todos los países), de que no puede existir igualdad política completa y perfecta sin igualdad económica. En los escritores del 1600 ya se encuentra este concepto, por ejemplo en Ludovico Zuccolo y en su libro Il Belluzzi y creo que también en Maquiavelo. Maurras considera que en Suiza es posible dicha forma de democracia, justamente porque existe una cierta mediocridad del poder económico.

La confusión entre Estado-clase y sociedad regulada es propia de las clases medias y de los pequeños intelectuales, quienes verían con agrado cualquier equilibrio que impidiese las luchas agudas y las catástrofes; es una concepción típicamente reaccionaria y regresiva.

Me parece que lo más concreto y sensato que se puede decir a propósito del Estado ético y de cultura es lo siguiente: cada Estado es ético en cuanto una de sus funciones más importantes es la de elevar a la gran masa de la población a un determinado nivel cultural y moral, nivel (o tipo) que corresponde a las necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas y por consiguiente, a los intereses de las clases dominantes. La escuela como función educativa positiva y los tribunales como función educativa represiva y negativa, son las actividades estatales más importantes en tal sentido. Pero en realidad, hacia el logro de dicho fin tienden una multiplicidad de otras iniciativas y actividades denominadas privadas, que forman el aparato de la hegemonía política y cultural de las clases dominantes. La concepción de Hegel es propia de un período en el cual el desarrollo en extensión de la burguesía podía aparecer como ilimitado, de allí que pudiese ser afirmada la ética o universalidad de la misma: todo el género humano será burgués. Sin embargo, en la realidad sólo el grupo social que se plantea el fin del Estado y el suyo propio como una meta a alcanzar, puede crear un Estado ético, tendiente a poner fin a las divisiones internas de dominados, etc., y a crear un organismo social unitario técnico-moral.

La doctrina de Hegel sobre los partidos y las asociaciones como trama "privada" del Estado, derivó históricamente de las experiencias políticas de la Revolución francesa y debía servir para dar una mayor concreción al constitucionalismo. Gobierno con el consenso de los gobernados, pero con un consenso organizado, no genérico y vago como se afirma en el instante de las elecciones. El Estado tiene y pide el consenso, pero también lo "educa" por medio de las asociaciones políticas y sindicales, que son, sin embargo, organismos privados, dejados a la iniciativa privada de la clase dirigente. Hegel en cierto sentido supera ya, así, el puro constitucionalismo y teoriza el Estado parlamentario con su régimen de los partidos. Su concepción de la asociación no puede menos que ser todavía vaga y primitiva, oscilante entre lo político y lo económico, según la experiencia histórica de la época, que era muy restringida y daba un único ejemplo completo de organización, el "corporativo" (política injertada en la economía).

La Revolución francesa ofrece dos tipos prevalecientes: los clubes, que son organizaciones no rígidas, tipo "asamblea popular", centralizadas por ciertas individualidades políticas, cada una con un periódico que mantiene despierta la atención y el interés de una determinada clientela marginal, que luego sostiene las tesis del periódico en las reuniones del club. Cierto es que entre los concurrentes asiduos de los clubes debían existir grupos restringidos y selectos de personas que se conocían recíprocamente, se encontraban afuera y preparaban la atmósfera de las reuniones para sostener una u otra corriente según los momentos y también según los intereses concretos en juego.

Las conspiraciones secretas, que tuvieron tanta difusión en Italia antes de 1848, habrían de desarrollarse en Francia después del Termidor, entre los partidarios de segunda línea del jacobinismo; con muchas dificultades en el período napoleónico, por el celoso control de la policía, con más facilidad de 1815 a 1830 bajo la Restauración, que fue bastante liberal en la base y no tenía ciertas preocupaciones. En el último período mencionado surgió la diferenciación del campo político popular, que es ya notable en las "jornadas gloriosas" de 1830, año en el cual afloran las agrupaciones que se venían constituyendo desde quince años antes. Después de 1830 y hasta 1848, este proceso de diferenciación se perfecciona y produce tipos bastante completos como Blanqui y Filippo Buonarroti.

Es difícil que Hegel pudiese conocer profundamente estas experiencias históricas, que eran en cambio más nítidas en Marx [11].

11 Sobre esta serie de hechos analizar como primer materia, las publicaciones de Paul Louis y el Dictionnaire politique do MAURICE BLOCK: para la Revolución francesa, especialmente Aulard. Ver también las notas de Andler al Manifiesto. Para Italia, el libro de LUZIO sobre La massoneria e il Risorgimento, muy tendencioso.

La revolución producida por la clase burguesa en la concepción del derecho y por ende, en la función del Estado, consiste especialmente en la voluntad de conformismo (y, por consiguiente, ética del derecho y del Estado). Las clases dominantes precedentes eran en esencia conservadoras en el sentido de que no tendían a elaborar un acceso orgánico de las otras clases a la suya, vale decir no tendían, "técnica" e ideológicamente, a ampliar su esfera de clase: concepción de casta cerrada. La clase burguesa se considera a sí misma como un organismo en continuo movimiento, capaz de absorber toda la sociedad, asimilándola a su nivel cultural y económico: toda la función del Estado es transformada; el Estado se convierte en "educador", etc.

¿Cómo se produce una detención y se retorna al concepto del Estado como fuerza pura? La clase burguesa está "saturada"; no sólo no se expande, sino que se disgrega; no sólo no asimila nuevos elementos, sino que se desprende una parte de ella misma (o al menos los desprendimientos son enormemente más numerosos que las asimilaciones). Una clase que se considere a sí misma como pasible de asimilar toda la sociedad y que al mismo tiempo sea capaz de expresar este proceso, llevará a la perfección tal concepto, hasta el punto de concebir el fin del Estado y del derecho, devenidos inútiles por haber agotado su razón de ser y haber sido absorbidos por la Sociedad civil.

Se puede demostrar que el concepto común de Estado es unilateral y conduce a errores mayúsculos, partiendo del reciente libro de Daniele Halévy, Décadence de la liberté, de la cual he leído una reseña en las "Nouvelles Litteraires". Para Halévy, "Estado" es el aparato representativo; y él descubre que los hechos más importantes de la historia francesa desde 1870 hasta hoy no son debidos a iniciativas de organismos políticos derivados del sufragio universal, sino a organismos privados (sociedades capitalistas, Estados Mayores, etc.) o a grandes funcionarios desconocidos por el país. Pero esto sólo significa que además del aparato gubernativo, debe también entenderse por "Estado" el aparato "privado" de "hegemonía" o sociedad civil. Hay que mostrar cómo de esta crítica del "Estado" que no interviene, que está a la cola de los acontecimientos, nace la corriente ideológica dictatorial de derecha, con su reforzamiento del ejecutivo, etc. Sin embargo, sería preciso leer el libro de Halévy para ver si él también ha entrado por esta vía, lo cual en principio no es difícil dado sus antecedentes (simpatías por Sorel, Maurras, etc.).

Curzio Malaparte, en la introducción a su libro sobre la Técnica del golpe de Estado, parece afirmar la equivalencia de la fórmula "Todo en el Estado nada fuera del Estado, nada contra el Estado" con la proposición "donde existe la libertad no existe el Estado". En esta proposición, el término "libertad" no es entendido en el significado común de "libertad política, vale decir de prensa, etc.", sino como contrapropuesto a "necesidad" y en relación a la proposición de Engels sobre el paso del reino de la necesidad al reino de la libertad. Malaparte ni siquiera ha sospechado el significado de la proposición.

En la polémica (por lo demás superficial) sobre las funciones del Estado (y entiéndase, del Estado como organización político-jurídica en el sentido estricto) la expresión de "Estado-veilleur de nuit" [sereno] corresponde a la italiana de "Stato-carabiniere" y quiere significar un Estado cuyas funciones están limitadas a la tutela del orden público y del respeto de las leyes. No se insiste en el hecho de que en esta forma de régimen (que por otro lado no existió jamás sino corno hipótesis-límite, en el papel) la dirección del desarrollo histórico pertenece a las fuerzas privadas, a la sociedad civil, que es también Estado o mejor, que es el Estado mismo.

Parece que la expresión veilleur de nuit que debía tener un sentido más mordaz que la de "Stato-carabiniere" o de "Estado gendarme", es de Lasalle. Su opuesto sería "Estado-ético" o "Estado intervencionista" en general, aunque existen diferencias entre una y otra expresión. El concepto de Estado ético es de origen filosófico e intelectual (propio de los intelectuales: Hegel) y en verdad, podría ser unido al de Estado-veilleur de nuit, ya que se refiere por sobre todo a la actividad autónoma, educativa y moral del Estado laico, contrapuesto al cosmopolitismo y a la ingerencia de la organización religioso-eclesiástica, como residuo medieval. El concepto de Estado intervencionista es de origen económico y está vinculado por un lado a las corrientes proteccionistas o del nacionalismo económico y, por el otro, a la tentativa de hacer asumir a un determinado personal estatal, de origen terrateniente y feudal, la "protección" de las clases trabajadoras contra los excesos del capitalismo (política de Bismarck y Disraeli).

Estas diversas tendencias pueden combinarse de diferente maneras y de hecho se han combinado. Naturalmente, los liberales ("economistas") están por el "Estado-veilleur de nuit" y desearían que la iniciativa histórica fuese dejada a la sociedad civil y a las diferentes fuerzas que allí pululan siendo el "Estado" el guardián de la "lealtad del juego" y de sus leyes. Los intelectuales hacen distinciones muy importantes cuando son liberales y también cuando son intervencionistas (pueden ser liberales en el campo económico e intervencionistas en el cultural). Los católicos desearían un Estado intervencionista totalmente a su favor, a falta de esto, o allí donde son minoría, exigen el Estado "indiferente", para que no sostenga a sus adversarios.

Es preciso meditar sobre este argumento: la concepción del Estado gendarme-guardián nocturno (apartando la especificación de carácter polémico: gendarme-guardián nocturno...) ¿no es, por otro lado, la única concepción del Estado que supera las fases extremas "corporativo-económicas"?

Estamos siempre en el terreno de la identificación de Estado y gobierno, identificación que precisamente representa la forma corporativo-económica, o sea, la confusión entre sociedad civil y sociedad política, ya que es preciso hacer constar que en la noción general de Estado entran elementos que deben ser referidos a la sociedad civil (se podría señalar al respecto que Estado - sociedad política + sociedad civil, vale decir, hegemonía revestida de coerción). En una doctrina del Estado que conciba esto como pasible de agotamiento parcial y de resolución en la sociedad regulada *, el argumento es fundamental. El elemento Estado-coerción se puede considerar agotado a medida que se afirman elementos cada vez más conspicuos de sociedad regulada (o Estado ético o sociedad civil).

* Como es evidente, con la expresión "sociedad regulada", Gramsci quiere hacer referencia a la sociedad sin clase, donde la anarquía de la producción ha desaparecido y una serie de funciones cumplidas antes por el Estado pasan a ser desempeñadas por diversas organizaciones del pueblo, preparando así la extinción del Estado (sociedad política). (N. del T.).

Las expresiones "Estado ético" o "sociedad civil" quieren significar que esta "imagen" del Estado sin Estado estaba presente en los más grandes científicos de la política y del derecho en cuanto se colocaban en el terreno de la ciencia pura (utopía pura, por estar basada en el presupuesto de que todos los hombres son realmente iguales y, por consiguiente, igualmente razonables y morales, es decir, pasibles de aceptar la ley espontáneamente, libremente y no por coerción, como impuesta por otra clase, como algo externo a la conciencia) .

Es preciso recordar que la expresión de "guardián nocturno" para el Estado liberal es de Lasalle, vale decir, de un estatista dogmático y no dialéctico (examinar bien la doctrina de Lassalle sobre este punto y sobre el Estado en general, en contraste con el marxismo). En la doctrina del Estado-sociedad regulada, de una fase en la que "Estado" será igual a "gobierno" y se identificará con "sociedad civil", deberá pasarse a una fase de Estado-guardián nocturno, fase de una organización coercitiva que tutelará el desarrollo de les elementos de sociedad regulada cuyo continuo incremento reducirá progresivamente las intervenciones autoritarias y coactivas del Estado. Pero esta perspectiva no puede hacernos pensar en un "nuevo" liberalismo, puesto que ella conduce al comienzo de una era de libertad orgánica.

Si es verdad que ningún tipo de Estado puede dejar de atravesar una fase de primitivismo económico-corporativo, de esto se deduce que el contenido de la hegemonía política del nuevo grupo social que ha fundado el nuevo tipo de Estado debe ser fundamentalmente de orden económico. Se trata de reorganizar la estructura y las reales relaciones entre los hombres y el mundo económico o de la producción. Los elementos de superestructura no pueden menos que ser escasos y su carácter será de previsión y de lucha, pero con elementos "de plan" aún escasos. El plan cultural será sobre todo negativo, de crítica del pasado, tenderá a hacer olvidar y a destruir. Las líneas de la construcción serán todavía "grandes líneas", esbozos, que podrán (y deberán ser cambiadas a cada momento para que coincidan con la nueva estructura en formación. Esto justamente es lo que no se verifica en el período de las Comunas; o mejor, la cultura, que permanece como función de la Iglesia, es de carácter antieconómico (con respecto a la economía capitalista naciente), no está dirigida a dar la hegemonía a la nueva clase, por el contrario tiende a impedir que ésta la adquiera. El Humanismo y el Renacimiento son por ello reaccionarios ya que indican la derrota de la nueva clase, la negación del mundo económico que le es propio.

Otro elemento que hay que examinar es el de las relaciones orgánicas entre la política interior y exterior de un Estado. ¿ Es la política interior determinante de la exterior o viceversa? También en este caso es preciso distinguir entre las grandes potencias, con relativa autonomía internacional, y las otras potencias; y también entre las diversas formas de gobierno (un gobierno como el de Napoleón III tenía, aparentemente, dos políticas, reaccionaria en lo interior y liberal en lo exterior).

Condiciones de un Estado antes y después de una guerra. Es evidente que en una alianza cuentan las condiciones en que se encuentra un Estado en el momento de la paz. Puede ocurrir por ello que quien ha tenido la hegemonía durante la guerra, concluye por perderla a causa del debilitamiento sufrido en la lucha y debe resignarse a ver cómo un "subalterno", que fue más hábil o más "afortunado", se convierte en hegemónico. Esto se verifica en las "guerras mundiales" cuando la situación geográfica constriñe a un Estado a lanzar todas sus reservas al combate; vence debido a las alianzas, pero la victoria lo encuentra postrado. He aquí porqué en el concepto de "gran potencia" es preciso tener en cuenta muchos elementos y, especialmente, aquellos "permanentes", es decir, la "potencialidad económica y financiera", y la población.

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